Nada

Hoy no puedo escribir, no encuentro la inspiración, me faltan las ganas. Hasta respirar me cuesta.

Sé que la vida es así, que lo que un día te da, al día siguiente te lo quita, y aprendí a vivir sabiendo que nada es para siempre (o por lo menos, que viviremos con la incertidumbre hasta el último día).

Pero hay pérdidas que te toman por sorpresa y te dejan pensando mil cosas sobre tu vida, y tratando de digerir como puedas que alguien a quien querías mucho simplemente ya no está.

El viernes a la noche falleció mi querido amigo Alfredo, 30 años tenía nada más. Con él compartí un montón de momentos buenos, y fue una persona en cuya compañía siempre me sentí segura.

Creo que en el fondo todavía no caigo en la pérdida. Casi todo el fin de semana estuve ocupada sosteniendo a otros y para cuando quise sentarme a asimilar lo que pasó, el momento de llorar había pasado y lo único que me queda es un silencio profundo y un vacío grande.

Nada.

Perros

Esta tarde estaba caminando cerca de una obra en construcción. En la vereda había maderas para que la gente no pise los escombros.

Un perro salchicha estaba sentado frente a las tablas, su dueño, parado al lado, trataba de tirarle de la correa pero no había caso, el perro estaba muy asustado como para pisar las tablas.

Lo miré y el dueño me dijo “está asustado”, entonces di unos pasos, y desde la mitad de las tablas le hice un chistido al perro, lo miré y lo llamé. Y él me miró, movió la cola, se subió a las tablas y las cruzó todo contento.

Esa confianza, esa terrible confianza que tienen los perros en los seres humanos nunca deja de conmoverme.

Y es una de las tantas razones por las que, por más que a mi gato lo quiera mucho, nunca nada va a reemplazar a Sol.