Tu propio día de la marmota

Saturday in the Park ... I think it was the Fourth of July

El 1ro 2 de febrero es recordado por unos cuantos como El día de la Marmota, gracias a la clásica película de Bill Murray. (Me confundí de fecha, es mañana, pero lo que escribí vale igual :P)

Para los que no la vieron (anótenla para verla este fin de semana, y después leen el resto de este post), en la película el protagonista se encuentra reviviendo el mismo día una y otra y otra vez.

Cada vez que se despierta es el día de la marmota y debe hacer las mismas cosas, y ver suceder a las mismas cosas. Primero lo aprovecha para su propio beneficio, después cae en la desesperación, hasta que finalmente entiende que al hacer las cosas bien es como puede hacer honor a cada día –y el hechizo se rompe.

Yo creo que con esto en mente, es el momento ideal para que hagamos nuestro propio día de la marmota, el decisivo.

En vez de volver a atravesar la semana haciendo lo mismo de siempre, sin reflexionar demasiado, o pensando solamente en nosotros, aprovechemos para hacer el cambio.

Hoy es el día perfecto para ser la mejor versión de uno mismo (siempre lo es), para empezar a pensar en los que nos rodean, en cómo podemos mejorar el mundo desde nuestro pequeño lugar.

Así que a ponerse las pilas y pensar en qué aspectos de sus vidas pueden empezar a cambiar hoy, para que mañana se despierten libres de sus propios hechizos.

La mejor versión de uno mismo


Foto de Jason Combs

Hace ya algunas semanas que hay un tema que me viene dando vueltas en la cabeza, y es sobre la mejor versión de uno mismo.

Pensaba –porque a veces pienso– que todas las mañanas antes de salir de casa (o quedarnos, por qué no) tenemos la opción de elegir con qué versión de uno mismo vamos a afrontar el día. Pero claro, que tengamos la opción no significa que siempre elijamos a conciencia. Y pudiendo dar más de nosotros mismos, muchas veces nos limitamos a alguna versión promedio, cuando no mediocre.

Cuando digo la «versión» de uno mismo, me refiero a muchas cosas: la forma en la que nos vestimos, cuánto nos arreglamos, la higiene personal, el estado de ánimo, la buena voluntad, la predisposición para hacer las cosas, etc. Me imagino que tenemos un ecualizador interno en el cual vamos regulando estas y otras variables, y con eso generamos distintas versiones de uno mismo.

Por ejemplo, para ir a una fiesta seguramente elevemos mucho nuestras barras, nos peinemos y vistamos de una forma agradable, nuestro humor sea bueno, y las ganas de pasarla bien y agasajar a quien nos invitó estén bien arriba. Lo mismo si tenemos una reunión importante de trabajo. Pero para sacar a pasear al perro a la noche probablemente dejemos que las barras caigan, no importa si las zapatillas están rotas, y la campera no combina con el jogging (y del peinado ni nos acordamos directamente).

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