¡Momentos culminantes!

On the road again ... / De nuevo en el camino ...

A veces, en las publicidades de telenovelas, cuando estaban en un momento clave de la trama, el relator de Telefé le metía la exclamación ¡¡Momentos culminantes!!

Esta semana creo que pasé de “todo como siempre” a “momentos culminantes” sin verlo venir, ¡no les puedo explicar los nervios que siento desde que entregué la tesina! Eso sumado a otras cuestiones que no vienen al caso hoy me tienen con bichos en la panza, que a veces se sienten como mariposas y a veces como Gremlins.

Son esos momentos en los que sentís que mucho puede cambiar, o que tenés oportunidades, que querés empezar proyectos nuevos, o que es inminente el cierre de un ciclo…

Días como hoy me siento presa de los nervios por un lado, y llena de energía y ganas de hacer cosas nuevas por otros.

Por suerte hay algo muy bueno: estos momentos culminantes tienen ansiedad, pero nada de drama.

Perdonar

Perdonar aunque no estén arrepentidos, aunque no te hayan pedido perdón.

Cuando vivimos situaciones en las que nos hemos sentido agraviados, maltratados, despreciados o no valorados, y nunca pudimos “hacer las paces” con la otra persona, es difícil seguir adelante. Pero esta frase a mi me hizo un click muy grande.

Perdonar no tiene que ver con que la otra persona te pida disculpas, por lo menos no por completo. Tiene que ver con, internamente, poder soltar esa situación, soltar los agravios, perdonar a esa persona en esa situación, y también a vos mismo en esa situación, por tu parte (grande o pequeña) en el incidente.

El perdón y el agradecimiento son dos grandes formas de sanar situaciones pasadas (parte de mi tesina, por cierto), y lo mejor es que trascienden el tiempo y las distancias. Gracias a estas dos cualidades pude, por ejemplo, cerrar heridas de muchos años, relacionadas con gente que hace mucho que no son parte de mi vida, y con quienes nunca volví a hablar.

Necesito

En 10 segundos, sin soplar y sin repetir, las cosas que quiero hacer en este momento. Comenzando, ya:

Que sea viernes de nuevo. Salir, tomar, bailar. Dormir hasta tarde (preferentemente cuchareando). Tomar sol, mucho sol. Ver la segunda temporada de Dexter. Que lleguen ya las vacaciones. Tener mi tesina mágicamente terminada. Sentir arena bajo mis pies descalzos. Tener mi iPad. ¿Ya dije salir? Subirme a un avión y escaparme a París.

Ahora ustedes.

Asuntos pendientes

En otra edición de conociendo a Ceci y dándonos cuenta que es “especial”: Si hay algo que me perturba en esta vida, son los asuntos pendientes. Las cosas por hacer, por decir, por resolver.

Para mí, los asuntos pendientes son como pesas de muchos kilos, toneladas a veces, que se alojan en mi mente y no me dejan en paz. Algunas más grandes, otras más chicas, pero siempre ahí, recordándome que hay algo sin resolver.

Los asuntos pendientes en mi vida vienen de todas las formas y colores, y es mucho más el peso que tienen en mi mente, que en la vida real. Pueden ser llamadas que no hice, una tesina, una charla, comer más sano o ir a ver el reestreno de una película que me perdí la primera vez. No todas son cosas malas, de hecho la mayoría son completamente inocuas, pero el hecho de que estén pendientes por hacer me vuelve loca.

De la misma forma, una de las cosas que más placer me produce es tachar ítems de mi lista de pendientes. Un trabajo entregado, un pago cobrado, una llamada hecha, un libro leído. Cada pendiente completado es un peso menos, me hace sentir físicamente más liviana, y la sensación puede durarme por días.

En estos días me saqué de encima un par de pendientes de los pesados, aunque me quedan unos cuantos más en la lista. Lista que nunca está vacía, por cierto, porque sale uno, y entra otro.

De todas formas, la perturbación que me cusan los pendientes en mi mente tienen su contraparte gataflorezca: cuando pienso en no tener absolutamente nada más que hacer, no es felicidad lo que me imagino, sino alivio pero algo de ansiedad también.

Al fin y al cabo, no comparto eso de que la mente busca la homeostasis, sino que todos necesitamos el grado justo de excitación y estimulación.

