Chica de hotel

Soñar no cuesta nada...
Soñar no cuesta nada…

Uno de los principales obstáculos al momento de viajar, es, sin dudas, lo caro que puede volverse. Entre pasajes, comida, alojamientos y alguna que otra visita turística, las cuentas se van hasta el techo.

Sin embargo, siempre me acuerdo de las palabras de mi amigo Juancho: «Viaja el que quiere, no solo el que puede«.

A lo que se refería Juancho es que, dejando de lado gastos como los pasajes, hay muchas formas de que el viaje no sea tan caro, es solo cuestión de abrir un poco la cabeza y animarse.

Es que, verán, yo me considero por lo general una «chica de hotel». Disfruto mucho de la experiencia clásica de viajar: amo el viaje en avión, y también amo estar en un hotel. La habitación siempre limpia, los «amenities» del baño, las camas mullidas y con muchos almohadones. Son lujos y comodidades que no tengo en casa –mejor dicho, lo tengo, pero lo hago todo yo, nadie lo hace por mí.

El tema es que claro, si uno tiene una idea de viajar seguido, te drena el presupuesto, o te limita a hacerlo cada par de años.

Me gustaría probar alguna vez lo que hacen otros amigos míos, que buscan departamentos de alquiler temporario, o también appart-hotels. No sé exactamente cuánto te ahorrás con el alojamiento en sí mismo, pero por ejemplo, para el tema de las comidas el presupuesto baja un montón, porque podés cocinarte en tu propia «casa».

Los hosteles para mí están fuera de la cuestión, salvo contadísimas excepciones como puede ser viajar con muchos amigos. No me siento segura compartiendo habitación con desconocidos, donde cualquiera puede acceder a mis cosas. (Si alguno de ustedes tiene argumentos para convencerme de lo contrario, son bienvenidos).

Y por supuesto, siempre está la opción de crashear en la casa de algún amigo o pariente que viva justo en el lugar al que queremos ir, aunque para eso hay que tener suerte.

Para los que también se consideren «gente de hotel», tengo algunos tips que me resultaron útiles en los últimos viajes (pregunten!), y para los que son más de departamentos temporarios o appart-hotels, ¿qué consejos me darían para sacar el mayor provecho de una experiencia así?

Pr0n

xxx

Cuando tenía 16 ó 17, le dije a mi primer novio, vaya uno a saber en qué contexto, «Obvio que tenés porno en la computadora».

Me respondió algo como «¿Ah si? Tomá mi compu y fijate a ver si encontrás algo».

Me senté tranquila en su silla con rueditas, y lo primero que hice fue ir a Opciones de Carpeta > Mostrar archivos ocultos.

Él se levantó a la velocidad de la luz, me empujó la silla con rueditas, se tiró atrás del escritorio y desenchufó la computadora. De una.

Siempre me da risa acordarme de eso, me sentí muy smartypants.

En tierra firme

Durante los últimos meses estuve pero no estuve. Entre los viajes de trabajo a Miami y New York, y las vacaciones en Orlando, cuando no estaba en el exterior, estaba en casa ya planificando el siguiente viaje, y sin comprometerme en nada demasiado a largo plazo porque el siguiente avión ya estaba en mi calendario.

Marzo, abril y mayo se suponía que iban a ser iguales, pero un cambio inesperado en el trabajo hizo que –en teoría– vaya a quedarme en tierra firme por al menos unos cuantos meses. Y aunque viajar es lo que más me gusta en el mundo, una parte de mí está contenta de estar en casa por un buen rato. Volver de verdad a Buenos Aires.

Avión

Estoy pensando en ir al cine, en llamar a mis amigas, en no hacer nada un fin de semana, en planificar cosas para el mismo lugar en el que estoy –y cuidar el presupuesto, que no viene nada mal. Hasta creo que me voy a anotar en clases de actuación, algo que venía pensando hace bastante tiempo.

Mi mente estuvo tan viajera que una buena dosis de home-sweet-home era quizás lo que más estaba necesitando.

PD: Sí, este post peca un poco de #FirstWorldProblem, pero déjenme disfrutarlo mientras dure!

El maravilloso mundo

Cuando uno la pasa bien, el tiempo vuela, así que imagínense que las últimas dos semanas se me pasaron en un abrir y cerrar de ojos:

Ya volví del «Maravilloso Mundo de Disney» a la vida real (aunque estoy firmemente comprometida a traerlo conmigo), con una inyección de energía y motivación que me hacía MUCHA falta. En estos días pude reconectarme con aspectos de mí misma a los que no les estuve dando espacio en el día a día, y eso me hizo muy bien.

Mi cuerpo no descansó. Lo hice levantarse alas 7am todos los días y caminar entre 8 y 10km diarios en promedio. Lo sometí a montañas rusas y simuladores, al sol que pica al mediodía, y a días enteros al aire libre con 4 grados de temperatura. Y sin embargo, me siento mejor de lo que me sentí en años.

Mi mente se desconectó por completo, en dos semanas sentí que el trabajo y las obligaciones eran cosa de hacía siglos.

Y mi niña interior se hizo un festín por todos lados. Estoy convencida de que este es un viaje que tendría que hacer cada 3 ó 4 años a modo de «mantenimiento del niño interior» :P

En fin, no puedo esperar a sentir todos los buenos efectos de este viaje en la vida normal. ¡Aquí vamos!

Ceci en Epcot