Escribir mi propia historia

open to possibilities

Antes era más fácil, más cierto. Mientras crecía, no tenía muchas dudas de lo que iba a ser mi futuro. Lo imaginaba similar al de mi madre, solo que además de casarme y tener hijos joven (digamos, a los veintipoco), seguramente le iba a sumar una carrera universitaria.

Hoy, a los 26, cuando pienso que a esta edad mi mamá ya me tenía a mí y a mi hermana, no podría sentirme más lejos de esa historia, de ese camino predeterminado que alguna vez ni siquiera hubiese puesto en dudas.

Cuando pienso en eso, siento un revoloteo en la panza. Pero no tiene que ver con el casamiento o los hijos que aún no tuve y espero no tener durante varios años más. Es que ya no hay una historia previamente escrita.

Desde hace un tiempo y en adelante, yo escribo mi propia historia, una historia muy diferente a la de las mujeres de mi familia. Ni mi madre, ni mis tías ni mis abuelas transitaron el camino que estoy transitando yo (tampoco yo el de ellas, vale decir).

Esta sensación de libro abierto con páginas en blanco esperando a ser llenadas por mis propias decisiones, experiencias, aciertos y errores me dan una sensación de abismo, sí, pero también de libertad. De preguntarme qué aventuras diferentes me depara el destino.

Mi historia del 11S

Twin-Towers

Hoy en Twitter todos estuvieron contando, en breves 140 caracteres (contando el hashtag #dondeestabas11s) qué estaban haciendo o donde estaban el 11 de septiembre de 2001. Así que les quiero contar yo también.

Acá en Argentina el 11 de septiembre es feriado para los colegios por el día del maestro, y como yo todavía estaba en el secundario, no tuve clases. Sin embargo, me desperté relativamente temprano, tipo 8, creo, por el ruido que venía de la cocina.

Aún medio dormida veía en la tele un edificio que se prendía fuego. Todavía no se sabía bien qué pasó. “Hay un incendio en una de las torres gemelas” dijo mi papá. No teníamos idea de lo que iba a pasar. Mientras mirábamos un poco más qué estaba pasando, de golpe veo, en vivo, cómo el otro avión va y se estrella contra la otra. Fue horrible. Encima en mi (ya tonta) ingenuidad dije “uy, se distrajo con el fuego y se chocó”.

De ahí en más ya sabemos cómo fue la historia. Se empezó  a saber que habían sido atentados, cayó el avión en el pentágono, tiraron abajo el de Pensilvania, ya gente se tiraba de las torres, se derrumbaban, y nosotros en casa todo el día mirando la tele. Yo no dejaba de llorar. Lloraba por la angustia de ver tanta muerte en vivo, y por la certeza que tenía de que, mañana, se largaba la tercera guerra mundial.

Me puse tan mal que a la noche me terminó dando fiebre, me desperté al día siguiente tipo 6 am con 40º de temperatura, delirando con que De la Rúa me había convocado al ejército.

Ese día cambió el mundo. No importa si nos gusta Estados Unidos o no, porque la gente que murió es la que no tenía nada que ver. Y en nombre de ellos se empezó una guerra negra como el petróleo, que más que guerra fue invasión, y que aún hoy nos tiene sumidos en el terror y la paranoia. Sobre el atentado tengo mis opiniones, pero eso sería para otro post.

¿Qué vino primero, el huevo o la gallina? En estos casos no hay respuestas absolutas, y en realidad ya no importan. Tenemos que cambiar como especie humana, o vamos a seguir en este círculo vicioso hasta matarnos todos.

Historia de la prevención

En los pueblos antiguos, se relacionaba a los dioses y fuerzas sobrenaturales con la protección y la salud.

Después la gente se da cuenta que se pueden controlar ciertas condiciones para prevenir enfermedades. Por ejemplo: controlar la higiene para evitar epidemias.

Se va descubriendo también que no hay una única causa para un efecto, sino múltiples: la sobredeterminación.

Comienzan a considerarse además virus y bacterias, la familia, lo social, etc., en relación a la salud y la enfermedad.

A fines de los 50, principios de los 60, se consolida la prevención. Caplan, en el ‘64, publica "Principios de la psicología preventiva". El contexto es Vietnam.

Un punto revolucionario fue empezar a concebir la lucha contra la enfermedad y cualquier tipo de sufrimiento en una comunidad.

Caplan da su modelo de prevención por niveles. Habla de la psiquiatría preventiva, en la cual un cuerpo de conocimientos profesionales puede utilizarse para planear, llevar a cabo programas, reducir la frecuencia en una comunidad de los trastornos mentales de todo tipo, la duración y el deterioro.

Prevención primaria: es la prevención propiamente dicha; se aplican estrategias para evitar situaciones anómalas. Disminuir la incidencia. El abordaje se relaciona con la necesidad de la persona y las consecuencias en la comunidad.

Prevención secundaria: A pesar de las acciones de la prevención primaria, se padecen enfermedades, que deben ser atendidas. Es el nivel de la clínica, atender el daño. Lo más útil aquí es el diagnóstico precoz y el tratamiento efectivo.

Prevención terciaria: Reducir en la comunidad las consecuencias de los trastornos. La rehabilitación.

Con Caplan, se instala la prevención como un proceso activo, para promover la salud a nivel colectivo, no individual.

En salud mental, la prevención tiene que ver con llegar a masas importantes.

La OMS habla de 4 pilares fundamentales del bienestar: educación, salud, trabajo y vivienda. Y éstos, en un clima de responsabilidad, libertad y derecho.

En Argentina, José Bleger trabajó paralelamente a Caplan. Decía que la prevención y la educación eran los patitos feos de la psicología.

Uno de sus grandes aportes fue el rol del psicólogo. Ataca al PA con que el rol era muy pasivo, propone que salga a la comunidad. Señaló el camino de los psicólogos como agentes del cambio social (aunque hoy se sabe que es la comunidad entera quien favorece esos cambios). “Los psicólogos no deben esperar que la gente enferme para intervenir”. Se debe promover el bienestar y no solamente curar.

Además, jerarquizó la importancia del trabajo interdisciplinario.

Hay que crear ámbitos comunitarios que promuevan la participación y bienestar ya que estos ámbitos influyen en la salud. Si el ambiente es inadecuado, lo será la salud.

Propone un psicoanálisis operativo, aplicado, fuera de contexto, en situaciones de la vida cotidiana.

Paulo Freire basó sus conceptos en una educación como práctica de la libertad, un acto de conocimiento y aproximación crítica a la realidad. Propone romper los modelos tradicionales de educación, realizando sus trabajos fuera de los muros de la escuela. Definía a la escuela como una institución domesticadora que legitimaba la desigualdad social.

El objetivo de la educación es permitir que el hombre llegue a ser sujeto, construirse como persona, transformar al mundo. Propone una pedagogía para la liberación, para que los oprimidos no traten de “ser como el patrón”, sino que sean conscientes de su posibilidad de apoderarse de su propia realidad para transformarla, con su capacidad y esfuerzo.