Ja-ja-ja, qué risa que me da

Ayer vi en Twitter este chiste que me pareció muy divertido. El tema fue que mi TOC no me dejó tranquila con la frase final: ja, ja, ja!!!!!

¿Cuál es el problema? Se preguntan ustedes, personas que no padecen de pequeñas obsesiones como yo. El problema es la forma de escribir las onomatopeyas de la risa.

Para mi, escribir una risa tiene que ser «jajajajaja» y si se te escapan los dedos, y se te juntan algunas J y algunas A, estilo «jajjaajajaa» mejor todavía, porque es como más auténtico.

Cuando yo leo «ja, ja, ja», o su variante con espacios, «ja ja ja» (de la que mi madre es amiga), no leo una risa. Disculpen, no puedo, no me sale. Porque lo leo con las comas o los espacios, y entonces me imagino a alguien en la vida real riéndose pero cortando la risa o la carcajada –un poco a lo Sheldon Cooper, pero peor– como si tuviese hipo o si fuese absolutamente falso.

No quiero risas entrecortadas, quiero risas continuas, indomables, que se vuelquen al teclado hasta quedar como jajajsjdasdjfaj!!!11!!!!

Una lágrima en el teléfono

Hoy fue uno de esos pocos días en los que me senté a desayunar como corresponde, y mientras me tomaba mi té con leche vi en la tele esta publicidad de Personal que me hizo empatizar por completo.

¡Les juro que así estaba yo en diciembre del año pasado!

Si bien los de la operadora argentina (lenguaje técnico, hábito de Gizmóvil) lo apuntan al día de la madre, ¿quién no pasó alguna vez por esa situación?

Lo divertido es poder mirar atrás y reírse de uno mismo (y, con suerte, enorgullecerse de cómo atravesamos situaciones dolorosas).

La sumo a mi lista de “publicidades que me gustan”.