Frenemies, esas malas compañías

El otro día me crucé accidentalmente con el concepto del Frenemy. En inglés, la palabra es una mezcla entre amigo y enemigo (se me ocurre en español «eneamigos»).

El o la frenemy es ese «amigo» que en realidad te suele hacer sentir mal. Hace comentarios a tus espaldas, te hace cumplidos que en realidad son palos encubiertos, comentarios irónicos que luego jura que eran bromas, y por supuesto, jamás se hace cargo.

Por lo general los frenemies son personas con las que tuvimos una buena relación, o pasamos buenos tiempos juntos, o que por haber querido mucho nos cuesta ver que en realidad buscan dañarnos más seguido de lo que no.

La palabra me hizo pensar mucho, en mi vida tuve más frenemies de los que me gustaría admitir. Creo que ya lo dije alguna vez, me cuesta asumir cuándo una persona que fue importante para mí en realidad solo me está haciendo mal, y a propósito.

Y aunque la personalidad de la frenemie me parezca de cuarta, siempre hay que hacerse cargo de lo propio. En cuestiones de amistad, cuando uno se deja pisotear por el otro, es porque le da lugar.

Lo más sano, creo, es dejar ir a los frenemies. Cuando les cerrás la puerta te sentís mucho mejor, y tu vida se vuelve un poco más libre y auténtica.

Pero no siempre es tan fácil, ¿no? Para mí definitivamente no lo es.

¿Les pasa a ustedes? ¿Cómo lidian con los o las frenemies?

La primera impresión (no es la que cuenta)

Siempre recordé una publicidad de Axe de hace muchos años (muchos años), en la cual se repetía la frase «porque la primera impresión es la que cuenta». Hoy me gustaría hablarles de mi experiencia con las primeras impresiones.

Seguramente a todos les pase que hay gente que les cae bien o mal de entrada, una cuestión de piel. Llamemos a eso la primera impresión, que puede a veces venir acompañada por lo que alguien nos haya dicho previamente sobre esa persona.

Sistemáticamente, y a lo largo de los años, me he encontrado con que muchas personas que me dieron una mala primera impresión terminaron siendo grandes amigos míos. Eso no quiere decir que todos mis actuales amigos me hayan caído mal cuando los conocí, pero sí hay algunos que, al hacer memoria, no empezaron con el pie derecho en mi mente –seguramente tampoco yo en la de ellos.

Y eso me recuerda una vez más lo importante que es estar abiertos a cómo es realmente una persona, no dejarnos llevar por los prejuicios ni por las primeras impresiones, y dar las suficientes oportunidades de que nos demuestre su verdadero ser en todo su esplendor.

La primera impresión no es la que cuenta, nunca debería serlo. Seguramente tampoco la segunda o la tercera, aunque muchas personas que nos encontramos en la vida no llegan a esa instancia.

Y ojo que a veces pasa lo contrario. A veces, alguien de quien tuvimos una hermosa primera impresión, termina siendo una desilusión grande. Estos casos son complicados porque (al menos en mi experiencia) cuesta más deshacernos de la imagen agradable o buena que teníamos de alguien, para afrontar que en realidad no es la persona que creíamos que era.

En todo caso, a mi me alegra mucho saber que la primera impresión no me ha impedido conocer a grandes personas.