Me autocoroné la Reina de la Procrastinación

Procrastinar es una palabra fancy y difícil para cuando hacemos cualquier otra cosa excepto las cosas que tenemos que hacer.

Yo procrastino un montón, y sobre todo lo hacía en el colegio y en la facultad, cualquier cosa con tal de no estudiar. Separar la ropa en el armario, ordenar cajones, ir al gimnasio, ordenar archivos en la computadora.

Cualquier cosa con tal de no ponerme manos a la obra con lo que era importante.

Pero para avanzar en la vida con las cosas que queremos alcanzar, a veces no queda más que dejarnos de mariconear y hacer lo que hay que hacer.

Así que después de mucho tiempo me dejé de dar vueltas y les preparé este video.

El primero de una nueva etapa.

PD: Cópense, compartan con sus amigos, denme feedback que soy súper novata en esto, y de paso mangazo, suscríbanse al canal en YouTube ;)

Así que esto es lo que se siente cuando perdés la final…

Salimos segundos. Argentina subcampeona del Mundial Brasil 2014.

Dimos un partido más que digno con el rival más fuerte de todo el campeonato, tanto que hasta por un rato nos animamos a soñar con que podíamos ganar. Bueno, durante más que un rato.

Pero el deporte es como la vida muchas veces, ¿no? Una distracción, un descuido, y boom, se viene todo abajo.

Sí, la amargura y la tristeza está, pero no por lo que fue, sino por lo que pudo haber sido y no fue. Un poco como en ese capítulo de Doctor Who de Clara y su hoja del árbol. Perdón, volvamos al fútbol.

Me entristece no haber podido gritar que somos campeones esta vez. Pero todo lo demás, me pone feliz.

Llegamos a la final, jugamos los 7 partidos.

Todos decían que “no teníamos ninguna chance” y le pusimos el frente a la situación durante casi 120 minutos. Perdimos 1 a 0. Nada mal. Nada, nada mal.

Argentina subcampeon

De los jugadores no tiene sentido en pensar en qué podrían haber hecho o dejado de hacer. Hubo muchas oportunidades que no se dieron, hubo estrellas que no brillaron, pero al fin y al cabo hicieron un gran campeonato y son ellos los que están allí poniendo el cuerpo. Nada de críticas, solo agradecimientos.

Del penal no cobrado, no me voy a quedar rumiando con eso. Yo creo que fue penal, pero es distinto a lo que le pasó a México con Holanda, o a nosotros mismos con Alemania en el ’90. En esos casos les cagaron el partido, en este… bueno, nos quitaron la posibilidad de que sea mucho más fácil, pero nadie sabe qué podría haber pasado. Prefiero no pensarlo, no usarlo como excusa. Lo que no fue, no fue.

Para los que salieron a festejar el segundo puesto, aplausos. Eso es hacerle frente a una “adversidad” y disfrutar de las cosas buenas que quedan. ¡Tuvimos un mes entero de buen fútbol y nos fuimos lo más cerca posible de haber alcanzado la copa! ¿Podría haber sido mejor? Claro. ¿Eso quita todo lo otro bueno? Para nada.

A los que se calentaron porque algunos brasileños y sus medios se mofaron de nuestro segundo puesto… ¡ni cabida! Cuando algo es tan ridículo uno ni siquiera tiene que dedicarle dos segundos de tiempo.

Y a los que empezaron con los disturbios en el centro, por mí que les caiga un piano encima a cada uno de ellos. No había lugar para eso hoy. Lo arruinaron. Ellos fueron los perdedores hoy.

En fin, perder la final. Es agridulce. Me quedo con la tristeza de lo que pudo haber sido, pero la felicidad de todo lo que fue.

En entusiasmo, la alegría, los abrazos con los amigos, pintarse la cara, gritar en el balcón.

¿Quién te quita lo bailado?

Nos vemos en Rusia 2018, para intentar dar un paso más.

Así que esto es lo que se siente cuando llegás a la final…

Argentina a la Final 2014

La última vez que Argentina salió campeón, yo tenía un año. Mis papás me cuentan que me llevaron al balcón a tirar papelitos, pero por supuesto que yo no lo recuerdo.

La última vez que llegó a la final fue en el ’90, y tampoco lo recuerdo. Nada eh, ni un poquito. Recién recuerdo el mundial ’94 vagamente, la cara drogada de Maradona, no mucho más.

Desde el ’98 hasta ahora solo recordaba decepciones, razón por la cual para mí, el “Argentina campeón”, el “Volveremos, volveremos”, era solo una leyenda. Algo que pasó en una época anterior pero no en la mía, no en mi realidad, no en mi Universo.

Y entonces ayer pasamos, agonizando hasta el último segundo, a la final del Mundial.

