Un gran momento

Gratitud

La semana pasada hice un viaje express a São Paulo, dos días, una sola noche. Cuando volví a casa, el miércoles bien tarde, estaba totalmente desorientada con respecto a qué día y hora era. Mi angina furiosa pero viral no ayudaba con la situación.

Me pasé el jueves convencida de que era lunes, y atendiendo compromisos y reuniones, repitiendo a quienes tenían que lidiar conmigo que disculpen mi desorientación. Nada fuera de lo común.

Lo fuera de lo común, lo extraordinario para mí, fue lo siguiente.

Más de una persona me dijo «si creés que hoy es lunes, cuando mañana sea viernes vas a estar feliz». Y me di cuenta que eso ya no significa nada para mí.

El viernes ya no significa más el día de la libertad, de empezar a vivir en serio durante el fin de semana.

El lunes ya no significa una tortura, el momento de tener que retomar esa actividad que no me hace feliz pero que es un mal totalmente necesario.

Ahora que me dedico 100% a mis proyectos trabajo más que antes, pero lo disfruto tanto que el hecho de que sea viernes, lunes, jueves o domingo me es totalmente indistinto.

Soy plenamente consciente de lo afortunada que soy de poder sentirme así. No es algo que haya venido gratis, por supuesto. Es el fruto de muchos años de trabajo, de decisiones difíciles, y de tener que bancarme la incomodidad e incertidumbre en ciertos aspectos de mi vida en pos de hacer crecer algo en lo que creo completamente.

Pero es un gran momento, y no quiero que mi ansiedad me lo opaque.

Volví al trabajo independiente :)

Libertad

Escribí no menos de 5 párrafos diferentes para empezar este post, todos los cuales, excepto el que están leyendo ahora, fueron borrados. No es para menos: la escritura creativa (y no tengo demasiadas pretenciones con ese término; me refiero a cualquier tipo de escritura que no sea un email laboral) es algo que había dejado bastante abandonado durante los últimos dos, casi tres años.

En enero de 2015 terminó mi paso por el mundo corporativo. Un camino que empezó sin que lo busque y que me trajo tantas satisfacciones como frustraciones (¿acaso no es así la vida?). Tuve la enorme bendición de poder explorar diferentes aspectos míos como profesional, conocer gente maravillosa, y viajar a lugares que no creí que iba a conocer siendo tan joven.

Pero ese paso también implicó alejarme mucho de lo que, de una forma u otra, era mi veta creativa: mis blogs y todos los proyectos web que alguna vez había tenido.

Hoy, después de tres años, un poco empujada por situaciones externas y muy empujada por mis voces internas, me encuentro nuevamente decidiendo mi propio destino. No sé si uno en algún momento deja de decidirlo realmente, pero sí creo que por momentos nos dejamos llevar por la comodidad de la inercia.

Demasiada introducción para contarles esto: una vez más di el gran salto y estoy trabajando por mi cuenta. Y esta vez trabajar significa brindar mis servicios de asesoría en redes sociales en forma independiente, pero también trabajar duro en mis propios proyectos. En mis blogs, en el canal de Youtube, y en lo que vaya surgiendo.

Porque quiero diseñar mi propia vida. Porque quiero despertarme con energía, e irme a dormir con ganas de que llegue el día siguiente para seguir haciendo mi trabajo, porque lo amo.

Así que aquí vamos. De vuelta al ruedo. Y algo me dice que la tercera es la vencida.

Percepciones diferentes: hombres y mujeres en el trabajo

Como sociedad hemos avanzado tanto en la igualdad entre géneros (piensen cómo eran las cosas hace sólo 100 años!) que a veces nos olvidamos que todavía quedan prejuicios y miradas diferentes para cuando hombres y mujeres hacemos las mismas cosas.

El trabajo en corporaciones es uno de los ambientes más notorios (el otro, me parece, es la vida amorosa). A medida que se sube en la escalera corporativa, el «techo de vidrio» se hace más evidente. Todos –hombres y mujeres– estamos haciendo cosas para eliminar ese fenómeno, pero no podemos negar que aún existe.

