Escribir mi propia historia

open to possibilities

Antes era más fácil, más cierto. Mientras crecía, no tenía muchas dudas de lo que iba a ser mi futuro. Lo imaginaba similar al de mi madre, solo que además de casarme y tener hijos joven (digamos, a los veintipoco), seguramente le iba a sumar una carrera universitaria.

Hoy, a los 26, cuando pienso que a esta edad mi mamá ya me tenía a mí y a mi hermana, no podría sentirme más lejos de esa historia, de ese camino predeterminado que alguna vez ni siquiera hubiese puesto en dudas.

Cuando pienso en eso, siento un revoloteo en la panza. Pero no tiene que ver con el casamiento o los hijos que aún no tuve y espero no tener durante varios años más. Es que ya no hay una historia previamente escrita.

Desde hace un tiempo y en adelante, yo escribo mi propia historia, una historia muy diferente a la de las mujeres de mi familia. Ni mi madre, ni mis tías ni mis abuelas transitaron el camino que estoy transitando yo (tampoco yo el de ellas, vale decir).

Esta sensación de libro abierto con páginas en blanco esperando a ser llenadas por mis propias decisiones, experiencias, aciertos y errores me dan una sensación de abismo, sí, pero también de libertad. De preguntarme qué aventuras diferentes me depara el destino.