Mea culpa

Creo que nada habla peor de una persona que oírla hablar mal de otra a sus espaldas, por eso siempre digo que ante estas situaciones uno debería desconfiar del “mal hablante”.

Estos últimos días me di cuenta que yo misma me dejé influenciar por palabras de otros sobre gente que realmente no conozco. Me siento algo decepcionada de mí misma con respecto a la situación.

A niveles prácticos no es realmente importante, no es un big deal; no se trata de personas que conozca (o me conozcan a mí), y como yo no hablo de la gente, tampoco los afecté.

Pero en el fondo sé que dejé distorsionar mi visión de alguien en base a las palabras de otros (por confianza o cercanía), rompiendo uno de mis “mandamientos personales”.

Así que hoy es día de reboot, de resetear mis prejuicios, de dejar que cada uno se muestre por quien es y luego sacar mis propias conclusiones. Que solo serán mías, sabiéndolas completamente subjetivas.

Paladar Buenos Aires

El sábado pasado la pasé tan pero tan bien (una de esas noches en las que todo apunta a que te sientas feliz) que quería compartir con ustedes mi experiencia en un lugar casi secreto en Buenos Aires.

Todo comenzó (no, ni en la Isla del Sol ni en Hebraica Pilar) en el ascensor de mi trabajo, cuando Carlos me comentó sobre un restaurant de unos amigos suyos, algo diferente, chico, casi íntimo, y que le parecía interesante que vaya a conocerlo. A mí la idea me encantó (siempre me gusta probar cosas diferentes) y es así como terminé con reservas para Paladar Buenos Aires para el sábado a la noche.

Paladar es el proyecto de Ivana y Pablo, una pareja que ha hecho de una casa, una de las mejores experiencias para cenar que tuve en mi vida. Ella es somelier y él es chef, y en su tiempo libre armaron este proyecto que funciona solamente los viernes y sábados por la noche, con reserva previa.

Justo el fin de semana que fui yo era el previo a San Valentín, y estaba todo decorado a la ocasión: luz tenue, velitas, pétalos de rosa en la escalera y en las mesas, y música suave de fondo. Para mí es re importante un lindo ambiente, y éste comenzaba a deleitar mis sentidos de la vista, el tacto y el oído. El gusto y el olfato tuvieron también su premio cuando empezó a llegar la comida.

Leer más

Milanesas [Pequeñas Cosas #2]

Es de mañana y se te está haciendo tarde para salir al trabajo. Entonces te das cuenta que otra vez –sí, otra vez– te olvidaste de prepararte algo para llevarte de almuerzo a la oficina. Y eso significa que vas a desembolsar más plata que te habías prometido ahorrar, y seguramente terminarás comiendo alguna cosa menos que sana que puedas comprar para comer en tu escritorio.

Entonces aparece tu madre y cuando ya estás agarrando las llaves para salir te dice “Ah, anoche hice milanesas y sobraron, podés llevártelas al trabajo”.

Felicidad instantánea.

Pequeñas cosas #1

En el espíritu de 1000 Awesome Things, un blog que conocí gracias a un conmovedor discurso de su autor en TED, decidí comenzar con algo que quería hacer hace mucho: una sección para agradecer y celebrar las pequeñas cosas de la vida que me ponen contenta, reconfortan o son maravillosas.

No serán posts largos ni elaborados, simplemente unas oraciones de las pequeñas grandes cosas de la vida. Y la invitación, como siempre, a que compartan ustedes también si les pasa lo mismo, o si les pasa con otra cosa.

Como la de hoy, la primera “pequeña cosa” que quiero festejar: tener un saquito en la cartera cuando te da frío.

Estaba caminando por el centro y soplaba vientito, de ese que no molesta, pero hace que se te ponga la piel de gallina y desees llegar rápido a la oficina. Y entonces me acordé del saquito en mi cartera. ¡Qué alivio!

Tu propio día de la marmota

Saturday in the Park ... I think it was the Fourth of July

El 1ro 2 de febrero es recordado por unos cuantos como El día de la Marmota, gracias a la clásica película de Bill Murray. (Me confundí de fecha, es mañana, pero lo que escribí vale igual :P)

Para los que no la vieron (anótenla para verla este fin de semana, y después leen el resto de este post), en la película el protagonista se encuentra reviviendo el mismo día una y otra y otra vez.

Cada vez que se despierta es el día de la marmota y debe hacer las mismas cosas, y ver suceder a las mismas cosas. Primero lo aprovecha para su propio beneficio, después cae en la desesperación, hasta que finalmente entiende que al hacer las cosas bien es como puede hacer honor a cada día –y el hechizo se rompe.

Yo creo que con esto en mente, es el momento ideal para que hagamos nuestro propio día de la marmota, el decisivo.

En vez de volver a atravesar la semana haciendo lo mismo de siempre, sin reflexionar demasiado, o pensando solamente en nosotros, aprovechemos para hacer el cambio.

Hoy es el día perfecto para ser la mejor versión de uno mismo (siempre lo es), para empezar a pensar en los que nos rodean, en cómo podemos mejorar el mundo desde nuestro pequeño lugar.

Así que a ponerse las pilas y pensar en qué aspectos de sus vidas pueden empezar a cambiar hoy, para que mañana se despierten libres de sus propios hechizos.