Desaparecida en acción, parte 2

Triste

Siempre me prometí a mí misma que no iba a ser nunca uno de esos bloggers que empieza un post diciendo “perdón, hace mucho que no escribo”, así que no lo voy a hacer. Pero ustedes me entienden.

El último mes y medio, o dos, viene siendo bastante duro, y me drenó de toda voluntad incluso para hacer las cosas que me gustan. Con la hermosa excepción de la semana en San Francisco, que ahora parece haber sucedido hace 10 años, estoy pasando por un momento bastante complicado. Jodido.

Siempre me referí a estos temas con bastante vueltas en el blog, pero hoy voy a tratar de ser lo más sincera posible, porque si no, ¿para qué sigo haciendo esto?

Mis viejos están en problemas financieros. Feos. De esos que no sabés cómo van a hacer para salir. Eso significa que yo, que todavía no cumplí ni los 29, estoy teniendo que mantenerlos junto a mi hermana, que recién cumplió 25 la semana pasada.

Esto es no solo estresante a nivel económico para mí, que me deja sin capacidad de ahorrar o de gastar mi merecida plata en lo que quiera, sino que es una preocupación terrible de fondo.

Todo el tiempo pienso cómo van a salir de ésta, si algún día van a poder volver a ser autosuficientes, o si el “hacerse cargo de sus padres” que a muchos les llega a los 50, 60, a mí me habrá tocado antes de los 30.

Mi papá es discapacitado visual, creo que eso lo saben, y encontrar trabajo es sumamente difícil para él, aunque haya sido un laburante toda su vida.

Mi mamá se dedicó a ser ama de casa desde que me tuvo a mí, y salir a un trabajo formal por primera vez a los 51 (sí, es así de joven) es aterrador. Pero hey, si se enteran de alguien que pueda necesitar a una mujer con mucha garra y ganas de trabajar, no dejen de avisarme.

Detrás de todo esto hay un contexto familiar más amplio sumamente turbio, pero bueno, de eso sí que no les puedo hablar en este momento.

Me siento angustiada y preocupada. Cuando llego a casa a la noche ya no me queda voluntad para escribir, ni siquiera para jugar a algo. Solamente me quedo pasiva, en el sillón, mirando algún capítulo repetidísimo de alguna serie vieja, o yéndome a dormir temprano, para cerrar de una buena vez otro día lleno de preocupaciones.

Desde que empecé a escribir online, hace más de 5 años, siempre traté de mantenerme positiva (para afuera y para adentro), incluso en los momentos más duros. Y definitivamente éste no es el primero, ni el último, ni probablemente el peor de todos.

Pero ya no puedo poner buena cara al mal tiempo. Ya me quedé sin fuerza, sin ganas.

Hoy sólo quiero que sepan que estoy así, triste, preocupada, vulnerable, frustrada.

Así, nada más.