Obsesiva

Soy obsesiva, lo admito. No patológicamente obsesiva, no terriblemente ni enfermizamente obsesiva, pero obsesiva al fin y al cabo.

Hay cosas que me sacan de quicio y no logro estar en paz mental hasta que no están resueltas.

Una de ellas es no saber dónde están mis cosas. No importa si es una remera que no voy a usar hasta dentro de 3 meses, necesito saber en dónde está, sea en mi armario donde pertenece, o en un bollo con la ropa para lavar, eso no importa, pero necesito saber dónde está. Lo mismo con mi viejo iPod nano que ya nunca uso, mi maquillaje, mis juegos, todo. Necesito saber dónde están mis cosas.

La otra tiene que ver con problemas que no puedo resolver, particularmente asociados a la tecnología. Un driver, un ícono faltante, un mensaje de error que no me impide trabajar pero ¡el horror! Hasta no saber a qué se debe y cómo arreglarlo, mi mente no descansa. Simplemente me obsesiono con poder resolver esas cuestiones.

Hoy puntualmente me aqueja el consumo de datos 3G (bueno, “””””3G”””””) de mi línea de Personal. Es obscenamente alto y no tiene correlato con la realidad de mi consumo. O sea, mandar 3 DMs desde Twitter simplemente no puede gastarme 4MB de datos. No hay forma, es imposible.

Y entonces estoy ahí, rompiéndome la cabeza con si habrá algún proceso de fondo comiéndome datos, si Seesmic quizás consume mucho más de lo que parece, o si es Personal que sigue tratando de cobrarme por datos que no consumo.

Me obsesiona y no puedo concentrarme ni trabajar, necesito poder resolverlo, ponerle luz a este misterio.

Foto: Margaret

Johnny Bravo

El otro día vi esta imagen en Observando y me acordé que me encantaba Johnny Bravo. ¿Será que siempre me gustaron los tipos con ego, y no me había dado cuenta?

Nostalgia cero

Cartuchera

Foto de Sakuraku Kitsa

Hace poco empecé a trabajar en una campaña cuyo eje son los mejores recuerdos de la infancia, lo cual me trae, por supuesto, muchos lindos recuerdos de la mía. Pero también me doy cuenta que esa época, quizás hasta 1er o 2do grado de la primaria, es la única que recuerdo con nostalgia.

Durante la primaria me recuerdo como una niña muy temerosa e insegura. No miedosa de cosas como la oscuridad o los ladrones. Miedosa de estar haciendo algo mal, miedosa de los reproches de las maestras, insegura de mi propio valor.

Ojo, mi infancia fue realmente muy buena, pero cuando pienso en el colegio primario, esa sensación de temor (que atribuyo, para qué ocultarlo, a las monjas del colegio al que iba) me resulta angustiante. La verdad, no siento nada de nostalgia por esos años.

Algo parecido me pasa con el colegio secundario. La adolescencia es una época turbulenta para todos, así que aquí no me voy a creer única ni especial. En mi caso, la mejor forma de describir cómo me sentí durante casi los 5 años del colegio es “inadecuada”.

No era lo suficientemente linda (más bien todo lo contrario), o astuta, o graciosa. Lo único que era (o al menos así me consideraban) era inteligente, pero esa inteligencia no la pude aprovechar para terminar de encajar bien en ningún grupo. De nuevo, pasé buenos momentos, pero el secundario, a diferencia de muchas otras personas, no es algo a lo que quisiera volver.

¿A dónde voy con todo esto? ¿Es un post emo lamentándome por mi pasado?

No, para nada. Muy por el contrario, es una reflexión sobre cómo pocas situaciones de mi pasado me causan nostalgia, y cómo eso quiere decir que cada vez me siento más cómoda donde estoy, con cada paso que doy.

Cada nueva etapa que afronto supera a la anterior, le da un giro de tuerca, me ayuda a resolver algún tema pendiente. Creo que es un gran signo de crecimiento personal, aunque sea en algunos aspectos.

Nostalgia cero por muchísimos años que, a medida que pasa el tiempo, son un capítulo cada vez más chico de mi vida.

Mi presente me gusta, y me quedo con la sensación de que la vida me tiene deparadas aventuras cada vez mejores.

Juguemos a que te creo

Ya es la segunda vez que jugamos este juego. Vos sabés que es un juego, una actuación. Quizás no sepas que yo también lo sé, y que elijo muy conscientemente seguirte la corriente.

Jugamos a que es la oferta de mi vida. A que me bajaste el precio a una fracción, a que solo me podés mantener esta oferta si te lo confirmo ya mismo, a que no le puedo decir a nadie que me hiciste este precio. Yo asiento, te agradezco, te hago sentir una gran vendedora. Hacemos este ritual en el cual las dos salimos contentas.

