El problema de fondo

Problema de fondo

Tener un problema de vez en cuando no está tan mal. Son desafíos grandes o pequeños que nos ponen ante situaciones en las que podemos sacar lo mejor de nosotros mismos y crecer como personas.

Pero lo que no me gustan, me tienen cansada y me drenan la energía de a poco, son los problemas de fondo.

Se me dio por llamar de esta forma a esos problemas que no podemos resolver (ya sea porque no nos animamos, o porque simplemente exceden nuestro dominio y no hay nada que podamos hacer), y que están ahí, en el fondo de nuestra mente, recordándonos que por mejor que estés en cualquier área de tu vida, hay algo que aún no está resuelto.

Tengo un par de problemas de fondo con años de antigüedad que escapan por completo a mi accionar, y para los cuales no puedo hacer más que aceptarlos y tener esperanza en que eventualmente se resolverán. A veces me cuesta mucho.

Mientras tanto, fantaseo con cómo será ese día. Me acostumbré a vivir con estos problemas, y me imagino cómo será cuando ya no estén (porque quiero creer que algún día no estarán más). El alivio gigante que debe ser que finalmente esa piedra que llevabas en la espalda ya no sea tuya para cargar. ¿Cómo será? ¿Cómo se sentirá?

De momento, hay algo que sí puedo hacer. Aunque no puedo controlar las circunstancias externas, sí puedo proponerme a estar bien yo mientras tanto. A veces es más fácil, otras veces no tanto, pero está en uno el tener la fuerza para estar bien en su propio mundo interior, aunque el exterior esté en plena tormenta.