Diálogos (III)

Ayer, mientras nos preparábamos para rendir un parcial, le dije a Malu, una compañera: “Estuve pensando, y solo tenemos que pasar por esto 11 veces más hasta recibirnos”.

“¡Dejá de hacer esas cuentas, vos, y ponete a estudiar!” me contestó.

Ouch, cuánta verdad.

Inocencia perdida

bala

Cuando era chica, dejé el chupete en el chupetómetro de Carlitos Balá. Se lo lleve, lo dejé ahí y no lo quise nunca más. Era una de las anécdotas de mi infancia que más me gustaban. Solo que ¡¡nunca pasó!!

Anoche en plena cena, mirando el regreso del chupetómetro en Justo a Tiempo, yo comento, como siempre (y como si mi familia no lo supiese) “Ay, yo dejé mi chupete en el chupetómetro”, hasta que mi mamá me dice “No.”

“¿Cómo que no?” le respondí con cara de miedo.

“No”, dijo madre, “Vos estabas mirando la tele y me preguntaste si le podías dar el chupete a Carlitos Balá, yo te dije que sí, y se lo tiraste a la tele. No lo quisiste nunca más”.

¿Cómo me dejaron creer eso durante, qué, 22 años? ¿Cómo no me corrigieron todas las veces que lo conté, convencida de que había pasado?

Fue Papá Noel all over again. Desolada, me quedé mirando el plato de fideos como pidiéndole una explicación. Mientras tanto, mi hermana no dejaba de reírse mientras decía que se quería abrir una cuenta de Twitter para contar solamente eso. Próximamente, @hermana-maldita.

Paradojas

Happiness

Los seres humanos estamos llenos de contradicciones y paradojas. Pero en medio de ellas, está en nosotros ser lo mejor que podamos ser.

  • Las personas suelen ser ilógicas, irracionales y egoístas. Perdonalas.
  • Si sos bueno o generoso, te van a acusar de tener motivos ocultos o egoístas. Hacé el bien y sé generoso de todas formas.
  • Si tenés éxito, se te acercarán falsos amigos y aparecerán verdaderos “enemigos”. Sé exitoso igual.
  • Si sos honesto y sincero, la gente te puede engañar. Pero no dejes de serlo.
  • Lo que te lleva años construir, puede destruirse en un instante. Construye igual.
  • Si encontrás paz y felicidad, algunos pueden envidiarte. Buscalas y sé feliz de todas formas.
  • El bien que hagas, puede pasar desapercibido o ser olvidado. Pero no dejes de hacerlo.
  • Dar lo mejor de vos puede no ser suficiente, pero nunca des menos que eso.
  • Y al fin y al cabo, al único al que le vas a rendir cuentas es a vos mismo, no a “ellos”.

Son unos “mandamientos” modificados y re-modificados que me parecen una buena guía para vivir. No porque “haya que ser buena persona” o un mártir que va por la vida haciendo el bien.

Sino porque, al final del día, es eso (y no el odio, la venganza, el rencor o la vergüenza) lo que hace que la vida valga la pena.

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Mi historia del 11S

Twin-Towers

Hoy en Twitter todos estuvieron contando, en breves 140 caracteres (contando el hashtag #dondeestabas11s) qué estaban haciendo o donde estaban el 11 de septiembre de 2001. Así que les quiero contar yo también.

Acá en Argentina el 11 de septiembre es feriado para los colegios por el día del maestro, y como yo todavía estaba en el secundario, no tuve clases. Sin embargo, me desperté relativamente temprano, tipo 8, creo, por el ruido que venía de la cocina.

Aún medio dormida veía en la tele un edificio que se prendía fuego. Todavía no se sabía bien qué pasó. “Hay un incendio en una de las torres gemelas” dijo mi papá. No teníamos idea de lo que iba a pasar. Mientras mirábamos un poco más qué estaba pasando, de golpe veo, en vivo, cómo el otro avión va y se estrella contra la otra. Fue horrible. Encima en mi (ya tonta) ingenuidad dije “uy, se distrajo con el fuego y se chocó”.

De ahí en más ya sabemos cómo fue la historia. Se empezó  a saber que habían sido atentados, cayó el avión en el pentágono, tiraron abajo el de Pensilvania, ya gente se tiraba de las torres, se derrumbaban, y nosotros en casa todo el día mirando la tele. Yo no dejaba de llorar. Lloraba por la angustia de ver tanta muerte en vivo, y por la certeza que tenía de que, mañana, se largaba la tercera guerra mundial.

Me puse tan mal que a la noche me terminó dando fiebre, me desperté al día siguiente tipo 6 am con 40º de temperatura, delirando con que De la Rúa me había convocado al ejército.

Ese día cambió el mundo. No importa si nos gusta Estados Unidos o no, porque la gente que murió es la que no tenía nada que ver. Y en nombre de ellos se empezó una guerra negra como el petróleo, que más que guerra fue invasión, y que aún hoy nos tiene sumidos en el terror y la paranoia. Sobre el atentado tengo mis opiniones, pero eso sería para otro post.

¿Qué vino primero, el huevo o la gallina? En estos casos no hay respuestas absolutas, y en realidad ya no importan. Tenemos que cambiar como especie humana, o vamos a seguir en este círculo vicioso hasta matarnos todos.

Crónicas de Abril

Advertencia: este post probablemente solo te interese si te dio curiosidad mi pedido de ayuda en Twitter. Si no, podés obviarlo que no se enoja nadie ;)

Se suponía que lo iba a anunciar contenta y con todo listo, pero como es típico, muy típico con todo lo que tiene que ver conmigo y las computadoras, hubo que darle un par de vueltitas.

Llega la compu nueva a casa, y pensé que no venía con ningún SO instalado. Con mi DVD de Windows 7 voy contenta y me encuentro con que no lo puedo instalar porque la partición no es NTFS. “No importa”, pienso. Me fijo que me marca que hay espacio ocupado, así que reinicio sin el DVD y para mi alegría me lleva a Ubuntu.

¡Vamos todavía! ¡Tengo SO! No tan rápido, muchacha. Me pidió username y password (la gente que lo instaló se olvidó del detalle de mandarme la información de login). Intento todas las opciones posibles, pero es imposible entrar a Ubuntu.

Así que como siempre, vamos con la opción cabeza, en vez de matarme tratando de entrar a Ubuntu sin la info de login, descargo Gparted Live CD dispuesta a formatear todo.

Logré bootear desde ahí, y le cambié el formato a la partición. ¡Éxito! Vuelvo a la instalación de Win7 y ahora puedo. Cuando ya esté en territorio conocido, haré un dual boot, pero vamos por pasos.

¿Por qué Abril? Les cuento en un rato :)