Cumpliendo metas

Escribo esto sentada en un café en el medio de la Ruta 1 de California. Nada más que subidas y bajadas, curvas y contra curvas, paisajes hermosos y la inmensidad de Pacífico delante mío. No podría pedir una mejor vista.  
La brisa del océano y el ruido tan suave que parece silencio me tranquilizan, y con esa tranquilidad pienso en dos hitos que alcancé en estos días. Hitos que no podrían ser más distintos, pero así me gusta vivir, llena de diferencias y eclectisismo. 
Uno es estar haciendo este viaje, esta travesía en auto que soñé durante tanto tiempo. Ver estos paisajes, con los que siento una conexión inexplicable, sentir la paz y la libertad de estar acá porque forjé mi propio camino.

El otro puede sonar absolutamente trivial en medio de tanta belleza, y probablemente lo sea, pero pertenece a la vida que me espera a mi regreso, a mi vida de todos los días. Y que es después de mucho tiempo de esfuerzo, mi canal de YouTube es finalmente mi comunidad más grande. Más que Facebook, Instagram, y, sobre todo, más que Twitter. 

Siento que ese pequeño acontecimiento, de apenas un número que supera a otro, afianza el camino que elegí, lo ratifica, le da la importancia para afuera que tiene para mí para adentro. 

Y me hace feliz que suceda mientras estoy en el medio del camino, con una vista increíble, y con mi compañero de ruta al lado. 

Me siento en paz, y eso siempre me hace feliz. 

Mil horas en el aeropuerto

Bueno, no mil horas literalmente, pero cuando te levantaste a las 3am y para las 11am seguís sin haber abordado tu vuelo, definitivamente se sienten como mil horas.

Anoche hubo una tormenta fuertísima en Buenos Aires, que se prolongó hasta la mañana de hoy, y eso causó demoras y cancelaciones en todos los vuelos de Ezeiza.

El mío de Avianca, a Bogotá vía Lima, no se canceló por suerte, pero ya lleva 4:30hs de demora y no hay perspectiva de abordar por al menos una hora más. No es culpa de ellos, obviamente, así que no hay motivos para quejarse ni insultar a nadie.

El tema de viajar en avión es ese: hay muchos imprevistos que te pueden alterar los planes.

En mi caso es realmente una pena porque mis horas en Bogotá antes de partir para Bucaramanga ya estaban contadas con cuentagotas de por sí, y ahora seguramente no pueda hacer nada de lo que tenía planificado, o lo tendré que hacer muy apurada.

En estas horas leí, trabajé, me dormí una siesta, me comí el bagel más duro del mundo y ahora estoy sentadita en el piso cerca de un enchufe para cargar la compu.

Horas de espera que no me desesperan porque si algo aprendí en los aeropuertos, es que con paciencia la pasás mil veces mejor que preocupándote permanentemente por cosas que ni vos ni nadie pueden resolver.

Y hey, al menos me sirvió de excusa para postear en el blog! :)

Viajar sin computadora

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Siempre que viajo me llevo mi computadora, sea mi Ultrabook o la Macbook del trabajo. Solamente la dejé en casa para las vacaciones en Disney el año pasado, y sobre todo porque con mi novio habíamos decidido que íbamos a llevar una sola para los dos, y la de él es mejor.

Este año, para las vacaciones por el viejo mundo, decidimos viajar sin compu ninguno de los dos.

Me da cosa, la verdad, porque siento que más allá de llevar el teléfono, es lo más desconectada que voy a estar en mucho tiempo. Y él también.

Me compré un teclado Bluetooth para el iPad (que sí me la voy a llevar, porque es lo mejor que hay para un viaje), para poder escribir desde allá. Pero una tablet es más para consumir contenidos que para producirlos.

Nada de hacer posts elaborados, ni editar fotos, ni hacer cosas complejas. Les confieso que hasta me da un poquito de ansiedad.

Eso sí, no se imaginan lo liviano que va mi bolso de mano ahora ;)

Dos semanas enteras sin computadora. ¿Cuándo fue la última vez?

Empacada

Empacada

Aunque no salgo de Buenos Aires sino hasta el viernes por la madrugada, ayer terminé de empacar el 90% de las cosas para mis vacaciones en San Pablo, Londres y Brasil (2, 10 y 2 días en cada lugar respectivamente).

Estos últimos días estoy trabajando tanto y con tan poco tiempo, que no quise arriesgarme a no tener tiempo de hacerlo durante la semana.

Ok, esa es la explicación que me repito a mí misma para no sentirme una víctima absoluta de mi ansiedad.

