Opuestos peligrosos

Opuestos

Hay opuestos que se atraen y se complementan, y forman un todo mejor que la suma de las partes.

Otros opuestos son peligrosos.

Uno de los peores, para mí, se da cuando dos personas que se quieren pero tienen dos visiones absolutamente diferentes de cómo encarar sus problemas.

Uno de ellos piensa «Hablemos ahora, antes de que sea un problema«.

Y el otro piensa «¿Para qué hablar, si no hay ningún problema?«.

La tragedia radica en que muy pronto se vuelve demasiado tarde.

Me mudo!!

Mudanza

Finalmente llegó el momento. Después de mucho tiempo interno y externo, es hora de abandonar el nido, y apenas puedo creerlo. Tanto que parecía tardar, y ahora todo se desenvuelve tan rápido.

Cada uno tiene sus tiempos, y la decisión de mudarse (y sobre todo en mi caso, que es para iniciar mi vida junto a la persona que amo) tiene que tomarse cuando uno está 100% listo. Apurar tiempos por expectativas sociales es algo que a la larga termina mal. Y además soy una late bloomer, qué quieren que les diga.

Ahora me toca empezar a separa qué me llevo, qué no, en dónde van a entrar mis cosas, e ir acostumbrándome a un barrio que no sea Flores por primera vez en mi vida.

Se termina una etapa, empieza otra. Estoy feliz y emocionada, y un poco nerviosa. ¡Aquí vamos!

Casi que no está

El viernes pasado saldé una deuda pendiente desde hace mucho tiempo. Fui al Elefante Club de Teatro para ver Casi que no está, gracias a la amable invitación de Vivian. Y estoy muy feliz de haberlo hecho.

Siendo particularmente aficionada a la comedia musical, Casi que no está me proponía un desafío muy diferente. Con solo dos actores en escena y sin más escenografía que un gran rectángulo blanco, las palabras, los cuerpos y la imaginación fueron los que tuvieron la tarea de transportarnos a los espectadores a las escenas que los protagonistas nos llevaban.

Daniela Rico Artigas y Mariano Villamarín hacen de ella y de él, una pareja reconstruyendo su historia. Una historia con fisuras y heridas, como la tuya o la mía. Con problemas que todos hemos atravesado de alguna forma. Sus expresiones, su sincronía, nos alejan de ese espacio blanco para transportarnos al restaurante donde se conocieron, al supermercado donde discutieron, al departamento donde pasaron noches tortuosas.

En otras palabras, la extrema simplicidad de la escenografía se olvida con la intensa profundidad de los actores. No sé si la llamaría una historia de amor. Sí definitivamente, una historia humana, y de cómo nos relacionamos, cómo nos aferramos, negamos, intentamos.

Salí con los ojos llenos de lágrimas para mi sorpresa. Y conmoverme hasta las lágrimas es lo mejor que puede hacer una obra de teatro por mí.

Se las recomiendo muchísimo, una obra corta para ir a ver con tu pareja, tu hermana o tu mejor amiga:

  • Viernes 21 hs en Elefante Club de Teatro (Guardia Vieja 4257, Buenos Aires)
  • Autora: Melisa Freund
  • Reservas: 4861- 2136

Solos

Nos invitaron a comer el postre. Yo ya quería volver a casa así que al principio quise negarme.

«Dale, nunca los vemos y están solos» me insistió.

En realidad no están solos, pensé, están juntos. Pero me entristece que después de un matrimonio de toda una vida esa sea la sensación, que si no hay mas gente, están solos.

Quiero pensar que es posible otro camino, pero eso sí, hay que remarla todos los días, toda la vida.

La venganza inmortal

La venganza

Llega el día de San Valentín y uno se empieza a sentir un poco pegajoso. Sí, bueno, los 40º de sensación térmica seguramente no ayudan, pero con tantas publicidades y afiches empalagosos ya de romántico se cruza el límite a lo pesado. En estas oportunidades no viene mal, como dice Paso de los Toros, “cortar con tanta dulzura”, así que el libro “La Venganza Inmortal” es una buena dosis de amargura para atravesar esta semana equilibradamente.

El libro junta las mejores frases que distintas personas le dedicaron a sus ex-parejas desde el portal mandaleunmensajeatuex.com. Con cinismo y humor, nos muestran a los diferentes tipos de “ex” (y estoy segura que todos tuvieron, por lo menos, uno de ellos). Como esta joyita:

Me hacés acordar a Cortázar. A la plaza, linyera roñoso.

Amargura pura. El libro está a la venta en las librerías, pero además el mismo día de San Valentín van a “liberar” algunos ejemplares en el parque Tres de Febrero como una acción de “bookcrossing”, junto a unos gigantes muñecos vudú.

¿Yo? Creo que lo mejor es hablar con el ex todo lo que haga falta hablar y seguir adelante, nada de rencores ni resentimientos. Y que el amor se demuestra cada día del año, no solo el 14 de febrero, que todo junto empalaga. Así que, más que feliz día de los enamorados, prefiero desearles una vida llena de amor.

Dos Lauras

bailarina

Esta semana me encontré con dos Lauras, y las dos me dejaron pensando algunas cosas.

A la primera Laura (que en realidad la vi desde la ventanilla del colectivo) la conocí cuando teníamos alrededor de 16 años en un grupo de amigos fanáticos del animé. Al igual que muchos de nosotros, ella se puso de novia con alguien del grupo, solo que con un detalle: él tenía casi 30 años. Por supuesto, los padres de ella no querían saber nada del asunto, y en el grupo vivíamos un poco el drama (éramos chicos, y nos importaba que ellos estén bien, creo que yo nunca pensé realmente lo que era toda esa diferencia de edad). Sabíamos que no faltaba mucho para que cumpla 18 y pueda irse de su casa.

Finalmente, lo hizo. Éramos tan chicas, y se fue a vivir con él, que tenía casi el doble de su edad, a hacer una vida de adultos cuando todavía estábamos procesando el fin del secundario. Cuando el grupo se disolvió, al poco tiempo, nunca más supe de ella ni de él. Nunca fuimos amigas, realmente, pero su historia me impactaba. Cada tanto la veo desde el colectivo y pienso, ¿qué habré pasado? ¿Seguirán juntos? ¿Se habrán separado? Y sobre todo, ¿habrá valido la pena tanto sacrificio? ¿O el sacrificio estará en mi imaginación y para ella fue lo mejor que le habrá pasado en su vida?

A la otra Laura me la encontré en una esquina cerca de mi casa. Fuimos a la primaria juntas, y hacíamos danzas en el mismo instituto; ella clásico, yo, jazz. Típico “cómo estás, qué hacés de tu vida, yo me estoy por recibir, qué bueno…”. “¿Y vos en qué andás?”. “Yo estoy bailando, en el IUNA”. Me invadió una mezcla de alegría y tristeza al mismo tiempo. Porque amo ser blogger, pero si hay algo en este mundo que me hubiese gustado ser, sin ningún tipo de dudas, es bailarina. Pensaba que esa podría haber sido también mi respuesta si hubiese hecho las cosas de otro modo, si hubiese tenido más en claro mis gustos y mis ideas desde chica.

No me reprocho a mí misma, la carrera de una bailarina está llena de esfuerzos y privaciones (y Dios me dotó de unas curvas muy italianas y un apetito importante por las cosas dulces), y sé que la música y el baile pueden seguir en mi vida aunque no sea como profesión.

Pero no puedo evitar pensarlo. ¿Qué hubiera pasado si…?

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