Está todo bien, nena

Una noche de noviembre, en la esquina que ven en la foto (Honduras y Juan B. Justo), me rompieron el corazón por primera vez en mi vida. Tenía 17 años y, por supuesto, sentía que el mundo se iba a acabar.

Claro que en vez de acabarse, el mundo se hizo inmenso, yo me hice más fuerte, viví cosas mejores, me mandé algunas cagadas, y muchos años (y muchas lágrimas, y muchas risas) después, me encontré caminando nuevamente por allí, de noche –hace algunas semanas con una amiga.

Me imaginaba entonces que las líneas de tiempo se superponen. Me imaginaba que mientras Ceci de 17 años lloraba sentada en el macetero de una estación de servicio, Ceci de 25 la mira desde la esquina de enfrente. Y con una sonrisa cómplice le dice “No te preocupes, nena, está todo bien”.

Se vuelve irrelevante

When you start to know someone, all their physical characteristics start to disappear. You begin to dwell in their energy, recognize the scent of their skin.
You see only the essence of the person, not the shell.
That’s why you can’t fall in love with beauty. You can lust after it, be infatuated by it, want to own it. You can love it with your eyes and your body but not your heart.
And that’s why, when you really connect with a person’s inner self, any physical imperfections disappear, become irrelevant.

Esto trataba de explicarle a mi hermana hace un par de noches, mientras charlábamos de algo que le preocupaba. Ojalá mis palabras hubiesen sido tan precisas como estas.

Me gusta hallar en las palabras de otra persona (Lisa Unger en Beautiful Lies) un reflejo tan fiel de algo en lo que creo desde siempre.

Vía: Imágenes en mi mente

1000 cosas inútiles que un chico debería saber antes de ser grande

Hace un par de semanas (últimamente estoy tan a mil que pierdo la noción del tiempo, pero fue después del día del niño) me llegó un regalo muy especial para mi “niña interior” de parte de la gente de IBM: un libro que se llama “1000 cosas inútiles que un chico debería saber antes de ser grande”.

Esto me “toca” de diversas formas. Primero y principal, es un libro, y los libros son de las cosas que más amo en este mundo.

Segundo, es sobre datos inútiles, y siempre me gustaron esas cosas. Me encantan los pequeños hechos o pedacitos de información que en algún momento nos pueden venir bien para iniciar una conversación, agregar un bocadillo o, en el momento menos pensado, ser verdaderamente útiles.

Y tercero porque creo que me van a servir mucho para una mini-sección que tengo ganas de empezar en Acceso Directo y que ya la nombré TidBits.

Todavía no me puedo poner a leerlo porque estoy completamente sumergida en otro libro sobre el que les quiero hablar apenas lo termine, Las leyes de la Simplicidad, pero está a la espera en mi mesita de luz :)

La mejor versión de uno mismo


Foto de Jason Combs

Hace ya algunas semanas que hay un tema que me viene dando vueltas en la cabeza, y es sobre la mejor versión de uno mismo.

Pensaba –porque a veces pienso– que todas las mañanas antes de salir de casa (o quedarnos, por qué no) tenemos la opción de elegir con qué versión de uno mismo vamos a afrontar el día. Pero claro, que tengamos la opción no significa que siempre elijamos a conciencia. Y pudiendo dar más de nosotros mismos, muchas veces nos limitamos a alguna versión promedio, cuando no mediocre.

Cuando digo la “versión” de uno mismo, me refiero a muchas cosas: la forma en la que nos vestimos, cuánto nos arreglamos, la higiene personal, el estado de ánimo, la buena voluntad, la predisposición para hacer las cosas, etc. Me imagino que tenemos un ecualizador interno en el cual vamos regulando estas y otras variables, y con eso generamos distintas versiones de uno mismo.

Por ejemplo, para ir a una fiesta seguramente elevemos mucho nuestras barras, nos peinemos y vistamos de una forma agradable, nuestro humor sea bueno, y las ganas de pasarla bien y agasajar a quien nos invitó estén bien arriba. Lo mismo si tenemos una reunión importante de trabajo. Pero para sacar a pasear al perro a la noche probablemente dejemos que las barras caigan, no importa si las zapatillas están rotas, y la campera no combina con el jogging (y del peinado ni nos acordamos directamente).

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Malhumor x10

Disclaimer: este post lo estoy escribiendo en el bondi desde el telefono. Sepan disculpar la falta de acentos.

Twitter esta caido. Y eso es un problema porque estoy de mal humor y en vez de tirar algun twitt que no diga demasiado al respecto, tengo la app de WP en mis manos y me voy a descargar en el blog.

Estoy con un humor de perros, llegando tarde a jazz porque la Fail Whale decidio comerse los mensajes que tenia que poner en un reporte, y me quede haciendo F5 un rato largo sin exito, a ultimo momento, y no sirvio de nada.

Estoy de mal humor porque me siento frustrada, muy frustrada, invisible, aferrandome a algo que ame con el alma y que ahora no logro hacer funcionar. Y mi mente ciclotimica se va de un extremo al otro; por momentos pienso en tirar la toalla, en otros encuentro la motivacion y me convenzo de que todo va a estar bien. Lo que peor me pone es creer que empiezo a hacer las cosas mejor y chocarme con una pared. Es una situacion agotadora.

Y en 10 minutos deberia estar en cambiada y calzandome las mediapunta, pero estoy lejos, sigo en el 132 y voy a llegar tarde.

Esto, señores, es un desahogo, un “haganme compañia en el colectivo mientras frunzo el entrecejo y aprieto los dientes”. Se que las cosas importantes estan en orden, y son muchos mas los motivos que tengo para sonreir que para hacer berrinches. Y esas cosas importantes van a hacer que en un par de horas ya ni piense en esto (hasta que me vuelva a sentar frente a la PC mañana, al menos).

Pero ahora, solo por ahora, este post va desde el ego y la frustracion.

Por su atencion, muchas gracias.