Relojerías

Cuando voy al trabajo y paso por la calle Libertad, que está llena de relojerías, pienso:

Pocas cosas deben ser tan esquizofrenizantes como estar rodeado de cientos de relojes, todos marcando horas diferentes.

Reflexiones de un martes por la tarde.

Frenemies, esas malas compañías

El otro día me crucé accidentalmente con el concepto del Frenemy. En inglés, la palabra es una mezcla entre amigo y enemigo (se me ocurre en español “eneamigos”).

El o la frenemy es ese “amigo” que en realidad te suele hacer sentir mal. Hace comentarios a tus espaldas, te hace cumplidos que en realidad son palos encubiertos, comentarios irónicos que luego jura que eran bromas, y por supuesto, jamás se hace cargo.

Por lo general los frenemies son personas con las que tuvimos una buena relación, o pasamos buenos tiempos juntos, o que por haber querido mucho nos cuesta ver que en realidad buscan dañarnos más seguido de lo que no.

La palabra me hizo pensar mucho, en mi vida tuve más frenemies de los que me gustaría admitir. Creo que ya lo dije alguna vez, me cuesta asumir cuándo una persona que fue importante para mí en realidad solo me está haciendo mal, y a propósito.

Y aunque la personalidad de la frenemie me parezca de cuarta, siempre hay que hacerse cargo de lo propio. En cuestiones de amistad, cuando uno se deja pisotear por el otro, es porque le da lugar.

Lo más sano, creo, es dejar ir a los frenemies. Cuando les cerrás la puerta te sentís mucho mejor, y tu vida se vuelve un poco más libre y auténtica.

Pero no siempre es tan fácil, ¿no? Para mí definitivamente no lo es.

¿Les pasa a ustedes? ¿Cómo lidian con los o las frenemies?

Yendo con la corriente

family tree full

Aunque mi apellido (Saia) se escribe sin tilde, se pronuncia Saía, con la i acentuada.

Durante años enteros de mi vida luché contra compañeros, profesores, amigos, conocidos casuales y todo tipo de personajes para tratar de que se respete esa pronunciación. No era su culpa, por supuesto, todo sería más cómodo si el bendito apellido se escribiese con tilde.

Y entonces, un día, me dejé llevar por la corriente.

Ya no me da remordimiento. La verdad, es mucho más cómodo ser “Ceci Saia” que “Ceci Saia, se escribe sin acento pero se pronuncia Saía”.

PD: Sigo siendo, sin embargo, “Ceci Saia, como suena, S-A-I-A”. No sé por qué a la gente le gusta hacer hacer interpretaciones libres, como Sahia o hasta Sasha (!). No tengo esperanzas de liberarme de esto en el corto plazo.

Viajar, viajar, viajar

Me encanta viajar. Me encanta como pocas cosas en esta vida. Me gusta todo, desde preparar la valija hasta hacer el check-in en el aeropuerto, la comida del avión, las versiones miniatura de todo lo imaginable para que entren en el bolso de mano, conocer lugares nuevos, sus historias y costumbres.

Viajar me hace feliz, no importa si son unos pocos kilómetros o a través de los océanos. Y si alguien me preguntase que quiero hacer en mi vida, sin titubear le diría que viajar.

Soledad

Cuando tenés un proyecto personal, algo a lo que dedicás tanto tiempo y energía (en mi caso, Acceso Directo), empezás a conocer un tipo de soledad bastante particular.

No pasa por la gente en tu vida, sino por el momento en el que te das cuenta que al fin y al cabo la única que está al timón sos vos, y las decisiones son tuyas. Mucha gente puede ayudarte y reconocerte; tanta otra puede despreciarte y hacerte sentir poco. Pero al final del día, sos solo vos y tu obra.

En los últimos meses para mí Acceso Directo se volvió muy importante (aún más, y eso ya es decir mucho), y todos los días pienso formas de mejorarlo, y crecer, y que sea un mejor blog y yo una mejor blogger.

A veces los resultados son gratificantes, y otras veces frustrantes. Hoy me siento un poco del lado de la frustración, pero sé que “esto también pasará”.

Al final del día soy solo yo y mi panel de WordPress, pensando cómo ser cada vez mejor, tratando de hallar mi camino.

Hay que hacerse cargo

Hay personas que te insultan en la cara, de modo directo o indirecto, sarcástico, irónico, o hasta con sonrisitas cínicas. Y que cuando decís algo para defenderte, o siquiera preguntar cuál es el problema, se amparan en que es un chiste, o en que uno no supo interpretar lo que decían, o hasta tienen el tupé de negarlo.

Yo creo, en principio, que si alguien no te cae bien como para insultarlo, directamente no deberías tenerlo en tu vida. Casi siempre somos libres de elegir en ese aspecto.

Pero si aún así alguno decidiera ir adelante y emitir comentarios hirientes, hay que tener los huevos de hacerse cargo. Lo contrario me parece un signo de (más) mediocridad.

(Este texto no va dirigido a nadie en especial, es una reflexión basada en situaciones pasadas. Si no, sería una contradicción en sí mismo.)

Quedarse en la cama mientras llueve [#5]

Rain

Aunque amaneció hace rato, parece que no entra mucha luz por la ventana.

Y es que afuera el día está gris, las nubes cubren el cielo y la lluvia cae sin piedad sobre todo lo que hay en la tierra.

La penumbra, los sonidos, el aire fresco; afuera el mundo parece hostil. Pero no importa, porque por alguna razón pudiste quedarte adentro, en la cama, cubierto por las mantas y disfrutando de tu refugio.

Nada tan lindo como quedarse en la cama mientras afuera llueve. Otra de las pequeñas cosas que me hacen feliz.

(Cualquier similitud con Domingo en la mañana y Un refugio en el mundo, no es pura coincidencia).

Malhumorada

[Este post lo escribí ayer pero no tenía conexión para publicaro. Hoy me siento considerablemente mejor.]

Bad Mood Today?

No sé qué me pasa estos días, pero me encuentro con un poco de malhumor. En realidad yo lo siento como mucho, porque suelo ser una persona bastante alegre y optimista, pero desde ayer me noto irritable.

En el fondo, creo que no disponer de una conexión a Internet fija en estos últimos días (de vacaciones entre Santiago y Baires, paso poco tiempo en casa) me está afectando un poco. No me gusta sentirme así, casi como una adicta sin su droga. No está bueno.

Además, se murió la batería de mi netbook, que por otro lado viene andando más o menos desde hace tiempo, y eso me complica más escribir las cosas que quiero, y también las que debo.

Ahora estoy un poco más tranquila. Mi terapia fue poner la mente en blanco a través de ordenar y limpiar el departamento con –por favor no me juzguen– el debate de Gran Hermano de fondo. Digo, si quiero no pensar en absolutamente nada relevante, no se me ocurre algo más vacío que eso.

Espero volver a senitrme yo misma pronto.