…y siga el Jazz! Vuelve Chicago a Buenos Aires

Después de casi 10 años, y así como hizo su regreso triunfal La Bella y la Bestia, vuelve a Buenos Aires uno de los musicales más aclamados: Chicago.

Como ya les dije incontables veces, me encantan los musicales, y este en particular es uno de mis favoritos. Tuve la gran suerte de poder ir a verlo cuando se presentaron en 2001 casi de casualidad (el papá de mi primer novio trabajaba en la Rock and Pop y tenía entradas), y desde entonces su música, su trama crítica y sus grandes escenas de baile me acompañan e inspiran (de hecho, amaría hacer una coreografía de All That Jazz en mi clase de jazz).

Pero bueno, volviendo al tema, ¡vuelve!

¿Cómo, cuándo, dónde, cuánto?

Casi todos los días del 3 de noviembre al 14 de noviembre, en el Teatro Lola Membrives. Las entradas cuestan entre $65 y $175 (según la ubicación), y las boleterías están abiertas de Lunes a Sábados de 10 a 20 hs y los Domingos de 13 a 20 hs.

Chicago se estrenó por primera vez en 1975 y desde ese momento revoluciona todo teatro en donde desembarca la obra. Su historia mezcla el suspenso con la música, junto a una serie de coreografías de nivel mundial. Además, la obra viene girando desde 1996 y está por cumplir los 14 años ininterrumpidos de funciones, y fue por todo el mundo ganando, entre otros galardones, 6 Premios Tony y 1 Grammy.

El Elenco

  • Roxie Hart: Natalia Cociuffo (Ella, Mueva la patria, Piaf).
  • Velma Kelly: Melania Lenoir (Rent, Avenida Q).
  • Billy Flynn: Martín Ruiz (La Bella y la Bestia).
  • Mamá Morton: Alejandra Perlusky (Aladín, Canciones degeneradas).
  • Amos: Horacio Vay (Drácula, Lisandro).
  • Mary Sunshine: M. Rivero.

Ensamble: Mariana Jacazzio, Angel Hernández, Florencia Viterbo, Carlos Pérez Banega, Florencia Bordolini, Pablo Juin, Mara Moyano, Alejandro Ibarra, Milagros Michael, Esteban Provenzano, Julia Montiliengo, Augusto Fraga, Nicolás Villalba, Romina Fecchettini y Oscar Lajad.

I’m a big girl now

Y entonces un día desperté a mi mamá solo para decirle:

«Ma, te voy a hacer una cuenta de usuario en mi computadora, porque es la más rápida de la casa y ahí vas a poder trabajar mejor».

Probablemente la más fuerte demostración de amor que le haya hecho.

Nivea te invita a renovarte

Interrumpimos nuestra programación habitual para comentarles sobre una promo que me acercó Nivea Argentina de la cual no debería contarles nada así participo yo sola y gano, porque me vendría re bien ahora que laburo fuera de casa y el piyama ya no es una opción válida para tener puesta mientras trabajo. Pero hoy estoy buena y lo voy a compartir con mis lectoras mujeres.

La cosa es así: Nivea está lanzando una línea nueva de desodorantes que cuida la piel de las axilas, especialmente cuando están sensibles después de la cera o la maquinita. Y para promocionarlo, lanzaron una promo con dos premios para renovarse:

  • Un asesoramiento de imagen personalizado con dos modelos top: Andrea Burstein y Dolores Trull
  • Y una orden de compras por $1500 pesos para renovar tu guardarropas.

Participar es tan fácil como comprar el desodorante Calm & Care, entrar en el sitio web de Nivea, e ingresar el número de lote del producto junto con tus datos personales.

Eso sí, si se enteraron por acá y ganan, mínimo me invitan a ir de compras con ustedes o me comparten los tips del asesoramiento de imagen, que me viene haciendo falta.

La belleza irreal

El tema de los estándares de belleza es tan amplio que me sería imposible abordarlo en un solo post. Pero voy a hacer el intento de contarles algo que vengo pensando hace mucho tiempo, y ser concisa, para que me puedan leer hasta el final.

Y lo que venía pensando es cómo nos enferman los «modelos» de belleza actuales. Nos enferman mucho, por muchos motivos, pero sobre todo por uno: no son reales. Y no me refiero a que «no son posibles para el 90% de las chicas». Me refiero a que no existen en la vida real.

Cuando vemos a una hermosa modelo en una revista, o en la tele, o en los afiches de la calle, a la mayoría de nosotras (y supongo que a los hombres le debe pasar similar con sus contrapartes masculinas) se nos hace un pequeño vacío en el estómago, sabiendo que nunca seremos como ellas. Nuestros dientes no están tan derechos, ni nuestra piel tan lisa, nuestras lolas no tienen el tamaño adecuado, no somos ni tan flacas, ni tan altas, y la piel firma no la vemos así en el espejo desde los 11 años. Todos conocemos la sensación.