No les puedo explicar lo que se siente. Definitivamente no me lo esperaba, nunca me gustó demasiado el fútbol, apenas si veo los partidos del Mundial cada 4 años. Me parecía una exageración todo lo que los demás contaban.

Pero ahora aquí me tienen, feliz, extasiada, eufórica, sonriendo sin motivo aparente, y con algo que si no es felicidad, le pega en el palo.

No sé qué es. No es patriotismo –mi país sigue siendo el mismo que hace un mes. No me siento más ni menos orgullosa de ser argentina (aunque sí me dan orgullo los jugadores y el plantel técnico).

Es la sensación de que AL FIN hay algo que nos pone contentos a los +40 millones al mismo tiempo. Sin banderas políticas, solo con la alegría de que eso que parecía una leyenda, se está convirtiendo en realidad.

No sé qué va a pasar el domingo, pero todo valió la pena. Solo por esta sensación hermosa de poder ir a la final, y que esa bella leyenda que me contaban mis papás sea tan tangible, tan real.

Así se siente. Se siente felicidad, y miedo, y compañerismo, y buen humor, y vamos Argentina carajo que estamos ahí nomás!!!!

La experiencia de comer sin ver

La semana pasada tuve una de las experiencias más interesantes en mucho tiempo, una que me toca en lo personal pero que al mismo tiempo fue muy lindo poder compartir con otras personas –conocidos y desconocidos.

La gente de Poett Argentina me invitó a mí y un grupito reducido a almorzar en Gallito Ciego: un restaurante montado sobre un micro (autobús, para los lectores no-argentinos) que está llevado adelante por un equipo de gente ciega y en el cual se come completamente a oscuras.

Y cuando digo completamente es completamente.

gallito-ciego

Los que me leen desde hace tiempo sabrán que mi papá es discapacitado visual, así que no les será difícil imaginar que por un momento me pregunté si la experiencia no me resultaría angustiante. Para mi agradable sorpresa, no fue así.

Guiados por uno de los mozos, que nos llevó adentro del comedor “en trencito” e indicándonos que nos orientemos con el borde de la mesa y del gran banco, nos sentamos a la mesa. Yo quedé en la punta más lejana y tengo que admitir a oscuras la mesa parecía muchísimo más larga de lo que resultó ser cuando prendieron la luz.

Una vez que nos sentamos todos, tuvimos charlas amenas mientras con mucho cuidado nos iban sirviendo la comida. Estas son algunas de las cosas que experimenté:

  • Impresiona mucho la sensación de tener los ojos abiertos y no ver. No es para nada lo mismo que tenerlos vendados. Para una persona vidente, el cuerpo es como que no entiende qué está pasando.
  • A los pocos minutos sentía mi mirada completamente relajada.
  • Al estar en la oscuridad y saber que nadie me podía ver tampoco, mi cara también estaba completamente relajada.
  • Creo que debe haber sido la cara más auténtica que tuve en mi vida. Solamente lo que mis músculos faciales tenían ganas de hacer.
  • No nos dijeron qué es lo que íbamos a comer, así que lo tuvimos que adivinar por gusto y tacto. Eso hizo que disfrute mucho más la comida, porque al no poder entrarme “por los ojos”, mi boca y nariz sintieron mucho más.
  • Todos los movimientos son mucho más lentos, el tacto se potencia.
  • El contacto de persona a persona se volvió mucho más cuidadoso, más “humano”. Para pasarnos la jarra con agua teníamos que encontrarnos las manos, sentir que el otro la estuviese teniendo firme, ponernos de acuerdo para hacer el pase.
  • Mientras que al principio a todos nos dio mucha ansiedad estar sin vista, al final del almuerzo no queríamos que la experiencia termine, queríamos estar con la luz apagada un ratito más.

Por supuesto que con esto no estoy tratando de romantizar la ceguera ni mucho menos. Parte de haber disfrutado tanto la experiencia era, sin dudas, saber que era temporal.

Sin embargo, fue un aprendizaje muy fuerte en dos sentidos.

El primero es en entender un poco mejor las actitudes y movimientos de mi papá. Sí, a pesar de que él es discapacitado visual desde hace 14 años, las dos horas que estuve en Gallito Ciego me hicieron poder entenderlo de una forma que antes no había logrado. Quiero volver con mi papá, mi mamá y mi hermana, porque sería una experiencia muy enriquecedora para nosotros como familia.

La segunda es entender cómo los sentidos condicionan nuestro humor, nuestras formas de interactuar, de crear, y obviamente de vivir. Una verdad de Perogrullo si quieren, pero una cosa es decirlo y otra cosa es vivirlo, se los aseguro.

En principio los invito a hacer la experiencia de Gallito Ciego (el Teatro Ciego me dijeron que es muy bueno también) pero además –y en esto me incluyo– a buscar estimular más los otros sentidos en el día a día.

