El largo plazo también existe

El burro de Buridan está a medio camino entre una pila de heno y un balde de agua. Mira de un lado al otro, tratando de decidir entre el heno y el agua. Sin poder tomar una decisión, eventualmente se cae y muere de hambre y sed. El burro no podía pensar en el futuro. Si hubiese podido, se hubiese dado cuenta que podría haber tomado el agua primero, y comido el heno después. Solo necesitaba previsión y paciencia.

Hay días en los que me siento como ese burro. Me debato entre las cosas que quiero para mi vida y me paralizo, me frustro, me desespero. Quiero crecer laboralmente pero quiero tiempo libre, quiero dedicarme a mis proyectos pero me interesa desarrollarme en el servicio para otros. Siento que todo se me juega ahora mismo, y me olvido que existe también el mañana.

Y es que aunque soy firme creyente de que uno tiene que perseguir sus sueños en el presente, últimamente me olvido que también existe (al menos muy probablemente) un mañana. Que todavía soy chica, que puede bien haber un momento para tomar agua, y otro para comer heno.

Mi mantra de estos días: “hay un momento para todo”