Adiós, lindo gatito

Esta mañana se murió mi gato Simón. Hacía meses que venía luchando contra su enfermedad en los riñones, deteriorándose muy rápido, y hoy su cuerpito dijo basta.

Ayer antes de irme de casa lo acaricié y le agradecí por todo el amor que nos dio en estos pocos años que lo tuvimos, desde esa mañana de marzo o abril, cuando yo todavía iba a la Universidad, en la que lo encontramos entre las plantas, asustado, con su ojo mocho y su cara de “no te acerques”. Lo que pensamos que iba a ser “un par de horas hasta que aparezca su dueño” se convirtió en un nuevo miembro de la familia, más pegote y amoroso de lo que hubiésemos podido imaginar.

Simon

Me imaginé que muy probablemente sería la última vez que lo iba a ver, y me siento en paz de haber podido despedirme.

Se murió tranquilo, dormido, mientras mi mamá (madraza, si las hay) lo acariciaba. Me llamó esta mañana para contarme lo que pasó, y que lo estaban llevando en una cajita para que quede cerca de Sol.

Todavía no pude llorarlo, aunque estoy reprimiendo algunas lágrimas mientras escribo esto. Creo que ya venía elaborando el duelo desde hace semanas, y siento alivio de qué él ya no va a sufrir más.

Adiós lindo gatito, fue hermoso tenerte en mi vida. Te amo y espero que algún día, del otro lado, me vuelvas a ronronear.