El largo plazo también existe

El burro de Buridan está a medio camino entre una pila de heno y un balde de agua. Mira de un lado al otro, tratando de decidir entre el heno y el agua. Sin poder tomar una decisión, eventualmente se cae y muere de hambre y sed. El burro no podía pensar en el futuro. Si hubiese podido, se hubiese dado cuenta que podría haber tomado el agua primero, y comido el heno después. Solo necesitaba previsión y paciencia.

Hay días en los que me siento como ese burro. Me debato entre las cosas que quiero para mi vida y me paralizo, me frustro, me desespero. Quiero crecer laboralmente pero quiero tiempo libre, quiero dedicarme a mis proyectos pero me interesa desarrollarme en el servicio para otros. Siento que todo se me juega ahora mismo, y me olvido que existe también el mañana.

Y es que aunque soy firme creyente de que uno tiene que perseguir sus sueños en el presente, últimamente me olvido que también existe (al menos muy probablemente) un mañana. Que todavía soy chica, que puede bien haber un momento para tomar agua, y otro para comer heno.

Mi mantra de estos días: «hay un momento para todo»

El chispazo

No creo en el amor a primera vista. El amor de verdad implica conocer mucho más de la otra persona de lo que se puede vislumbrar en un primer encuentro. Pero si hay algo que creo que nunca falla es el chispazo.

another match point

Sentir el chispazo es encontrar esa conexión inmediata con la otra persona, las ganas estar con él, el sentirte contenta a su lado, el nudito en la panza antes de verlo, la certeza total de que esa es la persona con la que querés estar. Y esto, para mí, es algo que pasa bien al principio (hablo de horas o días) o no pasa más.

Ojo, ese «bien al principio» no significa necesariamente la primera vez que se conoce a una persona, pero sí apenas pasa de una relación X a una relación más romántica/amorosa/sexual. Alguien puede estar en tu vida desde hace mucho tiempo, y sin embargo en el momento en el que sentís el chispazo ya no hay vuelta atrás.

El chispazo no es garantía de que una relación vaya a funcionar (para eso hace falta algunos ingredientes más), pero sin él, está definitivamente condenada a muerte, ya sea en semanas o en años (si es años, serán años de buscar permanentemente ese «algo», que nunca va a aparecer).

¡Momentos culminantes!

On the road again ... / De nuevo en el camino ...

A veces, en las publicidades de telenovelas, cuando estaban en un momento clave de la trama, el relator de Telefé le metía la exclamación ¡¡Momentos culminantes!!

Esta semana creo que pasé de «todo como siempre» a «momentos culminantes» sin verlo venir, ¡no les puedo explicar los nervios que siento desde que entregué la tesina! Eso sumado a otras cuestiones que no vienen al caso hoy me tienen con bichos en la panza, que a veces se sienten como mariposas y a veces como Gremlins.

Son esos momentos en los que sentís que mucho puede cambiar, o que tenés oportunidades, que querés empezar proyectos nuevos, o que es inminente el cierre de un ciclo…

Días como hoy me siento presa de los nervios por un lado, y llena de energía y ganas de hacer cosas nuevas por otros.

Por suerte hay algo muy bueno: estos momentos culminantes tienen ansiedad, pero nada de drama.

Cosecharás tu siembra

Crops

Soy colgada. No lo digo como algo bueno, no como algo de lo que me enorgullezca, ni siquiera en tono condescendiente. Si tuviera que remarcar un defecto de mí, es que soy colgada.

Me olvido de llamar por teléfono a mis amigas, le cuento chistes a las mismas personas que me los contaron originalmente, y dejo pasar mucho tiempo antes de resolver temas importantes.

Ahora me toca hacerme cargo de haberme colgado durante tanto tiempo con temas de la facultad, para finalmente poder tener mi título.

Falta poco, pero mis acciones (o mejor dicho, omisiones) me pesan más que nunca.

O quizás solo son los nervios.