Ignorar a la gente negativa

Hace algunos días encontré estas palabras sobre las personas negativas (particularmente los haters) que me resonaron bastante, y que viene bien recordar y tener en cuenta de vez en cuando.

Aquí un recorte:

Siempre me da más placer que me guste algo a que no me guste. Eso no quita que haya cosas que merecen ser gustadas y otras que no, pero no soy aficionada a que las cosas no me gusten.

La lección que aprendí es ser cautelosa con los que sí. Aquellos que creen que ser crítico es lo mismo que tener buen gusto. Esas personas casi nunca tienen buen gusto. No hace falta ninguna sofisticación para criticar.

Vale la aclaración de que para traducirlo uso la palabra “criticar” en el sentido descalificador de la palabra, y no en el de hacer un análisis.

Como siempre digo, no hay que confundir a un crítico con un criticón.

La Playa

Cuando volví de mis vacaciones le comentaba a alguien que me había sorprendido a mí misma disfrutando tanto de estar tirada en la playa sin hacer nada.

Le comentaba que durante mi infancia y adolescencia había tenido la posibilidad de ir a muchos lugares así con mi familia y que por lo general me aburría un poco.

“Es la primera vez que te lo pagaste vos, ¿no?” fue su acertadísima pregunta.

“Sí”, fue mi respuesta, acompañada de una inevitable sorpresa.

Es increíble cómo cambia todo cuando lo hacemos por elección, y aún más cuando es el fruto de nuestro trabajo.

Alguien, en alguna parte….

En algún lugar, alguien, a veces se masturba pensando en vos.

(c) Alex Noriega (click para ir a su blog)

Cierto. También es cierto que no voy a poder volver a escuchar la canción de Faivel sin recordar lo anterior.

PD: Qué manera de llorar siempre en esa parte cuando era chica.

El otro lado de la cama

Cuando mi papá volvió del hospital, y teníamos que adaptarnos a su discapacidad, una de las cosas que hicieron él y mi mamá fue cambiar de lado de la cama para dormir, de modo que él esté más cerca del baño y la puerta, y no tenga obstáculos en el camino.

Los primeros días fueron los más duros, debatiéndonos entre aceptar (o resignarnos a) la nueva realidad que nos tocaba vivir, y la espera de un milagro que parecía cada día más imposible.

Eventualmente llegó el momento de reajustarnos y seguir adelante como pudiéramos. Y no sé en qué momento me acerqué a mi mamá y le pedí algo.

Le pedí que por favor vuelvan a cambiar de lugar de la cama, que vuelvan a dormir como antes. Siempre me acuerdo de ese pedido, tan trivial que puede parecer, pero tan importante que era para mí, sentir que aunque sea algo volvía a ser como antes.

Lo hicieron, aunque eso representase alguna incomodidad mayor los primeros meses. Porque así de fuertes son mis viejos, y así de mucho se esforzaron por que mi hermana y yo atravesemos ese período de la mejor manera posible.

Me conmueve mucho esa anécdota en particular, la inocencia de mi pedido, la fuerza de mis viejos. Son las cosas que te definen.