Lo cierto es que amo tanto armar la valija (y eso que esta vez no llevo mil cosas en mi bolso de mano), que me cuesta esperar. No resisto la tentación y la armo con varios días de anticipación (4 en este caso).

Mis vacaciones van a empezar con dos bodas en San Pablo, luego Londres, París y Londres de nuevo. Va a ser mi tercera vez en San Pablo, pero la primera en Londres y París, y sueño ya con caminar por esas calles cargadas de miles de años de historia.

Falta poco pero ya estoy empacada. Solo me queda cerrar mis asuntos pendientes en Buenos Aires, y prepararme para dos semanas de nuevas experiencias y pilas recargadas.

Viejo mundo, ¡allí voy!

Next Stop: Punta del Este

David Guetta

El año empieza con un mimo de la gente de Movistar, quienes me invitaron muy amablemente al Punta del Este Summer Festival :)

Va a ser un viaje express, salgo esta tarde y vuelvo mañana antes del mediodía, pero me entusiasma un montón.

Creo que la última vez que pisé suelo uruguayo fue hace 20 años, y sólo tengo recuerdos hermosos de mis vacaciones con la familia allá. Un país precioso, como salido de un cuadro. Sé que no voy a recorrer nada de Uruguay esta vez más que el micro desde Montevideo hasta Punta del Este, pero me alegra saber que voy a estar ahí una vez más.

El lineup del festival tiene a David Guetta como figura principal, Nervo, Deep Mariano y Fernando Picon.

Un plan absolutamente diferente de mi típico sábado a la noche, para bautizar el primer fin de semana de 2014.

¡Allí vamos!

Next stop: São Paulo

sao_paulo

Este miércoles embarco nuevamente, esta vez a un destino más cercano pero igual de desconocido para mí: São Paulo, Brasil.

Este va a ser mi viaje más espontáneo hasta ahora. Me enteré de un evento al que me interesa muchísimo asistir, conseguí entradas, canjeé mis millas de United y con menos de 10 días de anticipación reservé el hotel.

Estoy muy feliz por este viaje, porque además de poder ir al evento, voy a trabajar un par de días en el mismo lugar con mi amiga y colega Lygia, la persona con la que más hablo en la semana aunque estemos a miles de kilómetros de distancia, y al fin voy a poder conocer a Ana, una deuda pendiente desde hace ya mucho tiempo.

Me pone un poco nerviosa el tema de no hablar portugués, ahora sí que no voy a poder disimular que soy extranjera, pero al menos es un país hermano y limítrofe.

El desafío: viajar solo con equipaje de mano, lo mínimo indispensable, no despachar equipaje, y no hacer compras allá (salvo que los precios sean mucho mejores, cosa que desconozco). Tengo ganas de que sea un viaje simple y express.

Salgo el miércoles a la mañana, y para el domingo al mediodía ya voy a estar de vuelta en casa.

Beijos!

Chica de hotel

Soñar no cuesta nada...
Soñar no cuesta nada…

Uno de los principales obstáculos al momento de viajar, es, sin dudas, lo caro que puede volverse. Entre pasajes, comida, alojamientos y alguna que otra visita turística, las cuentas se van hasta el techo.

Sin embargo, siempre me acuerdo de las palabras de mi amigo Juancho: “Viaja el que quiere, no solo el que puede“.

A lo que se refería Juancho es que, dejando de lado gastos como los pasajes, hay muchas formas de que el viaje no sea tan caro, es solo cuestión de abrir un poco la cabeza y animarse.

Es que, verán, yo me considero por lo general una “chica de hotel”. Disfruto mucho de la experiencia clásica de viajar: amo el viaje en avión, y también amo estar en un hotel. La habitación siempre limpia, los “amenities” del baño, las camas mullidas y con muchos almohadones. Son lujos y comodidades que no tengo en casa –mejor dicho, lo tengo, pero lo hago todo yo, nadie lo hace por mí.

El tema es que claro, si uno tiene una idea de viajar seguido, te drena el presupuesto, o te limita a hacerlo cada par de años.

Me gustaría probar alguna vez lo que hacen otros amigos míos, que buscan departamentos de alquiler temporario, o también appart-hotels. No sé exactamente cuánto te ahorrás con el alojamiento en sí mismo, pero por ejemplo, para el tema de las comidas el presupuesto baja un montón, porque podés cocinarte en tu propia “casa”.

Los hosteles para mí están fuera de la cuestión, salvo contadísimas excepciones como puede ser viajar con muchos amigos. No me siento segura compartiendo habitación con desconocidos, donde cualquiera puede acceder a mis cosas. (Si alguno de ustedes tiene argumentos para convencerme de lo contrario, son bienvenidos).