En mi Facebook estuve viendo amigas compartiendo esta publicidad de Pantene que me parece maravillosa, con una lectura muy simple de cómo, ante la misma actitud en el trabajo, el hombre se lleva una connotación positiva, mientras las mujeres, son vistas bajo una luz negativa:

A mí nunca me pasó, pero he visto cómo le pasa a colegas sumamente talentosas, y es una experiencia más que frustrante. Pero soy súper optimista de que, a medida que todos evolucionamos como sociedad, esto va a dejar de pasar.

El anuncio toca algunos de los temas que Sheryl Sandberg analiza en su libro Lean In, que recomiendo MUCHÍSIMO. Y a ella le gustó el anuncio ;)

PD: «Sé fuerte y brilla», me encantó.

Desaparecida en acción, parte 2

Triste

Siempre me prometí a mí misma que no iba a ser nunca uno de esos bloggers que empieza un post diciendo «perdón, hace mucho que no escribo», así que no lo voy a hacer. Pero ustedes me entienden.

El último mes y medio, o dos, viene siendo bastante duro, y me drenó de toda voluntad incluso para hacer las cosas que me gustan. Con la hermosa excepción de la semana en San Francisco, que ahora parece haber sucedido hace 10 años, estoy pasando por un momento bastante complicado. Jodido.

Siempre me referí a estos temas con bastante vueltas en el blog, pero hoy voy a tratar de ser lo más sincera posible, porque si no, ¿para qué sigo haciendo esto?

Mis viejos están en problemas financieros. Feos. De esos que no sabés cómo van a hacer para salir. Eso significa que yo, que todavía no cumplí ni los 29, estoy teniendo que mantenerlos junto a mi hermana, que recién cumplió 25 la semana pasada.

Esto es no solo estresante a nivel económico para mí, que me deja sin capacidad de ahorrar o de gastar mi merecida plata en lo que quiera, sino que es una preocupación terrible de fondo.

Todo el tiempo pienso cómo van a salir de ésta, si algún día van a poder volver a ser autosuficientes, o si el «hacerse cargo de sus padres» que a muchos les llega a los 50, 60, a mí me habrá tocado antes de los 30.

Mi papá es discapacitado visual, creo que eso lo saben, y encontrar trabajo es sumamente difícil para él, aunque haya sido un laburante toda su vida.

Mi mamá se dedicó a ser ama de casa desde que me tuvo a mí, y salir a un trabajo formal por primera vez a los 51 (sí, es así de joven) es aterrador. Pero hey, si se enteran de alguien que pueda necesitar a una mujer con mucha garra y ganas de trabajar, no dejen de avisarme.

Detrás de todo esto hay un contexto familiar más amplio sumamente turbio, pero bueno, de eso sí que no les puedo hablar en este momento.

Me siento angustiada y preocupada. Cuando llego a casa a la noche ya no me queda voluntad para escribir, ni siquiera para jugar a algo. Solamente me quedo pasiva, en el sillón, mirando algún capítulo repetidísimo de alguna serie vieja, o yéndome a dormir temprano, para cerrar de una buena vez otro día lleno de preocupaciones.

Desde que empecé a escribir online, hace más de 5 años, siempre traté de mantenerme positiva (para afuera y para adentro), incluso en los momentos más duros. Y definitivamente éste no es el primero, ni el último, ni probablemente el peor de todos.

Pero ya no puedo poner buena cara al mal tiempo. Ya me quedé sin fuerza, sin ganas.

Hoy sólo quiero que sepan que estoy así, triste, preocupada, vulnerable, frustrada.

Así, nada más.

El cambio da miedo

Justo hace unos días publicaba esta imagen, medio en serio medio en chiste, sobre permitir el cambio, hacerle lugar.

En mi trabajo hace bastante que estábamos buscando eso, darle lugar al cambio, con las resistencias propias y ajenas que eso implica. Todos queremos estar mejor, pero es ridícula la cantidad de veces en las que pretendemos que eso pase mágicamente, sin cambiar nada.

