Nada es para siempre

so distant

«Nada es para siempre». Una frase con la que es difícil estar en desacuerdo.

El amor, la amistad, la salud, el dinero, todo lo que alguna vez pudimos dar por sentado, puede ser tan volátil y efímero como un arco iris, o estar presente en nuestras vidas durante mucho tiempo y, de un día para el otro, desaparecer.

Cualquiera que haya tenido una pérdida, de cualquier tipo, no puede más que admitirlo, «nada es para siempre».

Sin embargo, yo creo que hay cosas que sí son para siempre. O al menos, que pueden serlo. El problema es que hasta que no llegamos al final del camino, es imposible saber cuáles son esas cosas.

La amistad que resistió viento y marea, el trabajo que nunca dejaste de hacer con pasión, el amor de quien estuvo a tu lado hasta que exhalaste por última vez. ¿Cómo reconocerlos antes de irnos de este mundo? La respuesta es simple: no se puede.

Y como no se puede, como la vida es incertidumbre, lo mejor que podemos hacer es valorar cada cosa buena que tenemos como si la fuésemos a perder mañana. No desde el miedo, sino desde la gratitud.

Solo el tiempo dirá si existió un para siempre o no.