Papelitos

Desde chica, siempre me encantó la tradición porteña de tirar papelitos por la ventana de las oficinas el último día laboral del año. La miraba por la tele y me encantaba.

El único fin de año en el que trabajé por el centro fue fin de año de 2008, una de las épocas más tristes de mi vida. Estaba en el call center, con el corazón roto, y en ese momento miro por la ventana y ahí estaban, miles y miles de papelitos blancos, bailando en el viento, decorando las calles grises, representando a un montón de personas que empezaban a despedir el año.

Por ese breve instante, me sentí bien, feliz de poder verlo con mis propios ojos. No duró mucho, pero lo suficiente para que pueda recordarlo como un momento de calma en un período turbulento.

Hoy, 3 años después, estoy en una etapa muy plena, y aunque no pude ver los papelitos con mis ojos, disfruto sabiendo que estuvieron ahí, y que yo me siento libre y liviana como ellos.

Foto: DYN/Rodolfo Pezzoni.

Losers (son ellos)

En mi último año del colegio, fui víctima de bullying, esa forma espantosa de acoso que muchos maestros y padres siguen calificando ciegamente como «cosas de chicos», y que cada año deja no solo marcas emocionales, sino que a veces se lleva las vidas de sus víctimas.

El bullying, claro está, no pasa solo en el colegio. Cambia, muta hacia otros tipos de violencia, como el acoso laboral, o la violencia de género, o hasta las más sutiles pero igual de patéticas formas en las que las personas tratan de humillar a otros sin motivo aparente.

Pero que quede en claro: los losers son ellos. Los bullies. Y va siendo hora de que esto se empiece a gritar más y más fuerte. Cortarla con la condescendencia, llamar a las cosas por su nombre, enseñar, educar, proteger.

Los que podemos ayudar a cambiar la historia somos los que estamos afuera, los que logramos salir, los que vemos las cosas como son, y no como «travesuras».

Si sos maestro, si tenés hijos o sobrinos, o conocés casos de bullying, hablá. Hacé algo. No seas un cómplice silencioso.

(Había visto este video hace tiempo, y esta mañana me lo volví a encontrar en G+)

Aventuras en la Friend Zone

Hace un tiempo que con mi amigo Neri venimos hablando de la Friend Zone, ese lugar frío y oscuro donde el chico o la chica que te gusta te ubica desde el momento en el que te das cuenta que nunca, jamás, te va a ver como algo más que una amiga.

Cuando era más chica me pasé años en la Friend Zone, y es una de las cosas más frustrantes que te pueden pasar.

Cuando te pasás horas al día con él, y se llevan genial, y no podés dejar de pensar en lo maravillosos que serían juntos, solo para que en un momento medio desprevenida te tire un «sos como una hermana para mí».

Y vos ahí con cara de póker y tratando que no se te note el nudo en la garganta le decís «sí, vos para mí también», mientras oís de fondo «Última llamada para el vuelo 815 con destino a la Friend Zone«, un lugar como la isla de Lost del cual no vas a poder salir nunca más. Porque una cosa es ser amigos que se enamoran y pasan a ser novios, pero una vez que el otro te metió en la Friend Zone, ni el humo negro te puede ayudar.

Por suerte hace ya mucho tiempo que no volví a pisar la Friend Zone, y espero nunca más volver a hacerlo.

Pero este es mi humilde homenaje a todos los que han pasado por allí, y a todos los que aún permanecen. A ustedes: fuerza, entendemos por lo que están pasando.

Como nota final, si no conocen el monólogo de Fabio Posca «Te quiero… como amigo», háganse un favor y léanlo.

Mucho que agradecer

Muchas veces digo que la gratitud es lo que me mantuvo en pie en los momentos más difíciles, y también lo que me hace disfrutar aún más los momentos buenos.

Así que a nadie debería sorprenderle que quiera compartir esto con ustedes para poner un poco de perspectiva sobre todas las cosas que tenemos para agradecer aunque a simple vista no lo parezca:

Vorágine

Entering Hyperspace

Como todos los años, la vorágine de fin de año me arrastra de un lado al otro, entre fiestas, eventos, compromisos, responsabilidades y todo lo que diciembre trae consigo.

Estoy físicamente cansada (anoche me acosté a las 4:30), pero tratando de disfrutarlo al máximo. Tratando de que cada reunión sea una pequeña ocasión para celebrar a este 2011 que se va, y que tantos desafíos y oportunidades me ha traído. Que me duelan los pies de bailar y saber que al día siguiente hay que seguir trabajando, pero que ese momento sea un momento de agradecimiento.

Este año publiqué particularmente poco en este blog, quizás entiendan las razones cuando haga mi clásico balance, pero eso solo es testimonio de todo lo que pasó.

Repetir «fue un año intenso» o «parecieron tres años en uno» me hace pensar que, en realidad, a medida que crecemos la vida se acelera y los años que pasan sin pena ni gloria se vuelven cada vez menos frecuentes.

Me cansé de ser la mujer orquesta

Hay dos frases opuestas con las que estoy de acuerdo: «No pongas todos tus huevos en la misma canasta», y «El que mucho abarca, poco aprieta».

Creo que particularmente me vengo rigiendo desde hace muchos años por la primera. No sé si es una cuestión de personalidad, de culo inquieto, o el resultado de experiencias personales, pero es así.

En el colegio hacía actividades extraescolares por la tarde, durante la facultad llegué a estudiar dos carreras al mismo tiempo, y laboralmente he llegado a ser un cóctel de blogger, editora, community manager y profesora al mismo tiempo.

Y esto no incluye Acceso Directo...

Pero me cansé. No es que me «harté», sino que estoy agotada, mi mente no puede hacer más malabares por más que todas las pelotitas sean buenas y divertidas.

Después de todos estos años hizo click en mí la necesidad de dejar de hacer mil cosas a la vez, de dejar de ser la mujer orquesta. Quiero abarcar un poco menos y apretar un poco más.

No va a ser un cambio que me lleve al extremo de dejar todo menos una sola cosa, pero sí será un proceso de comenzar a desprenderme de algunas cosas, y empezar a delegar otras.

Necesito hacer foco, y eso es lo que me espera en esta nueva etapa de mi vida.