Una nueva aventura: Groupon Scout

Con la emoción de este nuevo desafío, casi me olvido de contarles. Me contactaron de Groupon (el que no sabe lo que es, vive en un termo) para proponerme ser su Groupon Scout: una persona que vaya probando diferentes oportunidades en Buenos Aires y relatando en el blog la experiencia de cada una.

A mí me resulta terriblemente divertido, no solo puedo hacer un montón de cosas diferentes, sino que además me dan un espacio para poder hablarles de cómo me fue, de cosas mucho más cercanas a mi vida cotidiana, y que en Vitamina Ce o Acceso Directo quizás no fuesen los lugares más apropiados.

Como Groupon Scout les voy a contar la posta sobre las ofertas que aproveche: si está bueno o no, si son rápidos, si valió la pena, si es divertido, y todo lo que se me vaya ocurriendo. Quiero ser sus ojos para que, cuando salga otra oferta similar, sepan qué esperar.

Hoy mismo empiezo con mi primera experiencia: las Ondas Rusas. Muchos de los groupones tienen que ver con cosas de estética femenina, así que van a ver mi lado más femenino al descubierto. Pero voy a tratar de hacer cosas bien variadas así les sirve.

Espero publicar en el blog de Groupon una vez por semana, con cosas divertidas. ¡Nos leemos allí también!

Si no tuviese miedo

Blackfield  No sé si a ustedes les pasa, pero desde hace semanas que me siento atada a situaciones que podría estar resolviendo si no tuviese miedo.

Miedo al qué dirán, miedo a que la respuesta no sea la esperada, miedo a lo que se pueda opinar de mí, miedo a perder lo que me costó tanto. Y otros miedos de esa índole.

Es la clase de miedos que una sabe que hay que dejar atrás. Esos que sabés que el día que te los saques de encima va a ser completamente liberador, y que quizás ni siquiera importa si sucede lo peor, porque en realidad, lo peor es vivir con ese fantasma encima, con ese miedo.

El consuelo, quizás, es saber que está en uno mismo superarlo. Es solo cuestión de juntar valor y hacerlo.

Crea tu Diario de Gratitud con Happy Rambles

Un Diario de Gratitud es un concepto muy simple, pero útil y poderoso.

Se trata de escribir, al final de cada día, un par de cosas por las que estemos agradecidos. Todas las noches, sin importar si fue un día bueno o malo, la idea es enfocarnos en aquellos aspectos rescatables por los que estamos agradecidos.

Algunas veces, nuestras entradas serán cosas maravillosas: una nueva relación, un nuevo trabajo, la posibilidad de un viaje o un premio inesperado. Otras veces puede ser algo más pequeño o que solemos dar por sentado, como la comida que tenemos en el plato, los amigos fieles o la cama que nos espera para dormir.

A través de este ejercicio, podemos ir enfocándonos en las cosas buenas de cada día, incluso en los peores momentos, cuando sentimos que no hay nada bueno en nuestras vidas. Hacer esto es poner el foco en lo positivo, obligarnos a cambiar el patrón mental negativo, y aunque sea por un par de minutos cada noche dar gracias por las cosas buenas en nuestra vida, incluso las que damos por sentado todos los días.

Yo practico (o intento) esto desde hace casi dos años. Paradójicamente, empecé en la época en la que menos cosas sentía que tenía por agradecer, y me ayudó mucho para no perder la esperanza. Es una herramienta muy poderosa aunque parezca una tontería.

Para ayudarlos en esta tarea, quiero compartir con ustedes un sitio web con el que me crucé hace poco tiempo y que se convirtió en mi Diario de Gratitud en línea: Happy Rambles.

Happy Rambles es un sitio bien minimalista con un solo propósito: enviarnos un mail cada noche al cual debemos responder con las cosas por las que estamos agradecidos (podemos adjuntar hasta fotos si así lo deseamos, pero no es obligatorio).

Happy Rambles

Esta modalidad de respuesta por mail lo hace muy práctico a mi gusto, ya que lo vamos a tener bien a la vista en nuestra bandeja de entrada, y si, como yo, pueden revisar los mails desde el teléfono, entonces podemos completarlo estemos donde estemos.

