Es 24/7 o no funciona

Me costó mucho entenderlo. Digamos, unas 3 ó 4 relaciones fallidas, muchas lágrimas y mucha frustración. Me costó pero lo entendí: estar bien con una persona no es algo mágico que te pasa, no es la suerte de haber encontrado a una persona con la que te llevás bien.

La suerte dura un rato, pero la vida humana nos va llevando por caminos que suelen ser de todo menos tranquilos. Problemas familiares, estrés en el trabajo, tiempos que no coinciden, manías pequeñas de uno y otro. No son las grandes diferencias las que son peligrosas, es la suma de las mil cosas chiquitas que nos pasan día a día.

Y la única forma de estar bien con una persona es haciendo el trabajo consciente, día a día, de darnos cuenta que ninguna de esas cosas chiquitas es más importantes que la totalidad de la otra persona, de la relación.

Es un trabajo de todos los días, es 24/7. No es necesariamente forzoso, ni agotador. Por el contrario, es un ejercicio que mientras más se practica, más fácil resulta.

Es parar dos segundos antes de decir algo hiriente y darte cuenta que no es importante, que no todo puede salir a tu manera siempre, o que te estás desquitando con el otro porque en realidad tuviste un mal día en el trabajo.

Hace 815* días que practico esto a diario. Es un trabajo mental, pero el más siginificativo de mi vida, el que más felicidad me da a diario.

Es lo que nunca quiero olvidarme.

*No, no es una referencia a LOST. A menos que…

La espera desespera

La espera desespera

Mientras que la edad me dotó de un buen nivel de paciencia para esperar lapsos de tiempo prestablecidos (como conexiones eternas en un aeropuerto, o los días que faltan antes de un evento importante), el mundo digital se encargó de destruir completamente mi capacidad de esperar en paz cuando el tiempo es incierto.

Es que con las computadoras uno más o menos ya sabe de entrada en cuánto tiempo debería suceder cualquier cosa. O mejor dicho, si va a suceder o no. Si en unos pocos segundos Firefox no se despabiló de su cuelgue, ya sé que voy a tener que reiniciarlo. No importa que me pida que espere, yo ya sé que no va a pasar y puedo tomar una acción al respecto.

Pero cuando envío un trámite super importante y me dicen «de uno a diez días», y al tercer día no tuve respuesta, me desespero. Porque en mi mente empieza a barajarse la peor hipótesis, pero no tengo forma de saber si la respuesta no llegará al décimo día.

No me llevo bien con la incertidumbre.