Mil horas en el aeropuerto

Bueno, no mil horas literalmente, pero cuando te levantaste a las 3am y para las 11am seguís sin haber abordado tu vuelo, definitivamente se sienten como mil horas.

Anoche hubo una tormenta fuertísima en Buenos Aires, que se prolongó hasta la mañana de hoy, y eso causó demoras y cancelaciones en todos los vuelos de Ezeiza.

El mío de Avianca, a Bogotá vía Lima, no se canceló por suerte, pero ya lleva 4:30hs de demora y no hay perspectiva de abordar por al menos una hora más. No es culpa de ellos, obviamente, así que no hay motivos para quejarse ni insultar a nadie.

El tema de viajar en avión es ese: hay muchos imprevistos que te pueden alterar los planes.

En mi caso es realmente una pena porque mis horas en Bogotá antes de partir para Bucaramanga ya estaban contadas con cuentagotas de por sí, y ahora seguramente no pueda hacer nada de lo que tenía planificado, o lo tendré que hacer muy apurada.

En estas horas leí, trabajé, me dormí una siesta, me comí el bagel más duro del mundo y ahora estoy sentadita en el piso cerca de un enchufe para cargar la compu.

Horas de espera que no me desesperan porque si algo aprendí en los aeropuertos, es que con paciencia la pasás mil veces mejor que preocupándote permanentemente por cosas que ni vos ni nadie pueden resolver.

Y hey, al menos me sirvió de excusa para postear en el blog! :)

¡¡Corrí los 5K de McDonald’s 2014!!

M5K

El sábado pude ponerme a prueba otra vez en este asunto de corrrer que se me metió en la cabeza este año: completé la 5K de McDonald’s en Puerto Madero.

El quipo de McDonald’s me invitó muy amablemente dos semanas antes de la carrera, y yo que estaba mentalizada en entrenar con tranquilidad para la de LAN (que me anoté por mi cuenta y se corre el 30 de noviembre) de golpe me vi con una carrera en menos de 15 días.

Pero en vez de achicarme y rechazar la invitación, la acepté con ganas y me dispuse a ponerme las pilas y entrenar lo más que pueda. Es que aunque corrí la 10K de Fila en abril, tengo que admitir que no me moví en todo el invierno, y recién con la primavera volví a salir a correr.

A mitad de camino yendo a la carrera me di cuenta que no solo no me había puesto protector solar, sino que me había olvidado el celular. Sí. El celular. Eso significaba no solo que no iba a poder comunicarme con la gente que sabía que también iba a estar ahí, sino que no iba a poder escuchar nada de música durante la carrera. Me angustié pensando que me iba a aburrir muchísimo pero, spoiler alert, no fue el caso.

Llegué con tiempo antes de la largada y en la carpa de prensa me quedé charlando un rato con Flor Lujani y con Flo Perira (que después hicimos la largada juntas).

Bajo el sol abrasador de las 5pm, salimos. 99% de mujeres, algunas corriendo solas, como yo, y otras corriendo con amigas.

Algunas con vinchas con orejas de gatitos, o con flores, algunas vestidas de la Mujer Maravilla y otras sin ningún distintivo pero corriendo lado a lado y dándose ánimo.

En ese sentido fue muy distinto a la 10K de Fila, que era más competitiva, más «seria». En esta daba la impresión de que todas habían ido simplemente a divertirse y desafiarse.

Como todavía me cuesta un poco hacer tramos largos sin parar, corrí la mayor parte del tiempo pero lo intercalé con caminar de tanto en tanto, para recuperar el aire.

El calor era agobiante así que cuando llegamos a las botellitas de agua, tomé un sorbo y, por primera vez desde que hago esto, me tiré el resto del agua arriba de la cabeza. Eso ayudó considerablemente a bajarme la temperatura –y también a tener más look de destruida, por supuesto.

Llegué a la meta cansada pero feliz. Agarré mi medalla y me fui primero a un costado en el pasto para descansar y elongar un ratito, y luego de vuelta a la carpa de prensa donde un grupo de preparadores físicos estaban ayudando a elongar mejor. Aproveché, y lo bien que hice: al día siguiente apenas si me dolían un poquito los abdominales (que nunca estiré) pero nada de las piernas.

Caminé hasta tomarme un taxi a la vuelta sintiendo, por primera vez, el famoso «runner’s high». Me sentía MIL caminando por la calle, con el pelo ya secándose y enrulado, las mejillas coloradas, y ese bienestar que solo las endorfinas pueden darte.

Así que, un desafío más cumplido, y vamos por más.

2014 va a haber sido el año en que descubrí aspectos de mí misma que no sabía que estaban ahí. Y me encanta.