Momentos definitorios capturados en un tweet

Hoy estaba mirando mi archivo de tweets, riéndome de las cosas que escribía en 2008, con tanta energía y entusiasmo, siendo nueva en la comunidad online a la que me integré.

Entonces me encontré con este tweet:

Imposible olvidar ese fin de semana fatídico. Y maravilloso que en Twitter tenga la posibilidad de revivir cada uno de esos momentos definitorios (buenos y “malos”) en mi vida por lo que pensaba en 140 caracteres o menos.

Más fluido y espontáneo que un diario íntimo, quizás sin tanto detalle, pero con todo el sentimiento.

¿Encontraron tweets de momentos importantes en sus vidas revolviendo en los archivos?

PD: Menos mal que el mundo no se terminó ese fin de semana. Lo mejor estaba por venir.

El cambio da miedo

Justo hace unos días publicaba esta imagen, medio en serio medio en chiste, sobre permitir el cambio, hacerle lugar.

En mi trabajo hace bastante que estábamos buscando eso, darle lugar al cambio, con las resistencias propias y ajenas que eso implica. Todos queremos estar mejor, pero es ridícula la cantidad de veces en las que pretendemos que eso pase mágicamente, sin cambiar nada.

Cambio

Y medio de esta lucha por hacerle lugar al cambio, convencidas de que cosas geniales vendrán de él, nos cayó una noticia inesperada que cambia todo. TODO.

Si bien no tengo miedo, la incertidumbre me pone ansiosa. ¿Qué vendrá? ¿Cómo será? ¿Será mejor y emocionante? En este momento no tengo forma de saberlo y mi cabeza no puede pensar en otra cosa.

Entonces me parece un momento perfecto para recordar algo en lo que creo firmemente: nada es permanente, solo el cambio. Y aunque no puedo controlar qué va a pasar, sí puedo comprometerme a afrontarlo con lo mejor que tengo para dar.

Al fin y al cabo, muchas de las mejores cosas de mi vida fueron consecuencias de cambios inesperados. Ser flexible es la mejor forma de atravesarlo.

Si me preguntás que hice el fin de semana…

Dormí, jugué Skyrim, dormí la siesta, jugué Skyrim, cené con amigos, dormí, escribí, jugué Skyrim, cené con mi mejor amiga y nos la pasamos hablando de su boda, dormí un poco más, empecé a separar la ropa para las vacaciones, leí dos libros, empecé Final Fantasy XIII-2, dormí más.

Ojalá todos los fines de semana tuviesen 4 días. Aunque las semanas después durasen 8, no importa. Tener el tiempo para relajarse y la tranquilidad mental de que no se te acaba “ya” me da pilas para afrontar todas las tareas de la semana.

Solo 10 días para las vacaciones…

Quiero traer el espíritu viajero a casa

“No te amo por quien eres, sino por quien soy yo cuando estoy contigo”. Frase cursi y pegajosa, que en mi imaginación está salida de algún episodio de Dawson’s Creek, y que me parece una receta segura al fracaso de cualquier relación.

Excepto conmigo y los viajes.

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Estos días que estuve recorriendo Manhattan sola me di cuenta de que no me enamoran solamente las ciudades que conozco, aunque hermosas y maravillosas en si mismas.

Me enamora la persona que soy yo cuando estoy de viaje. Soy realmente una de mis mejores versiones.

Le presto atención a cada detalle, porque todo me parece increíble. Y no me quedo adentro, aunque haga frío o llueva, porque hay tanto por ver.

Me tomo el tiempo para visitar museos y parques. No me irrito por los otros turistas, al cabo, estamos todos en la misma.

Noto las funciones en el cine, y las obras de teatro. Pienso que ojalá tuviese el tiempo de verlas todas.

Y en este último viaje me cayó la ficha: ¿por qué no puedo ser esa persona un poco todos los días?

Si, seguro que acá en casa trabajo y al final del día estoy agotada, y que conozco bastante bien mi ciudad. Pero aún tengo tanto por ver, por hacer, por conocer.

Así que es mi firme propósito (uno de los tantos que estoy haciéndome este año) traer a la Ceci de viaje a casa, que se quede conmigo.

Porque amo la Ceci que soy cuando estoy de viaje, pero creo que con voluntad puedo tener ese espíritu en cualquier momento.