Blast from the past

Anoche estaba volviendo a casa, agotada, pensando en cualquier cosa, cuando alguien me llamó por mi nombre. Pero no el que figura en el documento, sino ese que usaba hace tiempo y a lo lejos en los foros de animé cuando recién arrancaba la década.

Un viejo amigo a quien no veía desde hace al menos 6 ó 7 años me había reconocido mientras yo iba distraída, y nos pusimos a charlar un rato largo. Una de esas charlas con quien compartiste mucho en el pasado, y que sabés que actualmente las vidas de ambos son completamente diferentes.

Me resultó divertido, lo vi grande, maduro, cambiado. Me gusta cuando pasan esas cosas, cuando puedo encontrarme con gente de mi pasado y ver que han avanzado en un largo camino, dejando atrás la etapa que en algún momento nos unió.

De todo lo que me dijo, hay algo que me puso particularmente contenta. Cuando le conté que tengo blogs y me dedico a esto, me comentó que siempre le pareció que yo escribía muy bien, que tenía un buen estilo de redacción, y una forma de escribir clara y precisa, separando bien los tantos (en largos posts en el foro).

Me hace sonreír pensar que eso haya sido así desde hace tanto, y que aunque nunca me lo hayan dicho, había alguien que podía reconocer en mí lo que hoy es una de las cosas que más me gustan de mi persona.

Cuidado con lo que deseas…

Deseo

Estos últimos días estuve pensando un poco sobre las cosas que deseaba cuando era chica, y me di cuenta que muchas de esas cosas se me cumplieron.

El problema es este: lo que deseaba cuando tenía 6 años no es necesariamente lo que me gustaría ahora en mi vida, y lo único que puedo hacer es reírme de la ironía.

Cuando era chica, deseaba aventuras y romances de película, sin pensar que es mucho más divertido ser espectador que protagonista cuando las tramas se ponen bien anudadas. También me miraba sin cansarme al espejo, pensando cuándo me crecería el busto. Los que me conocen saben en qué terminó eso. De nuevo, la ironía.

Son ejemplos pequeños y triviales, pero en el fondo, si trajeran a la Ceci de 6 años, creo que la vería sonreír feliz, y no me animaría a decirle “nena, no sabés en la que te estás metiendo”. Y una paradoja se empieza a formar en mi cabeza: aún cuando las cosas no salen como yo quería, me estoy saliendo con la mía.

Penny Book

Tampoco es todo tan malo. Cuando miraba en Inspector Gadget (sin tener idea de lo que era un gadget) me moría de ganas de tener un libro como el de Penny. De hecho, mientras mis amiguitas jugaban con las bandejas de telgopor a preparar la comida, yo les dibujaba botones y hacía de cuenta que eran mi súper-libro. Hoy, ando feliz con mi MSI blanca en la cartera, y no puedo dejar de pensar que si mi yo del ‘89 me viera, sería feliz.

Como última nota, y a ver si estamos a tiempo de cambiar algo. Cuando era chica quería ser madre de quintillizos. Por favor, por favor, por favor, por favor, por favor, de verdad ya NO quiero eso. En serio, no. No, no, no, no, no, no.

Foto de brunkfordbraun

Imagen de Penny de este post que me encantó.