Además, después podemos navegar por las fechas pasadas, para ir recordando aquellas cosas por las que agradecimos en su momento.

Los invito a probarlo, denle una oportunidad, para empezar a hacer costumbre el apreciar y agradecer las cosas que tenemos en nuestras vidas. Van a ver que son más de las que creen.

Queridos Padres: es todo culpa de Disney

Queridos padres,

Jasmine estuvo en una relación con un vagabundo pobre llamado Aladdin. Blancanieves vivía sola con 7 hombres. Pinocho era un mentiroso. Robin Hood, un ladrón. Tarzán caminaba sin ropa. Un extraño besó a la Bella Durmiente y después se casaron. Cenicienta mintió y se escapó para irse de fiesta.

Sinceramente, no es nuestra culpa, es como ustedes nos criaron.

Brillante carta anónima que encontré en Gran Angular.

PD: Yo soy fan absoluta de Disney.

Yo y tres más

El sábado pasado fue noche de Yo & Tres Más. No, nada de fiestas locas ni de citas múltiples, sino de una función de stand-up de cuatro comediantes, solos ante el micrófono, cada uno con sus propias obsesiones.

Durante la semana me habían invitado a la obra y como fan del teatro en cualquiera de sus formas que soy, ni siquiera intenté negarme.

La función dura alrededor de una hora, y en ella tres comediantes van relatando anécdotas, situaciones y reflexiones con tono humorístico, presentados antes por el cuatro miembro del equipo, quien no se suma con monólogos pero sí con chistes y algún que otro truco de magia fallido.

El elenco está compuesto por Sebastián Rubio (el mago), Ramiro Atucha (el bueno), Henry Meziat (el divorciado)  y Daniel Gianelli (el pobre). Este último fue el que más risas me sacó. Leer más

Todos somos Susan Boyle

Ayer, mientras volvía a mi casa, me puse a pensar en las cosas en las que soy buena sin que nadie lo sepa. Esas cosas en las que me siento “en mi salsa” pero que no es a lo que me dedico ni lo que “promocione” de mí.

Entonces empecé a jugar un poco. Miraba a la gente en la calle y me imaginaba que cada una de esas personas debería ser excelente en algo. La chica vestida de secretaria quizás es una gran pintora, el chico de la moto quizás haga unos origami deslumbrantes.

Me acordé así de Susan Boyle, aquella inolvidable mujer de 47 años y aspecto absolutamente corriente, que un día se presenta en Britain’s Got Talent y, sin que nos lo esperemos, nos deja a todos con la boca abierta (y a algunas se nos llenan los ojos de lágrimas) cuando empieza a cantar.

Susan Boyle

Creo que todos tenemos algo de Susan Boyle. Algo en lo que brillamos aunque nadie lo sepa. Nuestro pequeño secreto, que a veces puede salir a la luz, y a veces será solo nuestro para disfrutarlo y saborearlo por nuestra cuenta o con las personas que elijamos.

Y creo que algunos aún no han encontrado ese talento, “eso” en lo que puedan brillar naturalmente, pero está ahí, a la espera de ser descubierto. Y encontrarlo es una de las cosas más maravillosas que nos puede pasar.

Nunca dejes de buscarlo.

No soy yo, sos vos

Reading

Si ves un cuadro maravilloso que te fascina ¿tiene alguna importancia si te enteras que la pintora no ha pagado sus impuestos? ¿Dejarías de admirar el cuadro?

Con esa frase Derek Sivers comienza una breve reflexión sobre un tema que a mí me parece bastante importante: la persona (y personalidad) detrás de las cosas que leemos o consumimos de alguna otra forma.

Cuando nos acercamos a una obra de cualquier tipo, o alguna iniciativa, es normal que queramos saber sobre las personas que están detrás de cada una de ellas. El problema es que es muy común que después de eso pasemos a confundir los dos niveles, el de la persona que lo escribió y el del contenido en sí mismo.

Esto da lugar a dos fenómenos que veo con mucha frecuencia:

  • Si nos gusta esa persona, pasamos a idolatrar cualquier cosa que haga, sin reflexionar sobre su calidad. Lo convertirmos en una especie de «ídolo» incuestionado.

