Escribiendo sobre la esperanza en momentos de tristeza

Al ojo del lector observador (y bueno, del no muy observador también) no cuesta darse cuenta que estoy atravesando un momento muy difícil de mi vida personal. Habiendo sido una mujer muy positiva y optimista toda mi vida, me encuentro lidiando hace meses con problemas que cada vez se ponen peores, y con la sensación de que lo peor aún no ha sucedido, y que cada día cuesta más seguir adelante.

Lo que seguramente no sepan es que mi trabajo final para tener finalmente la ansiada licenciatura en psicología es sobre las emociones positivas, el optimismo, la esperanza, la felicidad y la psicología positiva en general.

No les puedo empezar a explicar lo difícil que es afrontar este tema en mi estado. Cuando tenés los ojos llenos de lágrimas y sentís una opresión terrible en el pecho, escribir sobre los efectos positivos de la esperanza sobre la salud parece una broma de mal gusto, y sobre el optimismo, se me ocurren muchas cavidades corporales donde podría mandarlo a guardar.

Son muchos los días en los que siento que muero de tristeza, y la esperanza es como una vela que se está consumiendo, y que siento que en cualquier momento se va a apagar.

Pero no voy a cambiar de tema. Voy a hacer mi trabajo sobre estos temas que algún día fueron tan cercanos y hoy me parecen pertenecientes a otra galaxia. Y lo voy a hacer porque creo firmemente en ellos. Creo que como profesional no solo puedo apuntar a curar enfermedades, sino ayudar a tener una vida lo más plena posible.

Y porque, al fin y al cabo, es lo que quiero para mi vida también: una vida plena y con toda la felicidad que pueda tener en ella. Y todavía creo que es posible.

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El amor son los cimientos

Mi mamá me dijo muchas cosas en esta vida, pero pocas me quedaron tan grabadas como la de aquella noche del 30 de agosto de 2004.

“El amor es como los cimientos de una casa. Sin los cimientos, no podés hacer nada. Pero los cimientos solos, tampoco son una casa.”

Al amor hay que ponerle cosas encima, con el amor solo no basta (y el que no lo aprendió a los golpes, no se lo creo).

Pero sin amor… la casa se te va a terminar cayendo.