Y por supuesto, siempre está la opción de crashear en la casa de algún amigo o pariente que viva justo en el lugar al que queremos ir, aunque para eso hay que tener suerte.

Para los que también se consideren “gente de hotel”, tengo algunos tips que me resultaron útiles en los últimos viajes (pregunten!), y para los que son más de departamentos temporarios o appart-hotels, ¿qué consejos me darían para sacar el mayor provecho de una experiencia así?

En tierra firme

Durante los últimos meses estuve pero no estuve. Entre los viajes de trabajo a Miami y New York, y las vacaciones en Orlando, cuando no estaba en el exterior, estaba en casa ya planificando el siguiente viaje, y sin comprometerme en nada demasiado a largo plazo porque el siguiente avión ya estaba en mi calendario.

Marzo, abril y mayo se suponía que iban a ser iguales, pero un cambio inesperado en el trabajo hizo que –en teoría– vaya a quedarme en tierra firme por al menos unos cuantos meses. Y aunque viajar es lo que más me gusta en el mundo, una parte de mí está contenta de estar en casa por un buen rato. Volver de verdad a Buenos Aires.

Avión

Estoy pensando en ir al cine, en llamar a mis amigas, en no hacer nada un fin de semana, en planificar cosas para el mismo lugar en el que estoy –y cuidar el presupuesto, que no viene nada mal. Hasta creo que me voy a anotar en clases de actuación, algo que venía pensando hace bastante tiempo.

Mi mente estuvo tan viajera que una buena dosis de home-sweet-home era quizás lo que más estaba necesitando.

PD: Sí, este post peca un poco de #FirstWorldProblem, pero déjenme disfrutarlo mientras dure!

El maravilloso mundo

Cuando uno la pasa bien, el tiempo vuela, así que imagínense que las últimas dos semanas se me pasaron en un abrir y cerrar de ojos:

Ya volví del “Maravilloso Mundo de Disney” a la vida real (aunque estoy firmemente comprometida a traerlo conmigo), con una inyección de energía y motivación que me hacía MUCHA falta. En estos días pude reconectarme con aspectos de mí misma a los que no les estuve dando espacio en el día a día, y eso me hizo muy bien.

Mi cuerpo no descansó. Lo hice levantarse alas 7am todos los días y caminar entre 8 y 10km diarios en promedio. Lo sometí a montañas rusas y simuladores, al sol que pica al mediodía, y a días enteros al aire libre con 4 grados de temperatura. Y sin embargo, me siento mejor de lo que me sentí en años.

Mi mente se desconectó por completo, en dos semanas sentí que el trabajo y las obligaciones eran cosa de hacía siglos.

Y mi niña interior se hizo un festín por todos lados. Estoy convencida de que este es un viaje que tendría que hacer cada 3 ó 4 años a modo de “mantenimiento del niño interior” :P

En fin, no puedo esperar a sentir todos los buenos efectos de este viaje en la vida normal. ¡Aquí vamos!

Ceci en Epcot

Quiero traer el espíritu viajero a casa

“No te amo por quien eres, sino por quien soy yo cuando estoy contigo”. Frase cursi y pegajosa, que en mi imaginación está salida de algún episodio de Dawson’s Creek, y que me parece una receta segura al fracaso de cualquier relación.

Excepto conmigo y los viajes.

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Estos días que estuve recorriendo Manhattan sola me di cuenta de que no me enamoran solamente las ciudades que conozco, aunque hermosas y maravillosas en si mismas.

Me enamora la persona que soy yo cuando estoy de viaje. Soy realmente una de mis mejores versiones.

Le presto atención a cada detalle, porque todo me parece increíble. Y no me quedo adentro, aunque haga frío o llueva, porque hay tanto por ver.

Me tomo el tiempo para visitar museos y parques. No me irrito por los otros turistas, al cabo, estamos todos en la misma.

Noto las funciones en el cine, y las obras de teatro. Pienso que ojalá tuviese el tiempo de verlas todas.

Y en este último viaje me cayó la ficha: ¿por qué no puedo ser esa persona un poco todos los días?

Si, seguro que acá en casa trabajo y al final del día estoy agotada, y que conozco bastante bien mi ciudad. Pero aún tengo tanto por ver, por hacer, por conocer.

Así que es mi firme propósito (uno de los tantos que estoy haciéndome este año) traer a la Ceci de viaje a casa, que se quede conmigo.

Porque amo la Ceci que soy cuando estoy de viaje, pero creo que con voluntad puedo tener ese espíritu en cualquier momento.