Mi vida cambia mañana

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Son casi las 6 de la tarde. Las agujas del reloj siguen corriendo, y por más que lo intente, no puedo concentrarme en los resúmenes de Cognitiva que tengo preparados hace meses. Es que mañana cambia todo.

No es que vaya a ser mi primer título. Con 24 primaveras encima, esta licenciatura va a ser mi segundo título profesional, algo que me alegra mucho. Lo que cambia todo es el hecho de que, por primera vez desde 1988, voy a dejar de ser estudiante. No más cursadas, no más exámenes, no más trabajos prácticos ni materias que no me gusten. Tampoco más tardes divertidas estudiando con amigos, ni materias que me encanten, y sobre todo, no más excusas para demorar “salir al mundo”.

Mañana doy mi último final, y después de él, el mundo es mío para que haga con él lo mejor que pueda, o lo que me anime, o lo que se me presente. El tiempo será mío para aprender a distribuirlo. Mi trabajo, que ya me encanta, empezará a ser la actividad central de mi día, y la pregunta de “¿Qué vas a hacer después de que te recibas?” ya no podrá ser contestada con “Lo pienso cuando termine de rendir”.

Mañana cambia todo. Y estoy feliz y nerviosa y ansiosa y mil cosas que, aunque las haya estudiado durante tantos años, me sobrepasan. Y me gusta que así sea.