De piedras y mochilas, una parábola que me salvó la vida

Stones

Hoy me encontré, sin querer, con un viejo blog que había abierto en 2004. No casualmente se llamaba Sweet Serendipity.

El último post que escribí allí tiene una historia que en su momento me salvó la vida. No literalmente, pero sí a nivel emocional. A veces, cuando guardo amargura con respecto a cosas que hice o me han hecho, recordarla es como una poción instantánea que me devuelve a mi centro.

La comparto con ustedes:

Hu-Ssong narró a sus discípulos el siguiente relato:

-Un hombre que iba por el camino tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra. Igualmente la cargó. Todas las piedras con que iba tropezando las cargaba, hasta que aquel peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar. ¿Qué piensan ustedes de ese hombre?

-Que es un necio -respondió uno de los discípulo-. ¿Para qué cargaba las piedras con que tropezaba?

Dijo Hu-Ssong:

-Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aun la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos. Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro.

My Moment de Rebecca Black

Al lector cuidadoso no le resultará una sorpresa que con el paso del tiempo desarrollé como una extraña obsesión con Rebecca Black. Confieso que la primera vez que escuché su canción Friday la odié, me pareció terrible y debo haber cerrado YouTube a los 30 segundos del video. Pero después pasó algo.

Esta chica que logró su popularidad gracias a tener el video con más calificaciones negativas de YouTube empezó a recibir una cantidad importante de insultos y burlas… y a medida que esto pasaba, pude empezar a empatizar cada vez más con ella.

Al fin y al cabo, tiene solo 14 ó 15 años, y se animó a jugarse por un sueño, y recibió burlas a cambio. ¿Cuántos de nosotros, autollamados geeks o nerds, hemos pasado por lo mismo en mayor o menor medida? Yo por lo menos, sí. (Claro que a una escala mucho menor).

Entonces una puede ver más allá del videoclip barato, la letra infantil de la canción y la voz medio irritante de Rebecca. Puede ver a alguien que está sufriendo por alcanzar sus sueños, soportando burlas y desaires, bancándose la actitud bully de mucha gente. Pero en vez de quedarse en su casa a llorar, sigue para adelante.

Así es que por eso me gustó mucho que saque su segundo corte, una canción con por lo menos mejor letra, video y producción de verdad. Porque es una especie de Cenicienta moderna, y banco eso.

Todos merecemos tener “nuestro momento”.

Una pequeña pregunta

¿Y por qué te importa tanto lo que piensen los demás? me preguntó Belén la semana pasada.

Una pregunta simple, que me hice a mí misma y me han hecho otros innumerables veces. Pero esta vez hizo eco en algún lado.

Y no digo que la opinión de los demás no sea importante, sería una necedad no escuchar a nadie. Pero me estoy cansando de ser tan tibia en algunas cosas, de no plantear mis ideas con la fuerza suficiente por no quedar mal con nadie.

Tormenta y calma

En estas últimas semanas no estuve escribiendo mucho. Es que fue una de esas épocas de cambios, de esos que se sienten como tormentas que azotan tu vida y te dejan medio mareada sin saber para dónde seguir caminando.

El cambio de trabajo fue más duro de lo que esperaba, el cambio de ambiente y tareas es bastante drástico, y aunque hoy ya me siento bien y contenta con el desafío que tengo por delante, las primeras semanas me sentí perdida como hacía mucho no me pasaba. Tuve mucho miedo.

Para dar parte de vida, aquí estoy, aún en pie y descubriendo nuevos aspectos de mi trabajo y de mí misma. Y en la calma que viene después de la tormenta, una noticia que me da mucha felicidad.

Me recibí.

La mañana después

Despertarse con dolor en los pies, la voz algo afónica, los ojos rodeados de un aura negra –sacarse el maquillaje jamás se te cruzó por la cabeza cuando caíste rendida en la cama.

La ropa tirada en el piso. Ese vestido que con tanto amor elegiste y tanto cuidaste para la fiesta, ahora está al lado de los zapatos, dado vuelta. Ya cumplió su propósito.

La cabeza todavía te zumba un poco y a medida que tu mente comienza a despertarse, recordás por qué tu cuerpo te está pasando factura: porque anoche bailaste y cantaste y te divertiste hasta el agotamiento. Porque celebraste con todo el peso de esa palabra.

Me encanta la mañana después de una gran noche.

(Gracias a todos los que estuvieron ahí, a los que no pudieron llegar los espero el año que viene).

2UP

Hace más o menos un año, una noche marcaba el fin de una era en mi vida, y el principio de cosas nuevas y maravillosas.

Más o menos un año después me encuentro afianzada, enfrentando nuevos desafíos, tratando de tomar las decisiones correctas y controlar mi ansiedad. Algunas personas se fueron de mi vida, dando oxígeno y lugar para que crezcan relaciones que me enriquecen cada día. Me llenan. Me hacen crecer como persona.

A veces este camino de crecer es suave y placentero, otras veces es agotador y te deja tirada a la noche sin poder dormir.

Pero en el fondo está la certeza de que lo bueno y lo malo solo me están guiando para seguir avanzando, encontrando mi camino. Y si me equivoco, un 2UP es todo lo que hace falta para retomar el camino (y tener un poquito extra por las dudas).

Y eso es motivo de celebración.

Party on.