No olvidarte algo [Pequeñas Cosas 4]

Cada tanto me pasa: estoy lista para salir de casa por la mañana, y una razón aparentemente trivial me hace volver sobre mis pasos.

Quizás suene el teléfono inalámbrico y me pidan que vaya a buscarlo (cosa que nunca me motiva, a mí nadie me llama al teléfono de línea), o quizás me haya olvidado de apagar la luz de mi habitación.

Y en ese acto trivial que siento que me roba preciosos segundos matutinos, me encuentro con que el celular estaba aún cargándose, o que me estaba olvidando el paraguas y que para la tarde pronosticaban lluvia, o que me estaba dejando el libro que quería leer en el camino.

Don´t forget your mobile phone !

Qué bueno es no olvidarte algo.

Eventualmente, lo olvidas

Eventualmente, lo olvidas todo. Primero olvidas todo lo que aprendiste –las fechas de las guerras y el Teorema de Pitágoras. Especialmente te olvidas todo lo que realmente no aprendiste, sino que memorizaste la noche anterior. Te olvidas de los nombres de todos menos uno o dos de tus profesores favoritos, y eventualmente te olvidas de esos, también.

Te olvidas los horarios de tus primeras clases y dónde te sentabas y el número de teléfono de la casa de tu mejor amigo y la letra de esa canción que habrás escuchado un millón de veces.

Y eventualmente, pero despacio, te olvidas de tus humillaciones –incluso aquellas que te parecían imborrables, se desvanecen. Te olvidas quiénes eran cool y quiénes no, quién era lindo, inteligente, atlético, y quién no. Quién fue a la Universidad. Quién hacía las mejores fiestas. Quién tenía más amigos. Te olvidas de todos ellos.

Incluso de quienes decías que amabas, y aquellos a quienes amaste de verdad. Ellos son los últimos en irse.

Y ahí, una vez que olvidaste lo suficiente, amas a alguien más.