  • Si no nos gusta esa persona, pasamos a criticar sus obras o ideas, sin detenernos a evaluar realmente el valor de las mismas, o cuánto podría habernos servido.

Estas dos situaciones constituyen una pérdida (de criterio por un lado, de algo potencialmente valioso por el otro). Así, dejamos que la situación económica, las actividades privadas, el sexo, las costumbres o la orientación política de una persona se vuelva tanto o más importante que lo que esa persona hace o dice. Y al menos que tengas una relación personal con esa persona, creo que no debería ser así, que no contribuye a nada. (Eso sentí en gran parte cuando hicimos la campaña de No al Impuestazo, cuando mucha gente estando de acuerdo con lo que pedíamos, nos descalificó por cuestiones personales de cada uno, algo que no le concernía a nadie más. Vaya uno a saber por qué.)

Lo importante, lo que tenemos que recordar, es que no importa quién es esa persona sino qué podemos sacar de sus escritos. Si nos sirve, si nos ayuda, si nos enriquece, si estamos de acuerdo o si todo lo contrario. Cómo podemos usar eso para que su breve (o prolongado) paso por nuestra vida deje una huella positiva, ya sea porque nos vino bien, o porque estuvimos en desacuerdo y nos llevó a una buena reflexión.

Yo me he encontrado de todo un poco en este aspecto: autores que me caen bien a nivel personal y cuyas obras admiro, algunos a quienes aprecio y considero ejemplos en muchos sentidos pero quizás no en alguna área, y personas que escriben cosas admirables, pero que en lo personal no los querría ni cerca. Y a cada uno me esfuerzo por valorarlo de la mejor manera posible. Cuando el que me cae mal escribe algo, resisto el impulso inicial de descalificarlo hasta no leer todo, hasta saber que si no me gusta, es por la nota, no por él o ella. Y si me pareció bueno, es tragarse el orgullo y reconocerlo. Lo mismo si la obra es de alguien a quien aprecio: aunque mi mente tienda a calificar como «bueno» todo lo que pueda hacer, trato de ser abierta y poder aplicar la crítica.

Lo que importa no es quién soy yo, sino si este post (o cualquier otro) te puede servir, si le podés sacar algo provechoso. No se trata de mí. No soy yo, sos vos el que importa.

Algo que te haga sonreír

Creo que siempre tenemos que tener a mano algo que nos pueda hacer sonreír en cualquier momento. Algo así como un «alegrador de emergencia» para cuando necesitamos un cheer-up express.

En mi caso tengo varias de esas cositas. Algunas son objetos físicos, otros son personas, y otros, recuerdos.

Uno que indefectiblemente puede hacerme sonreír hasta en los días más caóticos es mi sí-Ceci-ya-nos-cansamos-de-que-la-muestres foto con Stan Lee. Simplemente me da una inyección de felicidad pensar la forma en la que el Universo se alineó para que se pueda dar ese momento mágico con el creador de tantos de mis personales favoritos, en un lugar increíble como Las Vegas.

Me and Stan Lee

Esta foto me recuerda que cosas maravillosas pueden suceder cuando menos lo esperamos, y por eso tiene un valor doble para mí.

Y a ustedes, ¿qué los hace sonreír?

Reset

Año nuevo es una cosa especial, por lo menos para mí.

Me sorprende cómo, a pesar de que nada cambia (el 1ro de enero es solo un día después del 31 de diciembre, el clima persiste y hay que seguir trabajando), mi mente automáticamente se «resetea».  Año nuevo implica un nuevo comienzo, aunque nada en el mundo físico lo indique.

Es así como ayer me puse a dar vuelta mi habitación para ordenarla, limpiarla, hacerla «mía» y deshacerme de todo aquello que ya cumplió un ciclo en mi vida.

También me sentí invadida por mucha energía y ganas de llevar adelante un montón de proyectos.

Año nuevo para mi es un reset que funciona de maravilla, aunque nada haya cambiado en el mundo que me rodea.

¿No les pasa?