Dos Lauras

bailarina

Esta semana me encontré con dos Lauras, y las dos me dejaron pensando algunas cosas.

A la primera Laura (que en realidad la vi desde la ventanilla del colectivo) la conocí cuando teníamos alrededor de 16 años en un grupo de amigos fanáticos del animé. Al igual que muchos de nosotros, ella se puso de novia con alguien del grupo, solo que con un detalle: él tenía casi 30 años. Por supuesto, los padres de ella no querían saber nada del asunto, y en el grupo vivíamos un poco el drama (éramos chicos, y nos importaba que ellos estén bien, creo que yo nunca pensé realmente lo que era toda esa diferencia de edad). Sabíamos que no faltaba mucho para que cumpla 18 y pueda irse de su casa.

Finalmente, lo hizo. Éramos tan chicas, y se fue a vivir con él, que tenía casi el doble de su edad, a hacer una vida de adultos cuando todavía estábamos procesando el fin del secundario. Cuando el grupo se disolvió, al poco tiempo, nunca más supe de ella ni de él. Nunca fuimos amigas, realmente, pero su historia me impactaba. Cada tanto la veo desde el colectivo y pienso, ¿qué habré pasado? ¿Seguirán juntos? ¿Se habrán separado? Y sobre todo, ¿habrá valido la pena tanto sacrificio? ¿O el sacrificio estará en mi imaginación y para ella fue lo mejor que le habrá pasado en su vida?

A la otra Laura me la encontré en una esquina cerca de mi casa. Fuimos a la primaria juntas, y hacíamos danzas en el mismo instituto; ella clásico, yo, jazz. Típico “cómo estás, qué hacés de tu vida, yo me estoy por recibir, qué bueno…”. “¿Y vos en qué andás?”. “Yo estoy bailando, en el IUNA”. Me invadió una mezcla de alegría y tristeza al mismo tiempo. Porque amo ser blogger, pero si hay algo en este mundo que me hubiese gustado ser, sin ningún tipo de dudas, es bailarina. Pensaba que esa podría haber sido también mi respuesta si hubiese hecho las cosas de otro modo, si hubiese tenido más en claro mis gustos y mis ideas desde chica.

No me reprocho a mí misma, la carrera de una bailarina está llena de esfuerzos y privaciones (y Dios me dotó de unas curvas muy italianas y un apetito importante por las cosas dulces), y sé que la música y el baile pueden seguir en mi vida aunque no sea como profesión.

Pero no puedo evitar pensarlo. ¿Qué hubiera pasado si…?

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