No necesito convencerte

Durante mucho tiempo me desesperaba por poder hacer entender mis argumentos, por hacer evidentes los hechos, por destapar la falta de lógica. Me sacaba de quicio escuchar falacias que se repetían hasta el hartazgo como un disco rayado y me tomaba como algo personal hacer que entiendan –no que estén de acuerdo, solo que entiendan– mi punto de vista.

Hoy sé que no me hace falta. La fuerza y el peso de los hechos es tan grande, que la realidad misma se va a encargar de demostrar, tarde o temprano, cómo son las cosas.

Quizás yo esté equivocada –a veces me gustaría que así fuera, aunque sinceramente no lo creo– pero eso tampoco importa. Los hechos hablan en sí mismos. Nada que yo pueda decir es más fuerte que los hechos mismos.

No necesito convencer a nadie. Y eso es muy liberador.