La primera impresión (no es la que cuenta)

Siempre recordé una publicidad de Axe de hace muchos años (muchos años), en la cual se repetía la frase «porque la primera impresión es la que cuenta». Hoy me gustaría hablarles de mi experiencia con las primeras impresiones.

Seguramente a todos les pase que hay gente que les cae bien o mal de entrada, una cuestión de piel. Llamemos a eso la primera impresión, que puede a veces venir acompañada por lo que alguien nos haya dicho previamente sobre esa persona.

Sistemáticamente, y a lo largo de los años, me he encontrado con que muchas personas que me dieron una mala primera impresión terminaron siendo grandes amigos míos. Eso no quiere decir que todos mis actuales amigos me hayan caído mal cuando los conocí, pero sí hay algunos que, al hacer memoria, no empezaron con el pie derecho en mi mente –seguramente tampoco yo en la de ellos.

Y eso me recuerda una vez más lo importante que es estar abiertos a cómo es realmente una persona, no dejarnos llevar por los prejuicios ni por las primeras impresiones, y dar las suficientes oportunidades de que nos demuestre su verdadero ser en todo su esplendor.

La primera impresión no es la que cuenta, nunca debería serlo. Seguramente tampoco la segunda o la tercera, aunque muchas personas que nos encontramos en la vida no llegan a esa instancia.

Y ojo que a veces pasa lo contrario. A veces, alguien de quien tuvimos una hermosa primera impresión, termina siendo una desilusión grande. Estos casos son complicados porque (al menos en mi experiencia) cuesta más deshacernos de la imagen agradable o buena que teníamos de alguien, para afrontar que en realidad no es la persona que creíamos que era.

En todo caso, a mi me alegra mucho saber que la primera impresión no me ha impedido conocer a grandes personas.