Cambio

Y medio de esta lucha por hacerle lugar al cambio, convencidas de que cosas geniales vendrán de él, nos cayó una noticia inesperada que cambia todo. TODO.

Si bien no tengo miedo, la incertidumbre me pone ansiosa. ¿Qué vendrá? ¿Cómo será? ¿Será mejor y emocionante? En este momento no tengo forma de saberlo y mi cabeza no puede pensar en otra cosa.

Entonces me parece un momento perfecto para recordar algo en lo que creo firmemente: nada es permanente, solo el cambio. Y aunque no puedo controlar qué va a pasar, sí puedo comprometerme a afrontarlo con lo mejor que tengo para dar.

Al fin y al cabo, muchas de las mejores cosas de mi vida fueron consecuencias de cambios inesperados. Ser flexible es la mejor forma de atravesarlo.

Next stop: New York

Nada como empezar un año viajando, y aunque mis añoradas vacaciones recién serán a finales de febrero, tengo la bendición de estar yéndome este viernes a New York para una semana de trabajo que promete ser intensa y emocionante.

Reuniones, trabajo, eventos, luces, rascacielos, y frío. Mucho. Frío.

new york

Todavía no preparé la valija, y para alguien que empieza a guardar cosas 10 días antes, eso es un factor de estrés importante. No sé bien cómo combinar la ropa abrigada y el look profesional. Mi estilo varía entre vestidito de oficina para lo formal, y quince capas de ropa para el frío.

¡Recurro a la sabiduría de mis lectoras mujeres para que me aconsejen!

El tema de conocer la ciudad en los momentos en los que no esté trabajando lo tengo bastante organizado: Tripadvisor y Foursquare son mis mejores aliados. La verdad es que estoy viajando mucho sola últimamente y con esas dos apps me muevo como si estuviese en mi propia ciudad.

Prometo sacar fotos, filmar todo lo que pueda, y volver a Buenos Aires con ganas de volver a New York.

Me cansé de ser la mujer orquesta

Hay dos frases opuestas con las que estoy de acuerdo: «No pongas todos tus huevos en la misma canasta», y «El que mucho abarca, poco aprieta».

Creo que particularmente me vengo rigiendo desde hace muchos años por la primera. No sé si es una cuestión de personalidad, de culo inquieto, o el resultado de experiencias personales, pero es así.

En el colegio hacía actividades extraescolares por la tarde, durante la facultad llegué a estudiar dos carreras al mismo tiempo, y laboralmente he llegado a ser un cóctel de blogger, editora, community manager y profesora al mismo tiempo.

Y esto no incluye Acceso Directo...

Pero me cansé. No es que me «harté», sino que estoy agotada, mi mente no puede hacer más malabares por más que todas las pelotitas sean buenas y divertidas.

Después de todos estos años hizo click en mí la necesidad de dejar de hacer mil cosas a la vez, de dejar de ser la mujer orquesta. Quiero abarcar un poco menos y apretar un poco más.

No va a ser un cambio que me lleve al extremo de dejar todo menos una sola cosa, pero sí será un proceso de comenzar a desprenderme de algunas cosas, y empezar a delegar otras.

Necesito hacer foco, y eso es lo que me espera en esta nueva etapa de mi vida.

15 días

calendar

Miro el calendario y me parece imposible. No puede haber pasado todo esto en menos de 15 días. Es demasiado.

Pero acá estoy, sentada, escribiendo esto con una sonrisa en la cara, ansiedad en las manos, excitement en el cuerpo y la sensación de que hay un mundo nuevo por delante.

Nuevos desafíos laborales y profesionales (que es parecido, pero no es lo mismo), la posibilidad de elegir mi propio camino, situaciones inesperadas en mi vida personal que son la causa de mi sonrisa mientras escribo (y mientras camino, y mientras bailo, and so on).

Hace dos semanas mi vida era otra, o yo era otra, o éramos las mismas y no nos dábamos cuenta que estábamos en un punto crucial, de esos que cuando mirás hacia atrás te das cuenta que cambiaron el juego.

Pero aquí estamos. Y esto recién empieza.