De piedras y mochilas, una parábola que me salvó la vida

Stones

Hoy me encontré, sin querer, con un viejo blog que había abierto en 2004. No casualmente se llamaba Sweet Serendipity.

El último post que escribí allí tiene una historia que en su momento me salvó la vida. No literalmente, pero sí a nivel emocional. A veces, cuando guardo amargura con respecto a cosas que hice o me han hecho, recordarla es como una poción instantánea que me devuelve a mi centro.

La comparto con ustedes:

Hu-Ssong narró a sus discípulos el siguiente relato:

-Un hombre que iba por el camino tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra. Igualmente la cargó. Todas las piedras con que iba tropezando las cargaba, hasta que aquel peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar. ¿Qué piensan ustedes de ese hombre?

-Que es un necio -respondió uno de los discípulo-. ¿Para qué cargaba las piedras con que tropezaba?

Dijo Hu-Ssong:

-Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aun la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos. Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro.