Defender el bolsillo? Sí, siempre

Me duele que tanta gente se haya dejado convencer de que defender su bolsillo está mal. Que defender cualquier cosa suya está mal, de hecho.

Cuando hablamos «del bolsillo» hablamos de dinero. Y no sé ustedes, pero yo el dinero lo saco de mi trabajo. De horas y días y meses y años de trabajar, de poner mi esfuerzo, mi energía, mi tiempo, mi conocimiento. De ser honesta y productiva.

Tiempo que paso lejos de mis afectos, tiempo que no uso para salir a divertirme, días de sol radiante dentro de una oficina.

El trabajo se lleva más de la mitad de cada uno de mis días, ¿y en qué vuelve? En plata. En bolsillo. (Más allá de otras gratificaciones personales que son importantísimas pero no vienen al caso).

Entonces cuando alguien se come el cuento de que salir a defender su bolsillo –y lo que puede hacer con él– es de mala gente, me duele. Me duele porque no defienden su tiempo, no defienden su libertad, no defienden el fruto de su trabajo, y sobre todo, no defienden su libertad de hacer con eso lo que más quieran.

Vencer el miedo

Hoy fue un día de mucha superación personal para mí. Por primera vez atravesé uno de mis mayores miedos sin sufrir consecuencias en el intento.

Yo no soy una persona fóbica ni particularmente miedosa, pero hay dos cosas en esta vida que me dan bastante miedo, y que generan en mi reacciones intensas de ansiedad involuntarias. Una de ellas son los análisis de sangre. No es que me impresione la sangre ni las agujas, pero desde la primera vez que me sacaron sangre no pude atravesar ni un solo episodio sin desmayarme (o, al menos, que me baje mucho la presión). Hasta hoy.

Hoy me hice mi primer análisis de sangre no solo por voluntad propia, sino que atravesé sin desmayarme ni que me baje la presión. (¡Aplausos por favor!)

Y vencer un miedo así es una sensación realmente liberadora, de mucha satisfacción personal. En mi metáfora de la vida como un videojuego, hoy levelié.

Quizás la próxima vez que me tenga que hacer un análisis me vuelva a dar miedito antes de ir, pero va a ser completamente diferente, porque ya lo vencí una vez, y puedo volver a hacerlo.