Defender el bolsillo? Sí, siempre

Me duele que tanta gente se haya dejado convencer de que defender su bolsillo está mal. Que defender cualquier cosa suya está mal, de hecho.

Cuando hablamos «del bolsillo» hablamos de dinero. Y no sé ustedes, pero yo el dinero lo saco de mi trabajo. De horas y días y meses y años de trabajar, de poner mi esfuerzo, mi energía, mi tiempo, mi conocimiento. De ser honesta y productiva.

Tiempo que paso lejos de mis afectos, tiempo que no uso para salir a divertirme, días de sol radiante dentro de una oficina.

El trabajo se lleva más de la mitad de cada uno de mis días, ¿y en qué vuelve? En plata. En bolsillo. (Más allá de otras gratificaciones personales que son importantísimas pero no vienen al caso).

Entonces cuando alguien se come el cuento de que salir a defender su bolsillo –y lo que puede hacer con él– es de mala gente, me duele. Me duele porque no defienden su tiempo, no defienden su libertad, no defienden el fruto de su trabajo, y sobre todo, no defienden su libertad de hacer con eso lo que más quieran.