Pero lo que nos solemos olvidar es que esas modelos tampoco van a llegar a ser así, nunca. No son una imagen real. Detrás de esas mujeres, hermosas como son, hay luz, maquillaje, producción, Photoshop y un sinfín de retoques que dejan un resultado final a veces muy diferente de lo inicial. No me refiero a la inocente coquetería de borrar una arruga o disimular un rollito. Me refiero a un cambio fuerte:

Lo terrible del caso es que esas mujeres son hermosas de por sí, como lo somos casi todas de algún modo. Pero la maquinaria ¿publicitaria? ¿capitalista? hace que terminemos adorando figuras artificiales que jamás llegaremos a ser porque, simplemente, no existen. Creo que un buen ejemplo es lo que pasó con Katy Perry:



Katy Perry
es una chica increíblemente linda, con una cara angelical y un cuerpazo envidiable. Y aún así, para salir en la tapa de Rolling Stone la tuvieron que «refinar» aún más. El resultado final es bonito, claro, pero es absolutamente ficticio. Ni siquiera la misma Katy Perry luce como su alter-ego en la revista. Algo muy parecido vi hace poco con Jessica Alba, otra diosa, y con otra actriz cuyo nombre no recuerdo, pero que también es muy bonita. Y si eso le pasa a ellas, ¿qué nos queda al resto de las «mortales»?

Y a esto se le suma una postura muy hipócrita por parte de muchos, que quizás estén de acuerdo con lo que digo ahí arriba, pero cuando una chica «normal» se anima a sacarse fotos o vestirse de alguna manera sin ser «perfecta», la critiquen por gorda, fea, etc.

Construir una imagen más real de la belleza es tarea de todos. Empezar a amar nuestra panza no tan firme, los pocitos en las piernas, los pectorales que no se marcan como quisieran. No dejarnos estar, mimarnos, cuidarnos, estar sanos, es todo parte de amarnos como somos. Aunque para mí la verdadera belleza es interior, es cierto que el cuerpo es nuestro vehículo y hay que cuidarlo mucho. Pero parte de cuidarlo, es no angustiarlo pidiéndole que sea algo que no existe en esta vida.

Mi apreciación sobre el pueblo chileno

Hay una cierta rivalidad entre el pueblo argentino y chileno que, aunque más débil con cada generación, es fácil de notar en comentarios tanto de un lado como del otro de la Cordillera. Yo nunca fui de sumarme a esa rivalidad, pero sí tengo que admitir que los acontecimientos de este año me han hecho apreciar al país vecino de una forma que nunca hubiese imaginado.

Este año, como todo el mundo sabe, Chile tuvo que pasar por algunas situaciones muy duras, no solo el reciente derrumbe y rescate en las minas de Copiapó, que mantuvieron a todos prendidos a la TV, sino también terremotos y tsunamis que destrozaron, literalmente, todo lo que encontraron a su paso.

Y en medio de todas estas adversidades descubrí en los hermanos de Chile una fuerza que me encantaría ver en mi propio país. Una unidad, una paz, una voluntad de seguir adelante que me dejaron conmovida y que creo que es su mayor tesoro.

La predisposición de sus ciudadanos, y de sus gobernantes. He mirado con profunda admiración la calma y los sentimientos que transmitían Bachelet en su momento y ahora Piñera en momentos críticos. Trataba de recordar algún presidente argentino que se haya comportado de esa forma y no podía.

Estas cosas suelen salir a la luz en los momentos de mayor adversidad, pero cuando lo hacen, es necesario reconocerlas y felicitarlas.

¡Viva Chile, mierda! :)

Necesito

En 10 segundos, sin soplar y sin repetir, las cosas que quiero hacer en este momento. Comenzando, ya:

Que sea viernes de nuevo. Salir, tomar, bailar. Dormir hasta tarde (preferentemente cuchareando). Tomar sol, mucho sol. Ver la segunda temporada de Dexter. Que lleguen ya las vacaciones. Tener mi tesina mágicamente terminada. Sentir arena bajo mis pies descalzos. Tener mi iPad. ¿Ya dije salir? Subirme a un avión y escaparme a París.

Ahora ustedes.

Asuntos pendientes

En otra edición de conociendo a Ceci y dándonos cuenta que es «especial»: Si hay algo que me perturba en esta vida, son los asuntos pendientes. Las cosas por hacer, por decir, por resolver.

Para mí, los asuntos pendientes son como pesas de muchos kilos, toneladas a veces, que se alojan en mi mente y no me dejan en paz. Algunas más grandes, otras más chicas, pero siempre ahí, recordándome que hay algo sin resolver.

Los asuntos pendientes en mi vida vienen de todas las formas y colores, y es mucho más el peso que tienen en mi mente, que en la vida real. Pueden ser llamadas que no hice, una tesina, una charla, comer más sano o ir a ver el reestreno de una película que me perdí la primera vez. No todas son cosas malas, de hecho la mayoría son completamente inocuas, pero el hecho de que estén pendientes por hacer me vuelve loca.

De la misma forma, una de las cosas que más placer me produce es tachar ítems de mi lista de pendientes. Un trabajo entregado, un pago cobrado, una llamada hecha, un libro leído. Cada pendiente completado es un peso menos, me hace sentir físicamente más liviana, y la sensación puede durarme por días.

En estos días me saqué de encima un par de pendientes de los pesados, aunque me quedan unos cuantos más en la lista. Lista que nunca está vacía, por cierto, porque sale uno, y entra otro.

De todas formas, la perturbación que me cusan los pendientes en mi mente tienen su contraparte gataflorezca: cuando pienso en no tener absolutamente nada más que hacer, no es felicidad lo que me imagino, sino alivio pero algo de ansiedad también.

Al fin y al cabo, no comparto eso de que la mente busca la homeostasis, sino que todos necesitamos el grado justo de excitación y estimulación.

PD: Cada vez que pienso en la frase «asuntos pendientes» me acuerdo de la película de Casper.