Todos los caminos

Crossroads

Cada trabajo, cada relación, cada amistad, cada decepción, cada sorpresa.

Cada post en mi blog, cada noche que me quedé geekeando en casa en vez de en un boliche con amigas, cada buena experiencia, cada experiencia que preferiría no volver a tener.

Cada minuto, cada día.

Todo condujo a que esté cómo y dónde estoy ahora. Y sé que esto es así todo el tiempo, toda la vida, pero nunca pude ver con tanta claridad las piezas del rompebacezas como las puedo ver hoy.

Y bajo esta luz, no me da miedo decirlo: lo haría todo de nuevo si es lo que me trajo hasta acá.

Tan solita no me la banco

Day 100/365 : Choices

«Soy ermitaña. Me gusta estar sola.»

Debo haber repetido esa frase miles de veces en mi vida. Sin embargo, la tarde que me encontré completamente sola e incomunicada en otro país, no fue tan divertida como cualquiera hubiese creído que me resultaría.

Fue mi primera tarde en Dallas y el roaming de Movistar no se había activado. Nada de llamadas, nada de mails, nada de BBM, nada de nada. Estando en la habitación del hotel no pasaba nada ya que podía chequear los mails desde la notebook, pero necesitaba salir a despejarme un poco, así que dejé todo lo más ordenado posible y decidí salir.

No debo haber aguantado ni 40 minutos. ¿Y si alguien me necesitaba? ¿Si había que hacer un informe de último momento, o había alguna crisis y no podían ubicarme? ¿Si quería contarle a alguien sobre el lindo lugar en el que estaba, o twittear mi recorrido?

Fue la primera vez en muchos años en la que estuve realmente aislada; algo que en 1998 hubiese sido lo más normal del mundo, se había vuelto de golpe en algo que me generaba muchísima ansiedad.

No pude disfrutar de mi pequeño paseo sola. Resulta que me encanta mi soledad cuando sé que es opcional.

Resulta, que tan solita no me la banco.

El lado no-tan-bueno de tener muchos lectores

Tengo una linda audiencia. No solo linda, sino grande. Entre Acceso Directo, mi perfil de Twitter, de Goolge Plus, y algunos que se animaron a buscarme en Facebook, he logrado cosechar unas varias decenas de miles de lectores. Algo que, no me malentiendan, me hace muy feliz todos los días.

Pero aunque tener muchos lectores sea prácticamente el objetivo de cualquier blogger, hay varias cosas que se pierden en el camino, y nadie lo expresó mejor hasta ahora que la mujer que me inspiró a abrir Acceso Directo, Gina Trapani.

Entre los puntos que menciona (como gente que te habla solo para pedirte que los menciones, o los trolls) hay algunos muy personales que desde afuera no se ven, como por ejemplo:

  • Dejás de compartir cosas personales con la gente de tu «vida real»
  • Le das mucha importancia a la aprobación de desconocidos
  • Tenés que tener muchísimo cuidado con que lo que digas no sea malinterpretado
  • Tu visión del mundo se vuelve sesgada por la interacción que tenés con tu audiencia

Estas son algunas de las cosas que lamento del camino que elegí. Pero claro, ni siquiera todas juntas pueden superar las cosas buenas que tiene saber que tus proyectos e ideas llegan a tanta gente.

Me parecía interesante compartir este lado más personal de lo que es ser blogger.

Mis modelos tampoco eran muy realistas

Muchas veces me pregunté por que soy tan consciente de mi cuerpo y me preocupa tanto estar bien. Me refiero estéticamente, más allá de la salud.

Nunca me enloquecí por la ropa, las dietas ni los ejercicios, y cuando veo modelos anoréxicas desfilando siento una rabia terrible. Mientras mis amigas del cole se preocupaban por qué ponerse para ir a bailar un sábado a la noche, yo me iba a Camelot al centro para comprar cómics.

Soy una firme creyente de que la belleza pasa por estar saludable y feliz, y aún así me angustio cuando engordo un par de kilos (y me da bronca angustiarme por eso). Y no entendía por qué eso me afectaba «a mi también» hasta que de golpe una imagen me lo puso totalmente de manifiesto:

Mis modelos tampoco eran muy realistas. De hecho, probablemente lo hayan sido menos aún que las chicas de las revistas de moda.

Estamos rodeadas.