Una linda fragancia, ropa suave sentarse en silencio y detectar los sonidos que te rodean. Les aseguro que es una pausa muy necesaria de nuestra vorágine diaria en la cual nuestros sentidos funcionan en piloto automático.

Cierro con estos dos videos que la gente de Poett Argentina nos mostró.

En uno podrán ver qué pasa cuando le cuentan cuentos a dos grupos de chicos en dos ambientes bien diferentes. En el otro, cómo un grupo de artistas crea en diferentes condiciones de espacio.

Espero que los disfruten :)

La foto se la robé a @elenapaoloni, con quien tuve el gustazo de compartir la experiencia, junto con @maruluzar @leandroleunis @abulacio @jorchu @gmames y @trinidadromero entre otros.

¿Existen los aliens? Para mí, ni siquiera es una pregunta

Ya sé que de una persona fantática de la Ciencia Ficción que no hace otra cosa que mirar Doctor Who en su tiempo libre este no es un tema particularmente objetivo, pero aún así, quiero decir algo.

Hay cosas que uno no se cuestiona.

Algunas personas no se cuestionan la existencia de un Dios, o, por el contrario, no se cuestionan que no hay uno. (Yo aún no me decido).

Pero cuando escucho a alguien preguntarse si existen los aliens, o no… para mí ni siquiera debería ser una pregunta.

Incluso aunque todas las historias de avistamientos sean falsas, engaños de la mente humana, cuentos para niños, me resulta absolutamente imposible concebir que NO haya vida afuera de este planeta.

Quizás no los encontremos nunca. Definitivamente no albergo esperanzas de llegar a siquiera enterarme de un “encuentro cercano” en el transcurso de mi vida.

Pero en el Universo Observable hay más de 300.000 TRILLONES de estrellas. Cada mes que pasa se detectan más y más planetas. ¿Qué posibilidades hay de que el nuestro sea el único planeta con vida desarrollada?

Para mí es ridículo siquiera pensarlo.

Aunque estén a miles de años luz y jamás los conozcamos, están ahí. Y quién te dice que algunos no se estén planteando esto mismo.

En fin. No estoy segura de muchas cosas en mi vida. Pero de que no estamos solos, no estamos solos.

Aliens

Nuevo desafío: usar el mouse con la mano izquierda

Tendinitis

Como parece que este año estoy decidida a desafiarme en todos los aspectos que pueda, decidí ponerle buena cara a mi tendinitis en la mano derecha, y aprovechar esto como la oportunidad para empezar a usar el mouse con la mano izquierda… definitivamente.

¿Por qué?

  • Porque así voy a ejercitar más mi mano no-hábil
  • Eso implica estimular un poquito más el hemisferio derecho
  • Y de paso le doy descanso a mi mano derecha, que la uso básicamente para el resto de las cosas en mi vida

El primer y lógico paso que di fue cambiar el mouse de lugar e invertir los botones. El primer día tardaba 3 minutos en arrastrar un mail de una carpeta a otra.

Pero hoy ya me muevo un poco más canchera, y me da la sensación de que en un par de semanas lo voy a tener bastante dominado.

Pequeños pasos, baby steps.

El otro día leía que mejorar tu vida de un 1% a la vez termina haciendo una gran diferencia en el largo plazo, y me parece que este es un 1% que puedo hacer casi sin notarlo.

La vida no se divide en “buenos” y “malos”

Buenos y malos

En el contexto país en el que vivimos, creo que una de las peores epidemias que tenemos es que la gente piensa en absolutos: existen solo buenos y solo malos.

Si te gusta en Gobierno, son todos buenos y la oposición son todos malos.

Si te gusta el Grupo Clarín, son todos buenos y el Gobierno es todo malo.

Vamos, si hasta hoy parece que si no te gusta el Gobierno, Tinelli es el salvador del país.

El tema, amigos, es que la vida no se divide en “buenos” y “malos”. Y es más: puede haber muchos “malos” al mismo tiempo.

Gobiernos corruptos, empresas que ponen sus intereses antes que los de la gente, estafadores, evasores. Que se peleen entre ellos no hace que unos sean bueno y los otros malos.

Entonces, me gustaría que este viernes tormentoso recordemos dos cosas:

1- Nadie es 100% bueno ni 100% malo.
2- Hay mucha gente que se caga en el pueblo, de muchos bandos diferentes; no te dejes convencer de lo contrario.

En fin, una reflexión express de un tema bastante complejo, pero que no quería dejar de mencionar, porque me pone mal cuando veo que hay personas que depositan su amor en un solo bando y su odio en el otro, y se olvidan que en el medio estamos nosotros, la gente común, que siempre salimos perdiendo.

Cada uno de nosotros tiene sus propias orientaciones. Pero no hay que olvidarse que la que más nos tiene que mover es la de cuidarnos mutuamente, más allá de toda ideología.

