El tiempo no existe

Ni siquiera voy a hacer referencia a lo rápido que pasa el tiempo, que a esta altura ya es un cliché y me hace sentir que repito palabras vacías, aunque en el fondo no sé en qué se me fueron 10 meses del año como si hubiesen sido 2.

Más bien lo que me ocupa hoy es saber que todo el tiempo que tengo por delante antes de poder empezar a concretar mis planes no es ni mucho ni poco. Cuando pienso que tengo que esperar me parece una eternidad, y cuando pienso en todo lo que hay que hacer me parece que no me va a alcanzar.

Últimamente estuve muy desganada pensando en todas las cosas para las que tengo que esperar, pero esta mañana lluviosa se me ocurre que por ahí esta espera es preciosa, y que tengo que disfrutarla, porque cuando se termine se va a desenvolver todo tan rápidamente que el vértigo va a ser importante, y aunque sea lo que quiero, parte de mí va a extrañar tiempos más tranquilos.

Palabras muy vagas para ustedes, queridos lectores, lo sé. Para poder decirles algo en concreto a ustedes debería tenerlo medianamente definido yo, y todavía no estoy ahí. Pero pronto.

Si algo me está enseñando la vida es que todo llega, y los meses y años de espera se desvanecen en un instante.

Casi que no está

El viernes pasado saldé una deuda pendiente desde hace mucho tiempo. Fui al Elefante Club de Teatro para ver Casi que no está, gracias a la amable invitación de Vivian. Y estoy muy feliz de haberlo hecho.

Siendo particularmente aficionada a la comedia musical, Casi que no está me proponía un desafío muy diferente. Con solo dos actores en escena y sin más escenografía que un gran rectángulo blanco, las palabras, los cuerpos y la imaginación fueron los que tuvieron la tarea de transportarnos a los espectadores a las escenas que los protagonistas nos llevaban.

Daniela Rico Artigas y Mariano Villamarín hacen de ella y de él, una pareja reconstruyendo su historia. Una historia con fisuras y heridas, como la tuya o la mía. Con problemas que todos hemos atravesado de alguna forma. Sus expresiones, su sincronía, nos alejan de ese espacio blanco para transportarnos al restaurante donde se conocieron, al supermercado donde discutieron, al departamento donde pasaron noches tortuosas.

En otras palabras, la extrema simplicidad de la escenografía se olvida con la intensa profundidad de los actores. No sé si la llamaría una historia de amor. Sí definitivamente, una historia humana, y de cómo nos relacionamos, cómo nos aferramos, negamos, intentamos.

Salí con los ojos llenos de lágrimas para mi sorpresa. Y conmoverme hasta las lágrimas es lo mejor que puede hacer una obra de teatro por mí.

Se las recomiendo muchísimo, una obra corta para ir a ver con tu pareja, tu hermana o tu mejor amiga:

  • Viernes 21 hs en Elefante Club de Teatro (Guardia Vieja 4257, Buenos Aires)
  • Autora: Melisa Freund
  • Reservas: 4861- 2136

Basta de comerse mi comida!!!

No, no es una metáfora de nada. Hablo literalmente de bebida y de comida.

Es que, verán, aunque mi alimentación es muy amplia, hay cosas con las que soy más bien limitada: solo tomo agua generalmente, el helado me gusta de chocolate y dulce de leche (y no mucho más que eso), y un par de cosas del estilo.

El problema es que como en esas cosas soy tan básica, la gente que me rodea se aprovecha y se toma mi agua y se toman mi helado y se comen mis galletitas, y quiero hacer un berrinche. Permítanme que les explique la teoría, a riesgo de quedar como una loca o una muerta de hambre.

En casa somos 4. Una toma agua (yo), dos Coca, y uno mayormente jugos. Al momento de hacer las compras, la relación es más o menos 1 agua, 1 jugo, 2 Cocas. Pero después pasa lo lógico: el agua es lo más básico del mundo, y todos se la toman durante el día. Y al momento de la cena, la única que no tiene nada para tomar, soy yo.

Peor con el helado en las fiestas: todos se piden gustos loquísimos que a mi no me gustan. Como Crema con frutillas del bosque de Holanda, o samabayón con trozos de arándanos del Congo. Buenísimo, para gustos los colores (o en este caso, los helados). Yo, por mi parte, con un poquito de chocolate y dulce de leche soy feliz.

Pero, ¿qué pasa cuando llega el helado? Nunca, NUNCA falta que por lo menos 4 personas digan “aaah, ¿pidieron chocolate también? Pasame un poquito”. ¿Y en qué resulta? Yo me quedo con una cucharadita de mis gustos, y sobran ocho potes de los gustos raros que todos podían comer menos yo. Pasa. Todo. El. Tiempo.

Ya sé que para esta altura del post deben estar pensando o que estoy un poco loca, o que debería compartir más. Yo no tengo problemas con compartir, pero por favor, calculemos la cantidad siendo realistas!!

Necesito que alguien comente abajo que a él o ella también le pasa. Que los amigos le toman el único tipo de alcohol que le gusta, que los hermanos le sacan el yogur, que el padre se come sus galletitas. ALGO.