Período de exámenes

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Por si no lo mencioné unas 874 veces en Twitter, charlas de MSN, y juntadas en Starbucks: estoy en época de exámenes.

En mi caso, esto se traduce a “no hice una goma en todo el cuatrimestre, tengo parcial en 4 días y una pila de fotocopias para leer tan alta como mi gato”.

Y lo anterior se traduce en que me cuesta bastante actualizar Acceso Directo (¿se acuerdan? ¿mi blog?), procrastino todo el día con trivialidades, me da dolor de panza a la noche, y se me ocurren 30 millones de cosas mejores para hacer que leer las características de las instituciones totales, Tótem y Tabú o el proyecto de vida. Todos temas muy interesantes, seguramente, pero que cuando “hay” que estudiarlos, pierden el atractivo.

Mi vida universitaria (que está atravesando su último año) siempre se dividió en “época de exámenes” y “tiempo para vivir”. Ahora es época de exámenes y seguramente esté así hasta la 3er semana de junio (por cierto, el 8 es mi cumpleaños, les comento). Nunca pude hallar un equilibrio, admiro muchísimo a la gente que sí. Creo que nunca hallé el equilibrio porque, aunque me vuelva loca por un par de días, siempre me termina yendo bien. Muy bien.

Me queda un cuatrimestre para tratar de ser organizada y responsable, solo por el orgullo de decir “sí, aunque sea una vez, llevé todo a tiempo”.

¿Qué dicen? ¿Que en vez de estar haciendo este post podría estar leyendo Castigo? Sí, tienen razón. ¿No les comenté que procrastino mucho?

Y no soy la única, Fran también lo grita: ¡ Estoy de exámenes !

Foto: swallowtail

Diálogos (II)

Yo – Che, cómo se dice "ultimate" en castellano?

Juan – Ultimate

Isa – Jajajajaj

Yo – Daleeeeeeeeeeeeeee. Definitivo. Listo.

Isa – Sep. Es lo mismo (?)

Juan – Si es como que quieras traducir walkman (?)

Yo – No, nada que ver. “The ultimate workstation” no es lo mismo que “La ultimate estación de trabajo”.

Isa – Salvo que lo diga Tevez!

 

Te queremos, apache.

Diálogos (I)

Marina – Y lo más groso es que puedo escuchar las canciones con un shuffle bueno.

Yo, después de pensarlo un rato – ¿Cómo puede haber un shuffle malo?

Marina – Se nota que siempre tuviste iPod…

Compulsión a la repetición

repetición

Si bien estudio psicología, el psicoanálisis no es mi corriente favorita (ni mi área de mayor conocimiento), así que cuando digo “compulsión a la repetición”, lo digo muy ligeramente.

Pero el otro día, leyendo mi viejo diario íntimo, encontré cosas que me dejaron bastante shockeada. Las mismas frustraciones, los mismos problemas, los mismos patrones, una y otra vez, con distintos escenarios y actores.

Noviembre de 2002 fue demasiado parecido a noviembre de 2008. Y en enero de 2006, escribí con la misma sensación de insatisfacción que sentí en diciembre de 2007 y octubre de 2008, sin haberme dado cuenta.

Leerse a uno mismo, como si viajásemos en un DeLorean al pasado, a veces nos trae estas sorpresas que nos dejan con un gusto amargo en la boca.

Pero a veces, en algunas áreas, podemos leer el enorme avance que hicimos, cuánto crecimos, los desafíos que superamos victoriosos. Y eso quiere decir que, aunque nos tropecemos con las mismas piedras un par de veces, igual seguimos avanzando.

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El diario íntimo

diario Me gusta escribir desde que tengo memoria, así que no es extraño que los caminos me hayan llevado a que la escritura sea mi trabajo.

Cuando era más chica odiaba la idea de tener un diario íntimo, entonces me compraba cuadernitos para escribir, y los llamaba “bitácoras” (premonitorio, ¿no?). Empecé cuando tenía 10 u 11 años, y ahí anotaba lo que hacía, pensaba, sentía, o cosas como lo que pasaba en mis shows de TV favoritos. Sentía que si no lo escribía en algún lado, eso se iba a perder para siempre, y no quería eso.

Con el paso de los años, la escritura en mis cuadernos se hizo cada vez más espaciada. El último que usé fue, finalmente, un “diario íntimo”, de esos que vienen con candado, brillantina y perfume (no sé en qué estaba pensando mi abuela cuando me lo regaló). Lo estrené en 2002 y todavía le queda la mitad en blanco.

Con tantos blogs en los que escribo, más Twitter, más mi blog personal (o sea, este) la necesidad de escribir la tengo bastante cubierta. Pero anoche, de golpe, me di cuenta que necesitaba escribir para mí. Poner en palabras cosas que no quiero (o mejor dicho, no da) bloggear o twittear. Y es más, hacerlo con lapicera y papel, y no con dedos y teclado. Así que después de un año y medio, desempolvé el viejo diario íntimo y le di con ganas.

Y me hizo sentir muy bien. Tener un espacio íntimo de verdad, algo que quede entre la lapicera, el cuadernito y yo, es reconfortante. Creo que voy a retomar el hábito.

Además, releer lo que puse en otros momentos de mi vida es divertido y, sobre todo, revelador. Seguramente les hable un poco de eso.

Ya sea que tengan blogs o no, les recomiendo que prueben llevar una bitácora personal offline, privada, aunque solo la escriban cada 6 meses. Y si en algún momento lo hicieron, reléanlas. Es como un portal al pasado.

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