PD: Cada vez que pienso en la frase “asuntos pendientes” me acuerdo de la película de Casper.

Tesis

Ya me cansé. Necesito terminar de una buena vez con el trabajo final.

(La imagen –que tan bien representa mi situación con respecto a la Tesis en los últimos meses– es de Phd Comics)

Escribiendo sobre la esperanza en momentos de tristeza

Al ojo del lector observador (y bueno, del no muy observador también) no cuesta darse cuenta que estoy atravesando un momento muy difícil de mi vida personal. Habiendo sido una mujer muy positiva y optimista toda mi vida, me encuentro lidiando hace meses con problemas que cada vez se ponen peores, y con la sensación de que lo peor aún no ha sucedido, y que cada día cuesta más seguir adelante.

Lo que seguramente no sepan es que mi trabajo final para tener finalmente la ansiada licenciatura en psicología es sobre las emociones positivas, el optimismo, la esperanza, la felicidad y la psicología positiva en general.

No les puedo empezar a explicar lo difícil que es afrontar este tema en mi estado. Cuando tenés los ojos llenos de lágrimas y sentís una opresión terrible en el pecho, escribir sobre los efectos positivos de la esperanza sobre la salud parece una broma de mal gusto, y sobre el optimismo, se me ocurren muchas cavidades corporales donde podría mandarlo a guardar.

Son muchos los días en los que siento que muero de tristeza, y la esperanza es como una vela que se está consumiendo, y que siento que en cualquier momento se va a apagar.

Pero no voy a cambiar de tema. Voy a hacer mi trabajo sobre estos temas que algún día fueron tan cercanos y hoy me parecen pertenecientes a otra galaxia. Y lo voy a hacer porque creo firmemente en ellos. Creo que como profesional no solo puedo apuntar a curar enfermedades, sino ayudar a tener una vida lo más plena posible.

Y porque, al fin y al cabo, es lo que quiero para mi vida también: una vida plena y con toda la felicidad que pueda tener en ella. Y todavía creo que es posible.

Foto

Verborragia y ciclotimia (y post en consecuencia)

Bipolar

Estoy completamente ciclotímica hoy, por eso me pongo a escribir este post para no seguir molestando a mis queridos followers en Twitter. Y es que un rato estoy bajoneada y tengo que escaparle a las canciones románticas, y al siguiente incitando a todos a cantar canciones de rock argentino de los 90. ¿Estamos todos locos? No, solo yo.

Hoy fue un día largo, pasaron muchas cosas pequeñas e insignificantes pero que me marcaron de alguna forma.

Por ejemplo, a la mañana acompañé a mi papá (que es discapacitado visual) a hacer unos trámites, y me puse muy contenta por la forma en que la gente se ofrecía a dejarlo pasar primero, sin que se lo pidamos. Actos de solidaridad así me ponen muy contenta.

Mientras tanto, me pude dar cuenta de lo asustada que está la gente con la gripe. En el banco obligan a la gente a hacer la fila afuera, para que no se acumule mucha gente adentro. Genial, o sea, o te enfermás contagiado o te enfermás por el frío. Las contradicciones de mi país, señores.

Después fui hasta el bar de la facultad porque nos teníamos que juntar con una profesora, que movió la fecha y no me enteré. Y tomé frío.

A la tarde fui a la doctora y es la mejor doctora del mundo, y eso me pone contenta.

Más tarde, hice tiempo en Starbucks y me leyeron twittear lo aburrida y sensible que estaba. Por lo general me encanta tener mis ratos sola, pero hoy me aburrí bastante. Me pegó de alguna forma.

De ahí a encontrarme con otro profesor (ese sí fue, por suerte), para coordinar las clases del cuatrimestre que viene, que voy a estar como ayudante de cátedra en el taller de tesina. Eso me puso de buen humor.

En el viaje de vuelta el humor me cambiaba según la canción que me pasaba el iPod (lo tengo en modo shuffle todo el tiempo, así que tenía un humor aleatorio).

Llegué a casa y estaba el libro de Taringa!, buen humor de nuevo.

¿Por qué les cuento esto? No tengo idea, necesité abrir WLW y escribir mi verborragia. Por lo menos no los bombardeé con esto en Twitter. Mi teoría es que las hormonas me están jugando una mala pasada. But then again, esa es mi excusa para el 75% de las cosas que me pasan.

Foto de fr@ans.