Eventualmente, lo olvidas

Eventualmente, lo olvidas todo. Primero olvidas todo lo que aprendiste –las fechas de las guerras y el Teorema de Pitágoras. Especialmente te olvidas todo lo que realmente no aprendiste, sino que memorizaste la noche anterior. Te olvidas de los nombres de todos menos uno o dos de tus profesores favoritos, y eventualmente te olvidas de esos, también.

Te olvidas los horarios de tus primeras clases y dónde te sentabas y el número de teléfono de la casa de tu mejor amigo y la letra de esa canción que habrás escuchado un millón de veces.

Y eventualmente, pero despacio, te olvidas de tus humillaciones –incluso aquellas que te parecían imborrables, se desvanecen. Te olvidas quiénes eran cool y quiénes no, quién era lindo, inteligente, atlético, y quién no. Quién fue a la Universidad. Quién hacía las mejores fiestas. Quién tenía más amigos. Te olvidas de todos ellos.

Incluso de quienes decías que amabas, y aquellos a quienes amaste de verdad. Ellos son los últimos en irse.

Y ahí, una vez que olvidaste lo suficiente, amas a alguien más.

Domingo por la mañana

Es domingo a la mañana. Afuera está nublado y seguramente se largue a llover pronto. Dormí más de 10 horas de corrido. No me extraña, ayer pasé un hermoso día fuera de casa y había vuelvo agotada.

Con el cuerpo descansado abro los ojos y no me quiero mover de entre las sábanas, quiero seguir así todo el día. Me levanto un minuto para saludar, agarrar la netbook y volver a la cama. De fondo suena el OST de Caprica y el clima es perfecto. Digo en voz alta que no me quiero levantar y me avisan que ya está el desayuno. «Siempre sobornándome con comida» les digo en broma. Y, en el mismo tono, agrego que sería genial desayunar en la cama.

Al rato se aparece mi papá con una bandeja con té con leche, tostadas y Mendicrim (del común, no del light, obvio). Yo rebalso de alegría. Porque me encanta que me mimen.

Mientras termino de escribir esto, ya se largó a llover. El cielo está muy oscuro, me encanta cuando está así. Ya filmé la vista de mi habitación cuando llueve para llevarme a la casa nueva.

Momentos como este me hacen sentir en paz absoluta. No abundan en mi vida, pero existen, están, y esos poquitos, cuando aparecen, quiero recordarlos, que sean mi ancla cuando el mar está en plena tormenta.

Y hoy es uno de esos. La vida puede cambiar de un minuto a otro, pero ahora, estoy desayunando en la cama, con linda música de fondo, una tormenta afuera y todo un día por delante. Y soy bastante feliz.

Y me pareció lindo que este, así, sea mi post número 100.

(Foto)

El problema de fondo

Problema de fondo

Tener un problema de vez en cuando no está tan mal. Son desafíos grandes o pequeños que nos ponen ante situaciones en las que podemos sacar lo mejor de nosotros mismos y crecer como personas.

Pero lo que no me gustan, me tienen cansada y me drenan la energía de a poco, son los problemas de fondo.

Se me dio por llamar de esta forma a esos problemas que no podemos resolver (ya sea porque no nos animamos, o porque simplemente exceden nuestro dominio y no hay nada que podamos hacer), y que están ahí, en el fondo de nuestra mente, recordándonos que por mejor que estés en cualquier área de tu vida, hay algo que aún no está resuelto.

Tengo un par de problemas de fondo con años de antigüedad que escapan por completo a mi accionar, y para los cuales no puedo hacer más que aceptarlos y tener esperanza en que eventualmente se resolverán. A veces me cuesta mucho.

Mientras tanto, fantaseo con cómo será ese día. Me acostumbré a vivir con estos problemas, y me imagino cómo será cuando ya no estén (porque quiero creer que algún día no estarán más). El alivio gigante que debe ser que finalmente esa piedra que llevabas en la espalda ya no sea tuya para cargar. ¿Cómo será? ¿Cómo se sentirá?

De momento, hay algo que sí puedo hacer. Aunque no puedo controlar las circunstancias externas, sí puedo proponerme a estar bien yo mientras tanto. A veces es más fácil, otras veces no tanto, pero está en uno el tener la fuerza para estar bien en su propio mundo interior, aunque el exterior esté en plena tormenta.

La Bella y la Bestia en Buenos Aires

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El musical de Broadway de La Bella y la Bestia vuelve a Buenos Aires, y se estrena el 26 de marzo de 2010.

Con un elenco diferente a aquel de 1999 (no puedo creer que ya pasaron 11 años), pero igual de prometedor, esta obra de arte en el escenario es algo que no se tienen que perder si les gusta el género.

Quizás les resulte raro leerme a mí hablando de estas cosas. Esta obra tiene muchísima significación en mi vida, pero eso es algo de lo que quizás les cuente en otro momento. Ahora, solo quiero compartir mi entusiasmo y contarles un poco sobre la obra (así como lo hice entonces en una página perdida de Geocities allá por el siglo XX).

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