Silencio expectante

No puedo escribir sobre cosas triviales, porque no es el momento.

No puedo escribir sobre las cosas importantes, porque es todo muy incierto.

Sólo sé que que la última vez que tuve esta sensación de miedo e inseguridad económica fue en 2001. Y en ese entonces era chica, a mis papás todavía les iba más o menos bien, y podían cuidarme.

Hoy ya no es así, y mierda que da miedo. Pero al menos me encuentra con un compañero inmejorable, listo para peleara hasta las últimas consecuencias.

Silencio expectante. Sólo deseo que esto sea el inicio de una recuperación. Si tenemos que apretarnos todavía más, que sirva para volver a estar bien.

Si tan solo tuviésemos la certeza.

No me importa lo que piensen los demás (¡pero necesito que todos lo sepan!)

Si claro

Hace algunas semanas comentaba en Twitter sobre el tatuaje de una chica que vi en la calle. En su brazo estaba la frase “Only god can judge me”, y a mí me llamó la atención que haya escrito “god” en minúsculas. Mi lógica es que si creés en Dios lo suficiente como para ponértelo en un tauaje, lo harías en mayúsculas, pero bueno, eso es cosa de ella y su tatuaje.

En realidad, ella es solo una de muchas personas que día a día necesitan recordarles al mundo que no les importa lo que ellos piensen, y no puedo dejar de encontrar una contradicción en ese acto.

Hace solo un par de días un chico en la calle llevaba una remera con un lema semejante (algo como “I don’t care what people say”), y la esencia de esto se repite en incontables canciones, bios de Twitter, actualizaciones eufóricas de Facebook, y citas en Pinterest.

A mí me parece contradictorio. Yo creo que si tanto necesitás hacerle saber al mundo que no te importa lo que opinen es que, por lo menos, te importa que sepan que no te importa.

Una cosa es comentarlo casualmente en una charla. Otra es tenerlo como la insignia de tu vida. Te importa, y mucho.

Me recuerda a cuando era adolescente y miraba a las chicas que se vestían “alternativas” y las que se vestían como góticas. Estéticamente me gustaba mucho su estilo, pero nunca logré imitarlo.

Es que de la misma forma que nunca pude dedicarme horas a arreglarme para verme “normal” (o cheta, si quieren), tampoco podía entender cómo esas otras chicas pasaban tantas horas arreglándose solo para verse diferentes. Cuánta energía puesta en diferenciarse visualmente. (Esto lo dice alguien que no tiene el menor sentido de la moda, de todas formas, así que tómenlo como tal.)

Para mí la diferencia, el “no me importa”, es interno, y se traduce en las actitudes con las que uno afronta la vida.

A mí me suele importar mucho lo que piensen los demás, y eso es algo que permanentemente trato de cambiar, porque no sirve de nada. Y me imagino que el día que lo logre, simplemente me voy a sentir satisfecha, y no voy a necesitar gritarle al mundo que no me importa su opinión.

Me imagino así:

No me importa

Así, que te resbale todo como solo Garfield lo puede ilustrar.

En fin, el comentario es con respecto a la contradicción que me resulta, y no como una crítica a las personas que necesitan expresarlo. De ellos, que hagan lo que quieran y que sean felices.

Nadie merece morir por un error

¿Alguna vez cruzaron una calle, aunque el semáforo no esté a favor, solo porque no venía ningún auto? Qué pregunta la mía, seguro que sí. Todos lo hacemos, todo el tiempo.

Morir por un error

Y seguramente les pasó que alguna de esas veces, a lo lejos, venía un auto acelerando aunque los vieran cruzar. Sí, estás cruzando mal y el auto tiene derecho a pasar. El auto acelera apurándote, desafiándote, mostrándote quién es el dueño de la calle.

Terminás de subir rápido a la vereda y medio segundo después sentís la ráfaga de aire del auto a toda velocidad a tus espaldas. Una velocidad habilitada pero innecesaria.

Cada vez que un auto “apura” a un peatón que está cruzando mal, pienso si no se dan cuenta de lo peligroso que es. Que si el peatón, en todo su error, llega a frenar o se tropieza, lo matan.

Nadie merece morir por un error
. Y estoy segura que nadie quiere vivir con una muerte en su consciencia solo por “tener el derecho” a acelerar el auto. Pienso un montón en eso.

De la misma forma que el que sale a manejar borracho no solo se pone en riesgo a sí mismo sino a todos los que compartan su camino, es mejor movernos sabiendo que el otro puede cometer errores, y que por más equivocados que estén, como humanos tenemos que cuidarnos entre todos.

Hoy vi en Facebook esta publicidad sobre conciencia vial, y me alegra saber que no soy la única que lo piense así.