De alguna forma me voy sintiendo que no me engañaste, que yo sabía que estabas actuando, que estaba todo bajo control. Pero, al fin y al cabo, la que se gastó medio sueldo en lo que le vendías, fui yo.

Sueños, sueños, sueños

Anche casi no dormí. Bah, aparentemente sí dormí, pero lo que no logré fue descansar.

Di muchas vueltas en la cama, me desperté varias veces, dormité un rato largo y, las veces que logré dormirme, tuve sueños que me perturbaban.

Creo que lo más molesto es dormitar, odio cuando me pasa. Estoy tirada en la cama entre dormida y despierta, con una situación a la que le doy vueltas, y vueltas y vueltas. Estoy metida en la situación, no soy consciente de su irrealidad, pero tampoco estoy descansando. Anoche, dormité con que estaba en un micro escolar, y tenía que presentar un trabajo práctico que no había hecho, para una Universidad muy prestigiosa. Había otros detalles que no vienen al caso, pero era molesto. De hecho, me levanté un rato de la cama y tardé en recordar que ya terminé la carrera.

Además tuve muchos sueños, todos relacionados con distintos aspectos de mi vida: laboral, familiar, personal. Y en todos los sueños tenía problemas, o situaciones que me angustiaban.

En muchos de mis sueños no podía hablar. Alguien me quería atacar y no podía gritar. O me llamaban por teléfono y no podía ni siquiera contestar quién era.

Justo el martes les decía a mis alumnos que, para Jung, los sueños son una manifestación del estado actual de la psique. Digamos, una expresión de lo que nos está pasando. Claro que me pasan muchísimas cosas buenas, pero anoche, mi mente me pasó una película de todas las que me preocupan. No espero con ansias una secuela.

Foto: jjambien1

Agotada

Exhausta

Foto de Riot Jane

Estoy cansada. Físicamente cansada. Agotada. Es uno de esos días en los que lloraría simplemente de cansancio aunque no haya nada que me entristezca.

Estoy bien, muy bien, el resto de las cosas en mi vida están en orden pero hoy me agobia el cansancio. Pero también estoy con ganas de escribir, así que si quieren, pueden acompañarme mientras mi cuerpo se va relajando en la silla y me voy olvidando del largo día que tuve (no así de los que me esperan).

Después de algunas semanas bastante tranquilas, nuevamente a las corridas con los horarios. Llegar temprano al trabajo, salir e irme a danzas o a la facultad, hacer las mil cosas que tengo que hacer.

Frustrarme muchísimo por los problemas con Personal (mi operadora de telefonía móvil) que me hace la vida imposible y me dejó sin Internet móvil por motivos que detallaré en otro momento.

Llegar a casa cerca de las 10pm, sin tiempo de casi nada, aunque esa falta de tiempo me obliga a desconectarme (bueno, ahora también el viaje en bondi, ya que no puedo usar el teléfono).

Estoy cansada, agotada, pero no me quejo. Todo lo que hago me gusta. Hoy por ejemplo, disfruté muchísimo dar clases, y me di cuenta cuánto extrañaba a mis alumnos. Uno hasta me sorprendió muchísimo: linuxero y bastante metido en la movida 2.0 aunque estudie psicología.

Ahora a sacarme las medias, el jean, deshacerme de toda la ropa que me tuvo prisionera desde demasiado temprano y meterme en el piyama. Una esperada charla por teléfono es todo lo que separa a este día de su fin. Después de eso, a dormir, que mañana empieza otro largo, largo día, de esos que no se terminan hasta muy tarde.

<

p align=”justify”>Pero calavera no chilla.

Her-nan!!

La otra noche estaba en casa cuando el último comercial de Tarjeta Naranja, Her-nan, me hizo reír como hacía mucho que no me reía con una publicidad. Ni tiempo tuve de ponerme a googlearlo que mi amigo Pablo ya lo había comentado en Unblogged.

La razón es muy obvia: como el lector observador habrá notado, soy muy fan de He-Man y She-ra de cuando era chiquita. En realidad más que nada de She-ra, pero una sabe ajustarse a las circunstancias. Y supongo que el hecho de estar trabajando en una agencia de publicidad (DDB Argentina) también habrá despertado mi amor por los buenos comerciales.

En todo caso, aquí me tienen, repitiendo la melodía en mi cabeza, adaptándola a mis propias letras, o dándome cuenta que voy por la calle diciendo “el shopping center quedará vacío, Her-nán comprará hasta el finaaaaal”. Enjoy: