No olvidarte algo [Pequeñas Cosas 4]

Cada tanto me pasa: estoy lista para salir de casa por la mañana, y una razón aparentemente trivial me hace volver sobre mis pasos.

Quizás suene el teléfono inalámbrico y me pidan que vaya a buscarlo (cosa que nunca me motiva, a mí nadie me llama al teléfono de línea), o quizás me haya olvidado de apagar la luz de mi habitación.

Y en ese acto trivial que siento que me roba preciosos segundos matutinos, me encuentro con que el celular estaba aún cargándose, o que me estaba olvidando el paraguas y que para la tarde pronosticaban lluvia, o que me estaba dejando el libro que quería leer en el camino.

Don´t forget your mobile phone !

Qué bueno es no olvidarte algo.

Linda locura

Si me vienen leyendo, seguramente habrán notado que hay una constante en mí. Por ejemplo, no puedo quedarme tranquila si no sé cómo arreglar algún elemento electrónico, me gustan las rutinas, tener las cosas ordenadas, y limpias.

Lo que para muchos es una tarea fastidiosa y que odian, para mí es casi terapéutico, el momento de poner todo en orden, de dejarlo impecable, aunque sepa que solo va a durar así un par de días (¡con suerte!). En el fondo, creo que un lindo entorno ayuda a un mejor estado interno.

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Me hago la canchera

Snooze

Me hago la canchera y me pongo el despertador a las 6:30am. Sí, 6:30am. Muy pronto eso va a ser antes de que salga el sol.

No, no tengo que salir a las 7 de mi casa. Ni a las 8. Recién a las 9. ¿Y entonces?

Me hago la canchera y me levanto a las 6:30am para hacer yoga, ducharme, desayunar con mi familia, usar la PC (para hacer las varias cosas que hace una blogger tan temprano) y recién ahí salir.

Me hace sentir bien, productiva, llena de energía.

Pero hoy, lunes a las 3:25pm, en la agencia, solo quiero abrazarme a mi leopardo de peluche e irme a dormir la siesta. Mientras me pregunto…

¿¿a mi quién me manda a madrugar??

La primera impresión (no es la que cuenta)

Siempre recordé una publicidad de Axe de hace muchos años (muchos años), en la cual se repetía la frase “porque la primera impresión es la que cuenta”. Hoy me gustaría hablarles de mi experiencia con las primeras impresiones.

Seguramente a todos les pase que hay gente que les cae bien o mal de entrada, una cuestión de piel. Llamemos a eso la primera impresión, que puede a veces venir acompañada por lo que alguien nos haya dicho previamente sobre esa persona.

Sistemáticamente, y a lo largo de los años, me he encontrado con que muchas personas que me dieron una mala primera impresión terminaron siendo grandes amigos míos. Eso no quiere decir que todos mis actuales amigos me hayan caído mal cuando los conocí, pero sí hay algunos que, al hacer memoria, no empezaron con el pie derecho en mi mente –seguramente tampoco yo en la de ellos.

Y eso me recuerda una vez más lo importante que es estar abiertos a cómo es realmente una persona, no dejarnos llevar por los prejuicios ni por las primeras impresiones, y dar las suficientes oportunidades de que nos demuestre su verdadero ser en todo su esplendor.

La primera impresión no es la que cuenta, nunca debería serlo. Seguramente tampoco la segunda o la tercera, aunque muchas personas que nos encontramos en la vida no llegan a esa instancia.

Y ojo que a veces pasa lo contrario. A veces, alguien de quien tuvimos una hermosa primera impresión, termina siendo una desilusión grande. Estos casos son complicados porque (al menos en mi experiencia) cuesta más deshacernos de la imagen agradable o buena que teníamos de alguien, para afrontar que en realidad no es la persona que creíamos que era.

En todo caso, a mi me alegra mucho saber que la primera impresión no me ha impedido conocer a grandes personas.

Despertarte sintiéndote bien [Pequeñas cosas #3]

Luz de la mañana...
Foto de Néstor

Te pasaste todo un día enfermo, como yo ayer. El dolor molesta, la fiebre invade, y lo único que podés hacer es esperar a que tu organismo junte fuerzas para recuperarse.

Finalmente llega la hora de irse a dormir –aunque quizás te pasaste el día entero en cama– y tu último pensamiento es “por favor, necesito sentirme mejor”.

Entonces llega la mañana. Abrís los ojos, das un par de vueltas en la cama, y hay algo diferente. Solo te toma unos segundos darte cuenta: ya estás bien. El sueño, el descanso, los medicamentos o lo que sea han surtido efecto y el nuevo día trae una sensación de bienestar.

Así me desperté yo esta mañana, y aunque ahora, un par de horas después, me sienta un poco molesta de nuevo, nada opaca ese momento en el que respirás tranquila sabiendo que lo peor ya pasó.