El problema de no meterse

Yo soy de las que creen que cuando uno presencia una injusticia, tiene que ayudar de alguna forma. “Meterme” me causó algunos problemas de chica, pero si no es participando activamente para remendar esa injusticia, al menos uno puede ayudar de otras formas, como llevando la atención al problema, denunciando, etc.

Cuando quien sufre la injusticia es alguien con quien simpatizamos de alguna forma, es fácil saber de qué lado está uno. Pero cuando la “víctima” es alguien que nos cae mal, el terreno se pone un poco más pantanoso.

Yo creo que las ideas están más allá de las personas, y que si algo que está mal, está mal. No importa si a la que –por ejemplo– están insultando en Twitter sin justificación es la persona que peor me cae en el mundo, está mal, y como tal seguramente diga algo al respecto. Por el concepto, no por la persona.

Esto es algo que muchas personas no pueden separar, el concepto por un lado, y lo personal por el otro. Y por eso cuando alguna persona, entidad o gobierno se mete con otra entidad que le cae mal, aunque esté cometiendo un abuso, hacen la vista gorda. Y quizás hasta lo intenten justificar con cosas que no vienen al caso. Y esa víctima puede realmente ser una lacra, pero si el ataque es injusto, no importa si es a la Madre Teresa o a Ricardo Fort, sigue siendo injusto.

Pero el problema de no meterse, de hacer la vista gorda porque la víctima te cae mal, en el fondo, es doble.

Por un lado, por no poder hacer esa separación, y estar siendo hipócrita, y no defender valores que de tratarse de un amigo, sí defenderías.

Pero por otro, y en un nivel mucho más pragmático, es peligroso, y se te puede volver en contra.

Porque cuando defendés que cometan injusticias contra otros, estás dejando la puerta abierta a que las cometan contra vos. Sentás precedente, les das tu permiso.

Y entonces, ya no va a quedar nadie que te defienda.