¿Y el alivio?

Esta semana se resolvió uno de los problemas de fondo más grandes que venía llevando en la mochila desde hace muchos años. Pero no me siento como creí que me sentiría.

Me imaginaba que cuando llegue el momento iba a ser como cuando me recibí, un momento de felicidad, de alivio, de pensar en el futuro y no poder creer que ese gran problema ya no iba a estar ahí.

Pero no, no pasó eso. Quizás porque es muy diferente de haberme recibido (alcanzar una meta que implica un logro personal). Aquí más bien nos sacamos un problema de encima, de la manera en que se pudo. Tuvo que morir una etapa de nuestras vidas para poder comenzar otra, de cero.

¿Será por eso que no me siento aliviada? ¿Será porque parte de mí está haciendo el duelo y sabe que hay mucho trabajo por delante?

Prefiero creer que en realidad es porque venía masticando este duelo desde hace tanto, que cuando llegó el momento ya lo tenía asumido, y el cambio vino con naturalidad.

Sea como sea, esta fue una buena semana. Lo que pasó es bueno, muy bueno, y esta Navidad mi familia y yo vamos a tener motivos para brindar, abrazarnos, y por primera vez en años, mirar al futuro con un poquito menos de miedo que el año anterior.

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